DESDE hace medio siglo, la democracia en España favorece un sistema bipartidista. Los presidentes del Gobierno han sido de UCD y PP (por un lado) y del PSOE (por el otro). En general, se solía respetar que gobernara el más votado. No obstante, a veces era necesario pactar. Gracias a lo cual los partidos bisagras se encontraban con la llave del poder. En Andalucía (en general) y en Sevilla (en particular) el principal partido bisagra fue el PSA-PA. Los andalucistas pactaron con el PSOE y el PP, y tuvieron la Alcaldía en dos ocasiones: con Luis Uruñuela y con Alejandro Rojas-Marcos. También ejerció Izquierda Unida como bisagra del PSOE, cuando los necesitó Alfredo Sánchez Monteseirín.
En la Junta de Andalucía, el PA pactó con Manuel Chaves, y consiguió consejerías gobernando con el PSOE. IU también pactó. Y, cuando llegó al poder Juanma Moreno, en 2018, no lo hizo con una rutilante victoria del PP, sino con solo 26 escaños, en coalición con Ciudadanos, que tenía 21, y con el apoyo externo de Vox, que obtuvo 12. En el Ayuntamiento de Sevilla, tras las elecciones de 2023, el PP necesita los 3 votos de Vox para que José Luis Sanz sea alcalde, tenga presupuestos, etcétera.
Conseguir la mayoría absoluta es muy difícil, en Sevilla, Andalucía y España. Es cierto que los partidos bisagras no han entrado siempre en los Gobiernos. Y que no es lo mismo el resultado del PP en 2018, cuando obtuvo 26 escaños, que en 2026, cuando tiene 53 escaños, y está al filo de la mayoría absoluta. Aunque no llegó a los 58 de 2022.
Al principio, Vox no quería aceptar su papel de bisagra, sino que aspiraba a superar al PP. Probablemente, recordaban el caso de Ciudadanos y que los partidos bisagras casi siempre desaparecieron. Vox, al entrar en los gobiernos regionales, asume un riesgo: el abrazo del oso del PP para liquidarlos a medio plazo. Quizás piensan que de todos modos no los van a sobrepasar, y que más les vale tener pan para hoy que fantasías para mañana.
Pedro Sánchez inventó las líneas rojas de Vox, para que el PP no pueda pactar con nadie, mientras el PSOE pacta con cualquiera. Es un truco tan burdo que ya no cuela. Pero, en Andalucía, parece lógico que el PP gobierne en solitario, con apoyos puntuales de Vox. Como en Sevilla. Las bisagras deben ser proporcionales a la necesidad.
José Joaquín León
