HAY dos formas seguras de perder unas elecciones al Consejo de Hermandades y Cofradías. Una es decir que van a cambiar la carrera oficial. Y otra es decir que van a limitar el número de nazarenos. Si además defienden el Museo de las Cofradías, entonces es mejor que se presenten a las elecciones de la comunidad de vecinos de su casa. Una cosa es lo que se comenta en El Tremendo, Coronado, o en ciertas tertulias (con o sin cámaras) y otra la realidad. Y, además, que esas ocurrencias ya las han tenido otros desde el siglo pasado.
Pero voy a centrarme en la nazarenofobia. La gente que contempla la Semana Santa como un bonito espectáculo (más o menos religioso, según las creencias personales) se queja por el número de nazarenos. No es nuevo. Hace 30 años se publicaba lo mismo en los periódicos. En la última Semana Santa, los delegados de Penitencia del Consejo contaron el número de nazarenos, unos datos que se hicieron públicos. Y se pudo comprobar que el aumento no está ya tan generalizado y que hay indicios de que se estaría frenando en algunos días de la Semana Santa.
Aparte de eso, no se puede olvidar lo principal: la estación de penitencia es una obligación y un derecho para el hermano y la hermana inscritos en una cofradía. Y si el Arzobispado, mediante un baculazo, eliminase esa obligación y ese derecho, estaría tratando la Semana Santa como un espectáculo, no como una expresión de fe. Con las representaciones del Corpus pasa lo mismo. Mira cómo no se limita el número de asistentes a las misas, aunque se llenen los templos. Sólo se aforó en la pandemia.
No obstante, si se reduce el número de nazarenos, ¿cómo se haría? Voy a plantear diversas posibilidades:
-Por edad: En las cofradías de negro ya se hace. Generalizarlo supondría discriminar a los niños, o a los mayores.
-Por sexo: Supondría revocar la igualdad de la mujer que decretó el cardenal Amigo Vallejo. Sería una medida machista, sexista a más no poder.
-Por prioridad nacional sevillana: Se podría decretar que sólo los empadronados en Sevilla capital puedan salir de nazarenos. Es discriminatorio. Y no se ha incluido en el pacto de la Junta.
-Por antigüedad: Frenaría la inscripción de hermanos y la renovación.
-Por sorteo: Se prestaría a sospechas y dudas. ¿Se haría con notario?
La nazarenofobia no parece una forma bonita de evangelizar. Resulta más cristiano tener humildad y paciencia.
José Joaquín León
