A estas horas, Francisco Vélez de Luna y su esposa, Concha, estarán preparándose para viajar a Comillas (Cantabria) y pasar allí sus vacaciones, como todos los años. Pero en 2026 es diferente. El 14 de julio (mientras España se cepillaba a Francia, en la semifinal del Mundial), en la Capilla Real, ante la Virgen de los Reyes, tomaba posesión la nueva Junta del Consejo, presidida por José Roda Peña. Con este relevo se certificaba el final de Paco Vélez en el Consejo, en el que deja una impronta imborrable para la solución de problemas, como el IVA y la reforma de la carrera oficial, la pandemia ruinosa, o el II Congreso Internacional, entre otros.

En Sevilla se dice “el Consejo” y se sabe a lo que nos referimos. Buena prueba de la importancia de las hermandades y cofradías. He pertenecido como delegado de Sacramentales en los últimos cuatro años, y he esperado a salir del Consejo para escribir sobre Paco Vélez, sin que parezca que le estoy haciendo la pelota a mi presidente.

Entre sus antecesores, hubo presidentes con dos estilos: los hombres del Consejo y los hombres de cofradías. José Sánchez Dubé fue un hombre del Consejo, y marcó una autoridad moral, en la que yo veo también a Paco Vélez. Seguidor de ese estilo fue José Carlos Campos Camacho, el delfín de Sánchez Dubé; y se vio asimismo a Manolo Román como hombre del Consejo. Luis Rodríguez-Caso prefirió ser hermano mayor de la Quinta Angustia, después de hacer todo lo que tenía que hacer como presidente del Consejo en cuatro años. Estuvo más tiempo Antonio Ríos, que, por encima de todo, ha sido el hermano mayor y el camarero del Gran Poder. O sea, su hermandad lo primero.

Personas como Paco Vélez son necesarias. Su eficacia se notó en los cargos que desempeñó, todos difíciles, como delegado del Domingo de Ramos y el Miércoles Santo, tesorero y presidente. Llegó cuando el prestigio del Consejo estaba en el suelo. Y se va cuando el prestigio ha subido a la planta alta del edificio. Tiene muchos valores, además de la ayuda de su esposa. Es un señor leal y fiable, y eso le honra. Nadie le puede discutir para lo que sirve el Consejo. Para saberlo, lo primero es leerse los estatutos; y lo segundo es no caer en caprichos ni paridas. Así ha sido Paco, el presidente del Consejo, al que en Sevilla se le ve como una autoridad.

José Joaquín León