SE supone que, en Sevilla, como en el resto de Andalucía y España, existe libertad de religión, protegida por la Constitución. Si lo permiten los planes urbanísticos municipales, se puede abrir una mezquita islámica, un templo budista, un mandir hindú, una iglesia de cualquier confesión cristiana, o lo que sea. En la polémica del Polígono Sur, la cuestión de fondo es: ¿de qué mezquita se trata? En este caso, parece que el dinero viene de Malasia, con apoyo de Catar, el país de los dueños del PSG, y que no la va a financiar el Estado Islámico para ganar yihadistas en el barrio más pobre de Sevilla. Esos detalles influyen, a la hora de darles un permiso, pero también de tener recelos con lo que pueda pasar.

Y después está el lugar, que es conflictivo. El Polígono Sur tiene una mala fama conocida fuera de Sevilla. Impulsada desde Sevilla, todo hay que decirlo. Es un barrio marginado, en el que invierten mucho dinero y muchas energías, que tiene un comisionado, unos proyectos… Y una realidad: por más que se hace, sigue marginado y considerado como un gueto. En lo cual influye mucho su mayor problema, que no son los musulmanes, sino la droga y lo que mueve a su alrededor, con funestas consecuencias.

También llama la atención que los musulmanes se fijen en el Polígono Sur para su mezquita. Allí el principal esfuerzo para redimir al vecindario lo hace la Iglesia Católica. Allí existen parroquias, órdenes religiosas, colegios, hermandades y otras asociaciones. Allí trabajan curas, frailes y seglares para que la vida sea más digna. Allí hay una cofradía propia, la de Bendición y Esperanza, en la parroquia de Jesús Obrero, que es la última incorporada a la nómina de la Semana Santa en el Viernes de Dolores. Hermandades como la Soledad de San Lorenzo, Los Gitanos y otras centran sus esfuerzos asistenciales en el barrio. La Esperanza de Triana organizó una misión extraordinaria en el Polígono Sur, que fue ejemplar y elogiadísima, tanto que la Junta de Gobierno ha perdido las elecciones. Aunque se supone que no fue por eso, pero resulta curioso.

No se trata de organizar fiestas de moros y cristianos en el Polígono Sur. A ver quien lo hace mejor, en ayuda de quienes están sufriendo en el barrio, víctimas de los que han convertido aquello en un feudo para sus negocios de la droga. Yo comprendo que muchos vecinos estén hartos. Es fácil manipularlos para que Vox busque votos prioritarios. Pero no existe un problema religioso, sino social, que las autoridades son incapaces de corregir. La mezquita está sirviendo para dejar las vergüenzas al aire.

José Joaquín León