DEDICAR una calle al maestro sastre Manuel Ibáñez (y a su padre asimismo llamado) es un acto de estricta justicia sevillana. Se supone que las calles se dedican a personas con méritos especiales. En el caso de los sevillanos, se les presupone, además, un especial vínculo y amor a la ciudad a través de sus obras. Todas esas cualidades, y muchas más, adornan la figura de Manuel Ibáñez, que ha vestido a personas relevantes, pero también a muchos sevillanos que se querían maquear para ocasiones especiales, y no es un hombre estirado, sino todo lo contrario. Como hermano del Silencio que es, Ibáñez demuestra con su ejemplo que se puede ser cofrade de negro y serio, pero no triste.
Su tienda de la calle Asunción, en Los Remedios, casi en la esquina de la plaza de Cuba, está ubicada en el mejor sitio posible. Por lo que representa en la parte inicial y definitoria de Los Remedios. Aprendió la sastrería con su padre, Manuel Ibáñez Neri. Tiempos de una escuela sevillana de sastres que se caracterizaban por su elegancia profesional y personal, como Antonio Burgos Carmona, el padre del escritor y periodista Antonio Burgos Belinchón; o como Fernando Rodríguez Ávila, padre del abogado Fernando Rodríguez Galisteo, actualmente concejal de Vox.
Con esa escuela paterna, Manuel Ibáñez es un gran sastre de dinastía, como los toreros, y confirmó su alternativa en Barcelona. También ha estado al frente del vestuario y sastrería del Teatro de la Maestranza. Y ha seguido la costumbre de su padre: todos los años regala el chaqué al pregonero de la Semana Santa. Esa costumbre la ha mantenido para que el pregonero vaya bien vestido, cada cual con su estilo, (más clásico o más modernito), pero pasado por el filtro del maestro Ibáñez. A mí me dio algunos consejos cuando fui pregonero en 2025. El único requisito que pide es que le entreguemos una foto dedicada, vestidos con el chaqué en el pregón. Su galería de pregoneros no la tiene ni el Consejo de Hermandades, es la mejor, una referencia en Sevilla. Sencillo detalle de la foto, que la inmensa mayoría de los pregoneros hemos cumplido, pero alguno no, y le falta en la colección.
El maestro sastre Ibáñez seguirá vistiendo a la Sevilla más clásica, que no es la más rancia. Ha recibido el homenaje con una calle cerca de su sastrería. Un justo premio a su vida y su obra.
José Joaquín León
