HASTA el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha reconocido que el Tranvibús de Sevilla Este y Torreblanca es un parche, y que la verdadera solución es el Metro. Al no estar construida la línea 2 se les ha ocurrido poner ese parche, que no ha salido gratis, sino que ha obligado a unas obras, con su gasto correspondiente y sus molestias inherentes. Y con un resultado final discutible. El Tranvibús tarda menos que los autobuses de antes, pero el tráfico está peor.

El Tranvibús es un quiero y no puedo, que se nota hasta en el nombre. Es como un autobús, pero no es un tranvía. Es un autobús rápido, porque le han dejado un carril en exclusiva en cada sentido, pero luego se encuentra con problemas de semáforos, que lo retardan. Tranvía, como el que no llega casi nunca a la Plaza Nueva, no es, pues carece de vías. Aunque le han construido unas paradas semejantes en su aspecto.

El principal problema que origina el Tranvibús es el de los atascos colaterales. La avenida de Kansas City es una de las más perjudicadas. Al Tranvibús le han reservado un carril en cada sentido, a costa de quitárselos al tráfico habitual, que se queda con dos en cada sentido, mientras el del Tranvibús suele estar sin uso, por su irregular frecuencia. La avenida de Kansas City es la que enlaza la estación de Santa Justa con el aeropuerto. Es la salida natural para la autovía de Sevilla a Madrid, previo paso por Carmona y otros municipios. Es también la ruta hacia Sevilla Este, Parque Alcosa y otros barrios para miles de conductores que no viajan en el Tranvibús, a pesar de que hay un Tranvibús.

A partir del Palacio de los Deportes de San Pablo se amplía a tres carriles, que en el sentido hacia Sevilla funcionan como embudo, y en la salida se complican con otras incorporaciones. Basta con pasar por allí algunas veces, sobre todo en los horarios de mayor tráfico, para entender que el tranvibús solo beneficia a una parte de los sevillanos y perjudica a muchos más. Para llegar al aeropuerto no hay Metro, no hay Cercanías, no hay Tranvía, ni Tranvibús, y, para colmo, entorpecen el tráfico.

El origen del mal está en la carencia de Metro. Cinco líneas es el mínimo que ya necesitaría la ciudad. Eso sí que es una prioridad sevillana. Haría falta una simplificación burocrática para construirlas. Y poner el parné, que es como se terminan antes las obras.

José Joaquín León