AL abordar el problema de la vivienda, que ha desembocado en unas elecciones generales a su medida, deberíamos tener en cuenta las circunstancias. Lo siento, no todo el mundo puede ser como la pareja de Montse Mínguez, que al parecer tiene dos sociedades en Panamá, además de 30 pisos en España. Ella misma, siendo portavoz del PSOE, tiene tres pisitos, según se ha publicado. La gente reticente no entiende la diferencia entre la teoría del marxismo y la realidad del capitalismo. Se puede ser halcón y paloma, o quizás periquito y buitre. Pero yo no me refiero hoy a los grandes tenedores, sino a las segundas residencias, que no es lo mismo.

Los sevillanos y las sevillanas son grandes tenedores de segundas residencias. No quiero decir que esas personas tengan muchas, pues entonces no serían segundas, sino vigésimas o trigésimas, como las de la pareja antes aludida. La segunda residencia es el pisito o apartamento en la costa de Cádiz, Huelva o Málaga. Rota, Chipiona, Sanlúcar, Matalascañas, Mazagón, la Antilla de Lepe, los Boliches de Fuengirola... O, si lo prefieren, las más exclusivas de El Puerto de Santa María o Marbella.

Esos municipios costeros (y otros) están llenos de sevillanos. También son muchos los que compraron o heredaron chalés y casas en el Aljarafe, donde soportan menos calor en verano que en la capital. Incluso era costumbre que los sevillanos que vivían en una casa unifamiliar alternaran los dormitorios entre el piso bajo y el piso alto, según llegara el verano o el invierno.

Eso, aunque seas votante del PSOE o simpatizante del Frente, nunca se ha considerado como síndrome del buitre, sino de prosperidad y ahorro. Muchos sevillanos y sevillanas ahorraban para comprarse una segunda residencia en la costa, en vez de gastarse la paga extra en viajar a Bali, Tailandia, las Maldivas o Cancún. Invertían lo que ahorraban. Y no es lo mismo Chipiona en agosto que Maya Bay. Pero el turismo familiar es así. Y la gente lo disfrutaba. Y llegabas antes a Sanlúcar de Barrameda por la autopista que al Caribe en avión. Aunque ya hay dudas al respecto.

En este país, además de los sin techo y los sin piso, hay una clase media que practicó la cultura del esfuerzo. Esa cultura no se nota solo en el informe Pisa, sino en el modo de prosperar. Por eso, al que se esforzó no se le debe castigar.

José Joaquín León