VIVIR en el centro de Sevilla no está de moda. A nuestras autoridades, empezando por el alcalde, José Luis Sanz, les agradaría una repoblación del centro, o eso dicen. No sería una repoblación como en los tiempos de San Fernando, cuando vinieron los asturianos, los leoneses, o los castellanos viejos desde otras tierras. Se supone que sería una repoblación de los que se han ido a vivir a Dos Hermanas, Alcalá de Guadaíra, el Aljarafe en general, a las periferias, o a los aledaños de la ciudad histórica. También es cierto que algunos de los que se mudaron lo hicieron para mejorar, y están a gusto donde viven, y que no volverían tan sencillamente.
Este es un problema complejo y con una trayectoria. Cuando se habla del centro ¿a qué nos referimos? No es sólo la Plaza Nueva llena de hoteles, o la Campana llena de entidades diversas. Pero tampoco es lo mismo el Callejón del Agua que la Plaza del Pumarejo, ni es lo mismo la Calle Dos de Mayo que Matahacas. Dentro del casco antiguo hay barrios, que no todos son iguales. Aunque es verdad que Sevilla no ha sido una ciudad de guetos para pobres, y que los corrales de vecinos estaban incluso en zonas muy céntricas, pues solían ser antiguas casas señoriales, palacios venidos a menos, edificios degradados con el tiempo.
Ese fue uno de los motivos del éxodo de vecinos. En la posguerra demasiados edificios del centro se degradaron hasta la ruina. Hubo derribos abundantes. En los años 70 del siglo XX fueron construidos los pisos del PRICA (Plan de Reforma Interior del Casco Antiguo) que eran de pastiche y que fueron adquiridos en su mayoría por las clases medias. Con el tiempo, algunos de esos pisos se han reconvertido en turísticos. Y lo que se ha rehabilitado (y se sigue rehabilitando) raramente es para alquilar o vender a nuevos vecinos, sino para hoteles o apartamentos turísticos.
El casco antiguo (que no es sólo el centro de la carrera oficial) tiene problemas adicionales. Dificultad para aparcar, por falta de parkings públicos a precios que no sean de buitres. Dificultad para llegar, porque existe general consenso en que un coche no debería circular por recovecos y calles estrechas, que merecen ser peatonales. Y, para colmo, no hay Metro, el tranvía llega hasta donde puede, los autobuses de Tussam están alejados, sin parar en la Plaza Nueva como en otros tiempos. Y con el tranvibús han eliminado paradas en la Campana, o en la puerta de El Corte Inglés del Duque, donde tienen un parking de laberíntico acceso.
Todo está dispuesto para que los vecinos del centro vivan incómodos. Aun así es una forma de vida, algunos resisten.
José Joaquín León
