EN menos de tres meses, han fallecido dos de los alcaldes que ha tenido Sevilla en la democracia. Con Monteseirín y Uruñuela, y anteriormente con Del Valle, hemos perdido a tres de los que han gobernado la ciudad en los últimos 47 años. Luis Uruñuela llegó a la Alcaldía en 1979. Fue el primer alcalde democrático tras el franquismo. Alfredo Sánchez Monteseirín llegó a la Alcaldía en 1999. Fue el primer alcalde del siglo XXI y permaneció en la Alcaldía durante 12 años, por lo que ostenta el récord municipal. Será muy difícil que alguien lo supere en los próximos años, pues no se atisba a nadie como el malagueño Francisco de la Torre para permanecer más de un cuarto de siglo al frente de la Alcaldía.

Alfredo Sánchez Monteseirín puede que haya sido el alcalde democrático más polémico de la historia de Sevilla. Y no solo por haber ejercido durante más tiempo que los demás, sino porque su gestión no dejó indiferentes a los sevillanos. Algunos de los que lo ensalzan, y le dedican elogios funerarios, lo pusieron a parir en su momento. Las Setas y la Torre Pelli son los iconos de su mandato. Ya forman parte del paisaje de Sevilla, están asumidos. Pero la ruptura del skyline de la ciudad, que causó en su momento, levantó ampollas. Monteseirín me dijo en una entrevista que las Setas contribuirían a revitalizar la zona norte del casco antiguo. Las Setas han revitalizado la plaza de la Encarnación, que ahora está llena de hoteles y bares, además de una acampada de los que protestan por la vivienda. La izquierda es muy fan de las Setas, se suelen manifestar allí. Pero la zona norte del casco antiguo sigue sin ser como la zona sur. También fue muy criticado el tranvía por la Avenida. Y sus carriles para bicicletas, cuando no pasaban por allí los patinetes. Ya nadie los critica, excepto si hay algún atropello.

Cada alcalde deja su impronta. Unos más que otros. Luis Uruñuela, que murió el 31 de julio, inauguró un ciclo municipal. Su partido, entonces PSA, adoptó una decisión arriesgada, al intercambiar con el PSOE la Alcaldía de Sevilla por la de Granada. Al decir de algunos, un error mayúsculo, que dio alas al PSOE, lo encumbró, y evitó que Andalucía dispusiera de un partido propio fuerte, como el PNV en el País Vasco o CiU en Cataluña. Uruñuela fue un buen alcalde, a pesar del bajo presupuesto que tenía; incluso contribuyó al boom de la Semana Santa, al negociar los palcos y las sillas con el Consejo de Hermandades. Tanto Monteseirín como Uruñuela (y los demás alcaldes) están en la historia de Sevilla. Aquí la alternancia en el poder local ha sido mayor que en otras ciudades. Para bien y para mal.

José Joaquín León