DIGNIDAD no es acusar del accidente de tren de Urda (Toledo), con 69 muertos, a un trabajador del centro de control de Atocha apenas dos horas después del siniestro. Dignidad no es filtrar las grabaciones de lo que se habló en el control, para que se vea quien es el culpable antes de la investigación. Dignidad no es tirar la piedra y esconder la mano, negando lo que dijo: que el accidente se debió a un error humano.
Dignidad no es callar lo que después se supo: que antes de las órdenes verbales había ocurrido un triple fallo en el sistema de seguridad. Dignidad no es decir que el sistema LZB ha fallado 170 veces este año y considerarlo normal; es decir, que se mantenía un sistema anticuado y con frecuentes fallos.
Dignidad no es contar que la liberalización de la alta velocidad, con Iryo y Ouigo, ha aumentado los trenes y callarse que el Gobierno incumple los plazos para modernizar la línea de Andalucía, a pesar de los fondos europeos recibidos. Dignidad no es que pidan que el servicio del AVE pase al sector público, cuando Renfe y Adif son compañías públicas, y cuando en Iryo el principal accionista es el Estado italiano y en Ouigo el Estado francés, y cuando han enchufado a amiguetes en Adif y Renfe.
Dignidad no es aprobar a bombo y platillo las indemnizaciones para las víctimas de Urda, mientras las víctimas de Adamuz no han cobrado todas las indemnizaciones aprobadas para un accidente ocurrido hace más de nueve meses. Dignidad no es tasar el precio de los cadáveres en una rueda de prensa.
Dignidad no es decir que el servicio de alta velocidad entre Madrid y Barcelona debería ser suspendido durante 24 meses (dos años) para modernizar esa línea y rectificar cuando el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y los empresarios catalanes protestan, sin que se sepa si esa línea es segura. Dignidad no es sugerir que la línea de AVE entre Madrid y Sevilla se puede abrir pronto, quizás antes de las elecciones del 29 de noviembre, sin haber cambiado el obsoleto sistema de seguridad.
Dignidad no es afirmar por la mañana que seguirá como ministro y anunciar medidas, para decir por la tarde que dimite y que lo tenía previsto desde el primer día. Dignidad no es irse a la fuerza, porque las encuestas, tras el accidente, anuncian que el PSOE perdería más de medio millón de votos y se podría quedar por debajo de 100 escaños, si el jefe mantiene al ministro Puente.
Dignidad no es dimitir mintiendo.
José Joaquín León
