LOS Sanfermines se han convertido en la fiesta española más mediática y más famosa en el mundo. Se le atribuye gran parte del mérito a Ernest Hemingway (que le dio universal fama) y a ese embrujo que los toros despertaban en los extranjeros, antes de que surgieran las teorías animalistas. En los últimos años, esta fiesta ha sido asociada a ciertos abusos machistas, tocamientos de los que antaño se alardeaba, y otros excesos favorecidos por el alcohol consumido. Hasta que llegamos al caso de Los sevillanos de La Manada. Desde entonces se ha establecido una preocupante conexión entre Sevilla y los Sanfermines. Como si Sevilla tuviera la culpa de las condenas a algunos de sus hijos.

ERA la noche de los cuchillos afilados en el PP, donde las primarias sonaban (en otros tiempos) a ocurrencias del PSOE. Pero las primarias ya están imparables, y el que da primero da dos veces, o al menos ha dado antes que los otros. Es lo que ha ocurrido en el Consejo General de Hermandades y Cofradías. Entraron en una reunión para decidir si convocaban elecciones a nuevo presidente y salieron con un candidato ya presentado, en primarias y al vuelo. Francisco Vélez ha demostrado que es inteligente. Se lo esperaban, pero no tan pronto. Y ahora es el favorito. Si se va a presentar es porque piensa que va a ganar.

EL nombramiento de Alfredo Sánchez Monteseirín como nuevo delegado estatal en la Zona Franca ya se ha publicado en el BOE y es oficial. De ese modo vuelve a ocupar un cargo con responsabilidad institucional el que fuera alcalde de Sevilla entre 1999 y 2011. Tiene algo más que un valor simbólico. Ese cargo de la Zona Franca no se reserva al cementerio de elefantes políticos, como las autoridades portuarias. Por el contrario, en otras zonas francas han nombrado a personas que están en edad de merecer cargos mayores,  y que todavía no han desarrollado su carrera política. Así que Monteseirín ha vuelto. No se sabe si para quedarse ahí o para qué, pero ha vuelto.

LA Real Orquesta Sinfónica de Sevilla se ha instalado en la polémica desde sus inicios. Cuando no es por discrepancias entre instituciones es por la gestión o por las penurias económicas. El origen del mal es sencillo de intuir: es una orquesta politizada. La cultura y la política son incompatibles, a pesar de la zeja de Zapatero y los sentidos actos de los premios Goya que han pedido para Sevilla. La cultura y la política son bastante incompatibles, porque una de las misiones de los artistas (y la gente culta, en general) debería ser denunciar los abusos del poder, pero no sólo cuando gobierna el PP, sino siempre. La esencia del artista es la libertad y la independencia, incluso en contra de sus propios intereses.

SER político es una profesión de alto riesgo. Es como saltimbanqui, trapecista o funambulista. Pero lo más grave es que ser político ya no se centra en las ideas, sino que se trata de estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Es como la diferencia entre Koke o Rakitic en la ruleta rusa de los penaltis. Por ejemplo, un pedrista como Celis estaba en el sitio inadecuado, pero le ha sonreído la fortuna. Mientras que María Jesús Montero ahora juega a dos barajas. Pero eso no es nada, comparado con lo que tienen montado en el PP. Los partidarios de Soraya y los de Cospedal supongo que estarán rezando y poniendo velas a San Judas Tadeo y a Santa Rita desde que Rajoy volvió a Santa Pola (Alicante). Y por fin les llega lo peor: susto o muerte.