EL estudio de seroprevalencia que ha encargado el Gobierno es como una encuesta del coronavirus. Esta no la gestiona Tezanos, el del CIS, sino el Instituto Carlos III y el Centro Nacional de Epidemiología. Los resultados confirman lo que se intuía. Y también cuáles son las provincias más y menos afectadas. De ahí se pueden deducir los principales errores cometidos. En esta encuesta, se queda Sevilla como tierra virgen para el coronavirus, ya que sólo aparecen como casos positivos el 2,3% de sus habitantes. Están sin inmunizar el 97,7%. Con estos datos, se puede dar por seguro que habrá otra oleada de coronavirus en otoño-invierno, quizás a la vez que la gripe. Sevilla está muy lejos de lo que se denomina inmunidad de rebaño (me encanta lo de rebaño, que viene como anillo al dedo), así que sálvese quien pueda.
VAMOS a empezar como en el programa del oyente: este artículo se lo dedico al vicepresidente de la Junta, Juan Marín, que es el responsable del turismo en Andalucía, y que es de los pocos ciudadanos que pueden viajar entre Sanlúcar de Barrameda y Sevilla, al ejercer un cargo público esencial. La mayoría de los bares sanluqueños permanecen cerrados, ya que los sevillanos de base no pueden viajar a Sanlúcar. Aunque ambas provincias están en la misma fase 1. Aunque la hostelería y el turismo de la costa de Cádiz tienen dependencia de la circulación entre las limítrofes. Aunque, si fueran vascos, sí que podrían viajar, eso seguro, porque los seis votos del PNV valen su peso en oro. Y porque los 10 votos de Ciudadanos, el partido de Juan Marín, se los han regalado, sin pedir nada para su Sanlúcar querida. Ahí quedó.
SE ve a simple vista: mascarilla rima con Sevilla y con maravilla y con silla. Pero entre quienes se sientan en las sillas de las terrazas de los bares sevillanos apenas se ven mascarillas, lo cual resulta maravilloso. Los ojos de todas las grandes ciudades de España están puestos en lo que suceda aquí. El bar Jota ya es mundialmente famoso. Madrid, Barcelona y Valencia (también Málaga en Andalucía) se han quedado castigadas, en la fase cero, por lo que Sevilla es la gran ciudad desescalada por su excelencia. En los tiempos de Zoido como alcalde, se hablaba más que ahora de Sevilla como gran ciudad. ¡Lo que hubiera disfrutado Juan Ignacio con Sevilla en el podio de de las grandes ciudades desescaladas! Sin embargo, Juan Espadas no ha presumido de ese logro. Ni tiene muchos motivos. Los incumplimientos en Sevilla son flagrantes.
ES significativo que el símbolo de la desescalada en Sevilla sea el Señor del Gran Poder, que ha bajado de su camarín, y que ya nos aguarda en su basílica de la plaza de San Lorenzo con las puertas abiertas. Todavía los devotos no pueden subir a su camarín que es el confesionario del Señor, ni mucho menos besar (o si acaso rozar) el talón que marca la zancada. Algunos dirán: en realidad, al Señor no lo han bajado del todo, no está como lo vemos (y no lo vimos) al empezar la Semana Santa, cuando se queda junto a sus fieles para el besamanos. Pero el Señor ya ha desescalado una parte del camino y está más cerca. Está donde se le espera: entre el cielo y el suelo.
HOY va a entrar Sevilla en la fase 1,5 del plan de desescalada. Oficialmente, es la fase 1, ya lo sé, pero como los científicos misteriosos no saben lo que hacen, le han añadido ventajas de la fase 2. Por ejemplo, viajar a las segundas residencias en la provincia. Eso estaba previsto a partir del 25 de mayo, con la fase 2. Así lo recordaron en la mañana del sábado. Sin embargo, dos horas después, en su arenga semanal, Pedro Sánchez dijo lo contrario: podéis ir a las segundas residencias, siempre que estén en la misma provincia. Y se le olvidó: o en las limítrofes del País Vasco. Porque allá arriba, no sé si para agradecer los votos del PNV de Urkullu, les permiten todo lo que piden, a pesar de que Álava fue uno de los focos principales e iniciales del coronavirus y tienen una tasa de mortalidad más alta que la de Málaga o Granada.