HOY es Miércoles de Ceniza, día de ayuno y abstinencia, que marca el inicio de la Santa Cuaresma. Este año de gracia de 2024, en Sevilla, estará repleto de actos piadosos y populares. A los propios que se celebran todos los años, según establece el calendario litúrgico, se añadirán los extraordinarios, y serán rematados con el II Congreso de Piedad Popular. Es bien conocido que será clausurado el 8-D con una procesión, en la que saldrán el Señor del Gran Poder y el Cachorro, las Esperanzas de la Macarena y Triana, y cuatro patronas marianas de gran devoción en la capital y la provincia: Reyes, Valme, Consolación y Setefilla. En las sesiones, participarán cardenales que son responsables de dicasterios en el Vaticano; pero en Sevilla todo parece poco y la gente pregunta: ¿vendrá el Papa Francisco en diciembre?
ANDALUCÍA, en general, y la provincia de Sevilla, en particular, han tenido (y mantienen) una dependencia notable del campo. Por supuesto, ya no es lo que era en el siglo XIX o a principios del siglo XX. Recordemos que el andalucismo, en sus orígenes, surge para reivindicar mejoras en la vida de unos campesinos hambrientos y analfabetos, en un medio rural marcado por el latifundismo. En los escritos de Blas Infante está presente esa situación. En el himno de Andalucía, que sí tiene letra, se canta: “¡Andaluces, levantaos! ¡Pedid tierra y libertad!”. No se dice que pidan un robot para la inteligencia artificial. Por eso, las reivindicaciones agrarias se deben situar en su contexto, sin descalificar diciendo que son de extrema derecha.
DESPUÉS del cartel, el himno. Yo también voy a escribir mi articulito. La semana pasada se le decía zorra a una señora en la calle Sierpes y te podían condenar por insultos machistas. Sin embargo, desde que el sábado ganó el festival de Benidorm una canción titulada Zorra, ha pasado a ser un elogio feminista. Todo depende del color del cristal con que se mira. Lo ideal es verlo morado o rojo. ¿Rojo, dice usted? Si en vez de cantar un himno, María Bas hubiera pintado un cartel con fondo rojo, a estas horas la estarían poniendo de chupa de dómine. Pero el zorrerío ha sido bien acogido. Más aún después de los entusiastas elogios del presidente Sánchez, el nuevo fan de Nebulossa. No sabemos si el presidente formó parte del voto demoscópico.
TODO el mundo en general tiene derecho a opinar sobre el cartel de la Semana Santa de Sevilla. Aunque no todas las opiniones son iguales. Eso de que “todas las opiniones no son iguales” lo explicó muy bien el filósofo Aurelio Arteta. Pero no se trata de criticar a nadie, al contrario. Incluso Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados, entre debate y debate de la ley de Amnistía, ha opinado sobre el cartel. En la red X (antes Twitter) escribió: “El cartel de la Semana Santa de Sevilla MAL, pero un señor vestido de torero y de betún hasta arriba para reyes (sic) BIEN”.
ADMIRABLE es la polémica que han montado con el cartel de la Semana Santa pintado por Salustiano (que firma así, a secas), y que ya es mundialmente conocido. Yo no sabía que un cartel de la Semana Santa de Sevilla es tan importante. Salustiano pintó obras para el Dalai Lama o Sharon Stone, pero nadie lo conocía cuando paseaba por la calle Sierpes. Sin embargo, ha pintado un cartel para la Semana Santa y apareció en todos los telediarios nacionales. Mejor publicidad no puede tener, porque la carcundia ha salido a bloque. Ya lo dijo otro pintor, Salvador Dalí, “que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí”. Dalí pintó a su Gala como Madonna de Port Lligat y le regaló una copia a Pío XII en mano. Pero parece que la obra no es de Salustiano, que la pintó, sino del Consejo de Hermandades, que lo nombró.