SEVILLA fue la clave para la renovación del PSOE. En Suresnes 74 empezó todo, cuando el compañero Isidoro salió a hombros como el mesías del futuro. Entonces se dijo lo mismo que dicen ahora los sanchistas: que los viejos estaban chocheando. Los jovencitos renovadores se quedaron con las siglas del partido y los viejos se conformaron con reagruparse en lo que se denominó el PSOE Histórico. Con el tiempo, los históricos se fueron jubilando, y se sentaron alrededor de la mesa camilla a contar sus batallitas, que se remontaban a la Guerra Civil, donde tuvieron poca participación. Volvieron del exilio para nada.
GRACIAS a que la Feria empezó y terminó en abril, el mes de mayo puede lucir este año su peculiar identidad. Mayo es el mes donde se cruzan los caminos del año. En mayo mueren los últimos fríos del invierno y aparecen los primeros calores tórridos del verano. Mayo es la consagración de la primavera, y en Sevilla avanza como una esperanza efímera, que se dibuja en los atardeceres y se desvanece en las madrugadas. Mayo es un mes donde las tradiciones sevillanas se dan la mano y se cruzan en los caminos eternos de la ciudad, momentos idílicos que se rescatan de los sueños. Aunque, para eso, mayo se debe parecer a mayo.
DESPUÉS del numerito sandunguero de Pedro Sánchez, ya nadie habla de la Feria. ¿El paripé del presidente ha sido una cortina de humo? Pues no. Todo forma parte de las dos Españas. En los cinco días de reflexión, se criticó a José Luis Sanz por convocar un referéndum. Ya que el resultado final no fue el esperado. Se suponía que ganaría la Feria de los seis días por goleada. Téngase en cuenta que cinco días son suficientes para que un presidente piense si dimite o se quiere quedar más de tres años para salir del fango. En consecuencia, seis días son suficientes para no enfangar el albero. Pero el alcalde se empeñó en la consulta. Y los referéndums traen mal fario.
EL franquismo no ha vuelto, pero sí su modus operandi. Algunos oráculos de la fachosfera lo habían alertado. Durante las noches de reflexión, permanecía encendida la lucecita del palacio de la Moncloa hasta altas horas, y tenía un sospechoso parecido con la lucecita del palacio del Pardo. Son las horas de los fantasmas. Desde el lunes, tenemos un nuevo caudillo, que va por ahí gritando: “Españoles y españolas, la regeneración ha comenzado”. En este país se suele buscar un enemigo para regenerarlo o purgarlo, para eliminarlo, porque este país se divide en los buenos y los malos desde el siglo XIX. Y así justifican las barbaridades. Lo peligroso no es la farsa del Gran Actor, sino las amenazas.
AL ministro de Transportes, Óscar Puente, lo tienen ya en el punto de mira la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla. Es un ministro peculiar, con una parte buena y otra mala. La buena es que suele decir lo que piensa y miente menos que otros compañeros de Gobierno. La mala es que se comporta con una chulería y grosería impropias de un alto cargo institucional. Es un señor de Valladolid que saltó a la fama como dóberman de Pedro Sánchez en el debate de la fallida investidura de Feijóo. Desde entonces, el presidente lo utiliza para que diga lo que otros socialistas callan. Y, como no tiene remilgos, y le importa un pito pito gorgorito lo que piensen los demás, va soltando lo de trazo grueso. Así ha dicho que el AVE a Huelva, como el de Cádiz, no se hace porque no sería rentable. Y no lo dice por ocurrencia, sino porque las inversiones en AVE van a disminuir.