EL progresismo, esa nueva ideología que ha abrazado el Gobierno coaligado, es lo mismo que sus detractores llamaban socialcomunismo. En 1936, los socialistas y los comunistas de diversos troncos y ramas formaron el Frente Popular, que hoy sería el Frente Populista. Pero lo curioso de la evolución histórica es que han pasado de ser los rojos a ser los verdes, debido a sus preocupaciones científico-ecológicas. En Europa se denominan así, Los Verdes, y están en auge, e incluso gobiernan en algunos territorios. Es verdad que los verdes europeos no son como los nuestros, sino un poco diferentes. Por otra parte, en España, el color verde tiene un problema: se lo ha apropiado Vox. El azul cielito lindo ya estaba ocupado por el PP. A los de Vox les han entrado los complejines y se han portado como una derechita cobarde, por no utilizar el azul marino, que hubiera sido lo suyo.

EN Sevilla hay menos sevillanos, porque cada año nacen menos criaturas, pero falta de todo. Faltan habitantes para llegar a los 700.000, ese sueño de Juan Espadas y los alcaldes anteriores. Faltan sillas y palcos en la carrera oficial para atender la demanda, a pesar del IVA. Faltan casetas de Feria para atender las peticiones de los particulares y las entidades. Faltan tres líneas de Metro que habían prometido en la década pasada. Faltan plazas de aparcamientos para el Lagoh. Faltan los túneles de la SE-40 y la conexión ferroviaria de Santa Justa con San Pablo. Faltan las cubiertas de la Copa Davis en cuanto alguien se despista... Y faltan 80 días para el Domingo de Ramos. Con todo ello, se aprecia que Sevilla es una ciudad que vive a medias,y siempre necesita más, como si la afectara una permanente insatisfacción.

EN estos días se habla y escribe mucho del ninguneo a Andalucía. Las concesiones que el PSOE de Pedro Sánchez y Unidas Podemos de Pablo Iglesias van a hacer a los independentistas de Cataluña y el País Vasco pueden romper el modelo del Estado de las autonomías. Puestos a cargarse el sistema territorial, consagrado por la Constitución, incluso están alentando reinitos de taifas, como la intentona de León por constituir otra comunidad. En las decisiones de Pedro Sánchez influye mucho Miquel Iceta, que está deseando montar otro tripartito en Cataluña con el PSC, los podemitas de Ada Colau y la ERC de Junqueras. Aprovechando la debilidad (y los acuerdos de Sánchez con el PNV y Bildu), en el País Vasco ya están hablando de mejorar su estatus. En la práctica, eso supondría cargarse el modelo territorial andaluz del 28-F.

NI el presidente Sánchez, ni las vicepresidentas Calvo, Calviño y Ribera ni el vicepresidente Iglesias, ni las ministras y ministros (que son 18 señoras y señores) juraron sus cargos. Todos prometieron, y con lealtad al Rey, incluso Alberto Garzón, que debía ser el más republicano. Pues bien, a pesar de su laicismo, la influencia religiosa se nota. Han recordado la costumbre de tener 100 días de gracia. Esto, a su manera laica, es parecido a los años jubilares, que conceden gracias. De algún modo, se trata de que Pedro y los 22 que tienen carteras en el Gobierno, reciban indulgencia plenaria durante tres meses y 10 días. Es decir, incluyendo la Cuaresma y hasta después de Semana Santa. Pero eso es poco comparado con lo que tiene Juanma Moreno en la Junta: un Año de Gracia.

EN Sevilla, por causas desconocidas, se está creando una alergia a los museos.  Hay una apatía, que pronto se podría convertir en una antipatía. Una de las noticias de los últimos días es el cierre del Museo Arqueológico, que no se podrá visitar en los próximos tres años, mientras ejecutan las obras de mejora por las que el PP y el PSOE estaban discutiendo. El Ministerio de Cultura, cuyo titular era (y ya no es) José Guirao, hombre de inquietudes museísticas, gastará 20,7 millones de euros en estas obras tan demoradas, lo que supone una minucia, si se compara con las infraestructuras pendientes. Pero la cuestión de fondo es: ¿y el Arqueológico a quién le importa?