HA causado sensación el éxito del mitin de Vox en Dos Hermanas. Territorio del PSOE, donde Francisco Toscano arrasa, siempre que hay elecciones municipales. Cercano también a Bellavista, donde comenzó todo con Felipe González. El Auditorio Los del Río no es como el Velódromo, pero han juntado a 4.000 personas en estos tiempos, que no son como los de Zapatero. Y es más difícil llenar 30 autobuses que dos taxis. Un día después del debate, llegó Abascal. A muchos les ha sorprendido que los votantes de Vox, incluso los asistentes al mitin, no tienen rabos ni cuernos, como tampoco tenían los comunistas que llegaron del exilio. En este país, a los otros siempre los ven raritos. Santi Abascal vive días de gloria, gracias a Pedro Sánchez.

EL debate electoral se ha acogido con un entusiasmo inusitado. Sólo se habla de eso y del Betis-Sevilla a la hora del recuento. Todos creen que ha ganado su candidato, incluso Albert Rivera, al que sólo le faltó enseñar el zapato de la Cenicienta. Esta es una campaña de una semana con un debate, lo que supone un respiro. Era la primera vez que debatían cinco, desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Esa delantera a lo stuka, formada por Abascal, Casado, Rivera, Sánchez e Iglesias, ha sido otra novedad. Antes, en los buenos tiempos del bipartidismo, sólo había un cara a cara.

LA buena gente pregunta: ¿cómo es posible que se le haya escapado a Sevilla lo del Cambio Climático? ¿Acaso Juan Espadas no le hubiera pagado el viaje a Greta? Vamos a consolarnos. Hoy, en plena campaña electoral, arranca en Sevilla el XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española. En plena fiebre de eventos le ha llegado el turno a la lengua (a la española, por supuesto), en un momento sensible. Cada vez que hablamos de un evento, la gente pregunta: ¿quién viene? En este caso de la Lengua Española no es como en los premios MTV. Se ha destacado que las principales figuras que acuden son Mario Vargas Llosa y Arturo Pérez-Reverte. Pero estos dos ilustres escritores son conocidos en esta plaza. Con inferiores méritos a los suyos, algunos han sido nombrados hijos adoptivos. A Vargas Llosa o a Pérez-Reverte te los puedes encontrar por el hotel Colón, por la Magdalena, por el Arenal, y a nadie le extraña. No es como lo de encontrarse a un ornitorrinco en la Campana.

DECÍAMOS ayer… Es una célebre cita que se suele atribuir a fray Luis de León, en su retorno a la Universidad de Salamanca, aunque no está claro que lo dijera. Menos claro está desde que Pedro Sánchez, en su libro Manuel de resistencia, confundió a fray Luis de León con San Juan de la Cruz, a quien se lo endosó. Lo podría haber plagiado directamente, sin citar a nadie, y no hubiera metido la pata, digo la pluma. Confundir a fray Juan de la Cruz con fray Luis de León es casi más grave que lo de su tesis, aunque a él todos los frailes le parecerán iguales, con tal de que no sean priores de los benedictinos del Valle de los Caídos. Decíamos ayer (no cuando Pedro volvió a Ferraz por todo lo alto, sino en el artículo) que hasta el jueves se celebra en Sevilla el congreso de las Academias de la Lengua Española, pero que a Juan Espadas se le ha escapado la Cumbre del Cambio Climático. Por culpa de Pedro Sánchez, que se la ha regalado a Madrid, a pesar de que allí gobiernan PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox. Sí, a la andaluza.

LA alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que es podemita, ha inventado un peaje para los coches que accedan al centro de su ciudad. Empezaría a partir del 1 de enero de 2020. Los vehículos sin la etiqueta de la DGT tendrían que pagar dos euros por circular los días laborables en la zona de las Rondas de Barcelona. Cuando una alcaldesa podemita inventa un peaje a todo el mundo le parece estupendo. No es como el de la autopista de Sevilla a Cádiz, que lo inventó Franco, medio siglo antes del traslado en helicóptero. En general, los peajes y las tasas turísticas no sabemos si son de izquierdas o de derechas. Depende del color de quien lo imponga. Es obvio que esta idea progresista podría ser copiada en Sevilla por Juan Espadas, como la tasa hotelera. En Barcelona era un clamor popular. No sabían qué hacer para echar a los turistas, pero no lo consiguen ni con barricadas.