EN la plaza de San Antonio, frente a la sede provincial del PSOE, veo un puesto de castañas, que echa humo. Tardes lánguidas de final de octubre, cuando ya se han evaporado las primeras lluvias, cuando se apagan los últimos reflejos del verano y la oscuridad vespertina asume el cambio de la hora. Hemos pasado del Festival Iberoamericano de Teatro a los disfraces de Halloween. Hoy se celebran los Tosantos en la Plaza y el mercado Virgen del Rosario. Hay huesos de santos, buñuelos y panellets en las pastelerías. Y el humo de esas castañas nos anuncia el frío que aún se esconde. No hay colas delante del puestecillo, que pregona su antigüedad.

LA calle es suya, de la buena gente de Podemos, y eso no hay quien se lo discuta. Ayer, en la investidura de Mariano Rajoy, ¿quiénes tomaron la calle, en los alrededores del Congreso? Los de Podemos. En junio de 2015, cuando José María González Santos, entonces conocido como Kichi, fue elegido alcalde de Cádiz, sin haber ganado las elecciones, ¿quiénes tomaron la calle, en la plaza de San Juan de Dios? Los de Podemos. Son ellos los que salen a las calles, que es su territorio. Porque allí no se vota, sino que se grita. Y se ejerce un derecho, por supuesto, aunque decían que se había prohibido con la Ley Mordaza.

SIGO con el cambio de la hora, que es el único cambio a la vista. Porque el cambio de Gobierno se hará para que cambie lo imprescindible. Y el alcalde del cambio no cambia nada interesante. Eso sí, crea mesas como si fuera carpintero. Por eso, le ofrezco una propuesta de participación ciudadana. Algunos dicen que deberíamos adaptarnos al meridiano de Greenwich para regular mejor nuestros horarios. Pero sepan ustedes, si no lo sabían, que Cádiz tiene su meridiano propio.

EN este país no nos ponemos de acuerdo para nada, excepto para cargarnos la reválida de la Lomce. Salieron los chavales a la calle a manifestarse con Teresa Rodríguez la de Podemos; y, al día siguiente, tras pedírselo el portavoz del PSOE, Antonio Hernando, el candidato virtualmente investido, Mariano Rajoy, le ofreció la reválida difunta en bandeja. Por otra parte, ya se sabía, puesto que lo había pactado con Ciudadanos. ¿Hay buen rollito o no? Nunca se vio cosa igual.

CADA uno puede celebrar lo que quiera, pero las fiestas de los Tosantos y los Fieles Difuntos se han desvirtuado. Ahora todo es como un Carnaval en noviembre. El Halloween, aunque se haya generalizado, es una costumbre espantosa, que no tiene nada que ver con nuestras celebraciones. Y lo que ha propuesto como alternativa el Obispado, con el Holywins, es una cursilería, con los niñitos y las niñitas disfrazados de santitos y santitas, y de angelitos y angelitas. ¿Dónde se quedó la liturgia? Eso es como anticipar los belenes vivientes de Navidad.