TODAVÍA no hemos celebrado los Tosantos pandémicos de este año cuando ya puede verse una parte del montaje de la iluminación navideña en Cádiz. ¿Va a resultar que el enemigo de los Tosantos gaditas no es el Halloween yanqui, sino la Navidad kichiana? No, no todavía. Lo desmiento: Kichi y los suyos no van a celebrar la Navidad antes que los Tosantos, ni están preparando unas fiestas típicas navideñas fuera de temporada. Tampoco es cierto que vayan a montar los Juanillos antes del domingo de Piñata estival. Cuando publiqué el artículo El calendario kichiano (ver Diario de Cádiz, 29 de septiembre de 2021), algunos pensaron que era una exageración. Pero al ver los adornos de Navidad en el mes de octubre, mientras hay gente bañándose en las playas (son los Jartibles del Verano) se ponían los vellitos de punta.

EN los últimos años se ha puesto de moda construir piscinas en las azoteas de los edificios. Esta es una costumbre propia de madrileños y sevillanos, ya que en sus ciudades no hay mar. En Cádiz, como sí lo hay, a los gaditanos jamás se les ocurrió construir piscinas en las azoteas, que era una pamplina. ¿Para qué quieres una piscina en la azotea, si te puedes bañar en la Caleta, en Santa María del Mar, en La Victoria o en Cortadura? Los gaditanos no son marineros de agua dulce. Así en Cádiz, cuando había paladar, en las azoteas construían torres-miradores, para otear el horizonte marítimo; y lavaderos, que servían para lavar cuando no había lavadoras, además de que allí ensayaban las chirigotas cuando las Fiestas Típicas de José León de Carranza. Algunos lavaderos se reconvirtieron en áticos para pobres, o en el cuarto de la criada en las casas de señoritos y señoritas.

EN los últimos días hemos leído diversas declaraciones y artículos en relación con el presunto traslado del Tribunal Constitucional desde Madrid a Cádiz. En este Diario, apuntaba José Ramón del Río que la propuesta no se debería convertir en una ocurrencia gaditana más. Hay motivos para suponer que podría ser así. No obstante, la opción de que Cádiz sea la sede del Tribunal Constitucional, teniendo en cuenta su acrisolada vinculación histórica al constitucionalismo español, es menos extravagante de lo que puede parecer a priori. Y no por lo que digan en Cádiz, donde ya sabemos que la ocurrencia se propone a diario, sino porque hay razones objetivas. Y porque en Madrid le han prestado cierta atención.

LA buena gente mayor, de costumbres carrozas, camp, rancias, casposas, o como les llamen, habrá oído esa canción tan carca de Mirando al mar. Pero la versión gaditana de mirando al mar no es la de Jorge Sepúlveda, que evoca los tiempos del blanco y negro en el Cine Gades, sino que en Cádiz siempre se ha mirado al mar, aunque sea de reojo. Uno de los tópicos locales asegura que Cádiz sólo ha sido rica “cuando mira al mar”. Se fundamenta en los miradores, con los galeones y demás barcos que iban y venían para hacer las Américas, y no sólo para matar indios (más han matado en las películas de los cowboys y los pieles rojas), sino para comerciar. Pero eso nos llevaría por otros derroteros de la anti hispanidad, falsificada y manipulada, que fue contemporánea del mayor esplendor de Cádiz, por cierto. Aquí el mar nos sigue dando sorpresas. La última vez por la Sail GP de los barcos voladores en el puente del Rosario y el Pilar. No obstante, al mar se mira todos los días. Es uno de los alicientes del turismo, el maná de ahora.

SUPONGO que el buque BAM-IS que le han concedido al astillero de Navantia de Puerto Real, y que generará más de mil empleos durante tres años y medio, será construido por trabajadores netamente gaditanos. Lo digo porque el presidente de Navantia, Ricardo Domínguez, estuvo la semana pasada de visita, y recordó que para las reparaciones de cruceros en los astilleros de Puerto Real y Cádiz (ciudad a la que se considera la capital del paro español) ha sido necesario contratar a trabajadores extranjeros, porque aquí no había capacidad para asumirlo. El dato de los mil extranjeros para reparar cruceros chirría, porque hay algo que no se entiende bien. No parece normal que por un lado se reclame más trabajo y por otro lado resulte que falta personal para el trabajo existente, que según se suponía era poco, discontinuo y malo.