EL pasado lunes, en una de sus memorables intervenciones, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, dijo que ahora las residencias de mayores y los hogares son focos “importantes” de contagios. ¿Los hogares? ¿En tu casa o en la mía te la pega el coronavirus? Respondía a una pregunta sobre la aparición diaria de nuevos contagios, a pesar del encierro. Si la gente no sale, si ya ha pasado el periodo de incubación desde que empezamos a estar confinados, lo normal sería que sólo surgieran casos por contagios en los hospitales o en lugares de riesgo, como las citadas residencias de mayores, los supermercados, las comisarías, los cuarteles del Ejército y la Guardia Civil, etcétera.
EN esta pandemia del coronavirus, los hospitales sevillanos se encuentran entre los que mejor funcionan de España. Es un detalle a tener muy en cuenta. Eso no significa que sea un oasis maravilloso, ni que todo resulte perfecto. Han pasado muchas dificultades por la falta de medios y de material de protección, y por la presión que han sufrido en algunos momentos. El trabajo de los médicos, enfermeros y demás personal sanitario ha sido ejemplar. También han recogido los frutos de los trabajos anteriores y de la mayor previsión de la Junta de Andalucía, si se compara con otras comunidades. Con el plan 9.000 y el plan 15.000, han ido por delante, a diferencia de otros que iban (y van) por detrás.
EN esta crisis del coronavirus se sigue gestionando tarde y mal, diga lo que diga Pedro Sánchez para intentar blanquear los errores de su Gobierno. Uno de los fallos que siguen cometiendo es tratar a todas las comunidades autónomas por igual. Lo siento por los centralistas, pero en esta crisis se ha demostrado que el Estado de las Autonomías es mejor (o menos malo) que la España unitaria. Los problemas de Andalucía se gestionan mejor desde aquí que desde Madrid. Y, cuando han unificado el mando, ha sido peor, porque han extendido los errores por toda España. La cosa ha llegado a un punto en que Quim Torra tiene razón en algunas de sus críticas al Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
LA Semana Santa ha terminado. Ayer tampoco se celebró la corrida del Domingo de Resurrección en la plaza de la Real Maestranza, donde estaban anunciados Morante, Talavante y Roca Rey. Ahora los ojos se vuelven hacia la Feria. Aunque en Sevilla vemos que no se trata con igual medida a la Semana Santa que a la Feria. La organización de consumidores Facua (en la que hay significados militantes de Unidas Podemos) pidió al Consejo de Hermandades y Cofradías que devuelva el dinero de las sillas y palcos, y al Ayuntamiento que devuelva el dinero de las tasas de las casetas. Por supuesto, ambas peticiones no han tenido el mismo eco mediático, ni la misma respuesta. Recordaba Juan Carlos Cabrera, delegado de Fiestas Mayores, que la Feria no se suspende, sino que se aplaza al otoño. Pero eso habría que matizarlo.
HOY es Viernes Santo, el día en que se conmemora la muerte de Cristo en la cruz. Se entienden mejor las terribles consecuencias del coronavirus. Hasta ayer han fallecido 15.238 personas en España, 652 en Andalucía y 141 en Sevilla. Entre esa larga lista de víctimas parece que faltan muchos más, que han muerto en residencias de mayores, sin que se haya podido acreditar que la causa fue el coronavirus, por la falta de test. La mayor vulnerabilidad está castigando a los más débiles, a esas personas a las que se llamaba ancianos o incluso viejos (en Sevilla hay una céntrica calle Viejos, un nombre que proviene del antiguo hospital); es decir, los mayores de 85 años, que están cayendo por decenas en muchas residencias.