NUESTRO alcalde, Juan Espadas, es un gran defensor de los tranvías. Incluso lo quiere ampliar hasta Santa Justa, a pesar de que no haría falta si ejecutan las tres líneas del Metro. Y considerando que desde la estación de San Bernardo a la de Santa Justa se puede ir en tren de Cercanías, sin contar los autobuses. Un tranvía que pare en el Nervión Plaza también es redundante, porque cercana está una de las pocas estaciones de Metro actualmente existentes en la línea única. El recorrido de ese tranvía atravesaría una de las zonas mejor comunicadas (o menos mal comunicadas) de Sevilla. Mientras hay otras que dan pena.
EL caso de la listeriosis es escandaloso, por el despiste de los responsables del control de alimentos, pero sobre todo por el origen del mal. Quizás pecaron de exceso de confianza. Nadie imaginaba que la falta de higiene y las malas prácticas presuntamente cometidas por una empresa sevillana, Magrudis, pudiera llegar a esos extremos. Las consecuencias para la salud pública han sido graves, con muertes y abortos. Una consecuencia indirecta, como comentó Carlos Colón, es que ha servido para poner los abortos en otra consideración. Algunos medios progresistas llamaron bebés a las criaturas nonatas perdidas. Pero, tras los errores iniciales, que fueron mayúsculos, la rectificación ha sido acertada. En ello ha influido que nombraran portavoz de la crisis de la listeriosis a un médico experto, el doctor José Miguel Cisneros.
YA falta menos para que inauguren el centro comercial Lagoh. Viendo la febril actividad laboral en la zona de Palmas Altas se demuestra que unas obras promovidas por una empresa privada, como es Lar España, siempre tardan menos que las de concurso público. Juan Marín ha prometido la Ciudad de la Justicia en Palmas Altas para 2024. Resuenan con alegría los cánticos de sirena y la pintoresca polémica sobre el transporte público en esa nueva barriada. El alcalde, Juan Espadas, pidió una estación de tren de Cercanías, mientras se habla de prolongar la línea 3 del Metro desde Los Bermejales a Palmas Altas. Es pintoresco porque en otros países la llegada del Metro a los centros comerciales se organiza de diferente modo. O sea, al revés.
UN cardenal sevillano es un caso muy raro. No tanto como encontrarse con un ornitorrinco por la calle Sierpes, pero casi. Por eso, el nombramiento de Miguel Ángel Ayuso Guixot como nuevo cardenal ha provocado unas reacciones casi desconcertantes. Sobre todo porque es un cardenal nacido en Sevilla, cuya labor pastoral ha transcurrido lejos. No ha sido párroco de la Magdalena, ni canónigo de la Catedral, ni nada de lo que estamos acostumbrados. Ni mucho menos arzobispo de Sevilla, ni siquiera obispo de otras diócesis andaluzas. Por el contrario, el Papa Francisco ha sorprendido nombrando cardenal a un sevillano con poderes en la Curia vaticana, donde ejerce como presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Antes fue misionero comboniano, entre otras labores pastorales, diferentes a lo habitual en la archidiócesis local.
ES lamentable la gestión del caso de la listeria, incluyendo la reacción de los políticos. En este país, y en esta ciudad, parece que lo más importante, cuando aparece un problema (incluso tan grave como éste), es ver si la responsabilidad política es de la derecha o de la izquierda. Para demostrar que los malos son los otros. Algunos se las prometían muy felices, paradójicamente, porque parecía que iban a pillar al consejero de Salud, el dicharachero médico Jesús Aguirre, que es del PP. Sería el primer patinazo gordo del gobierno de esa Andalucía Suma, que formaron PP y Cs, con la tolerancia de Vox. El trifachito, como decía Susana Díaz. Hasta que se descubrió que el caso sucedió en Sevilla, y que el Ayuntamiento del socialista Juan Espadas tiene competencias. Las habían gestionado con evidente despiste, por decirlo suave. De ese modo, se ha llegado al forcejeo de la culpa no es nuestra, sino tuya.