EL arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo Pelegrina, celebra hoy sus bodas de oro. Sacerdotales, por supuesto. Con tal motivo, la Catedral acoge una celebración eucarística, en la que el altar estará presidido por la Virgen de los Reyes. Se ha anunciado la presencia de los cardenales Rouco varela y Amigo Vallejo. También del arzobispo castrense, Juan del Río, los obispos andaluces y otros prelados. Este acto no sólo conmemora los 50 años del ministerio sacerdotal de Asenjo, sino que es como un homenaje que le tributa Sevilla. Quizá por un resto de mala conciencia sobre el tratamiento que algunos le dieron en los primeros meses de su llegada. Cuando creían que Sevilla sería una estación de paso para Asenjo. Y cuando intentaron sembrar cizaña con una imagen caricaturesca de él.
LA Semana de la Movilidad en Sevilla coincide con la temporada de bolas de fuego y con el debate para aprobar las nuevas ordenanzas de circulación, en las que será incorporado el patinete eléctrico y sus circunstancias. Las normas pueden quedar obsoletas pronto, ya que las ciencias adelantan una barbaridad. El patinete está en el punto de mira, pero pronto llegarán a las calles otros artilugios. Son eléctricos y no contaminan, ni gastan gasolina de la que les han saboteado los pro iraníes a los productores de Arabia Saudí, ni mucho menos usan diesel, como los coches que han dejado de vender por culpa de Pedro Sánchez. Al ser eléctricos, parece que los patinetes tienen las bendiciones de los políticamente correctos, que se preocupan mucho por el clima y un poco menos por los atropellos.
GRACIAS a Pedro Sánchez, tenemos un nuevo periodo electoral. La campaña es más corta, y arrancará la noche de Halloween, por lo que coincidirán la pegada de carteles y los disfraces de zombis. Una campaña tiene su parte mala: se convierte en una excusa para que los políticos no hagan nada. Te dicen “como estamos en funciones”, o bien “como no se puede hablar con el Gobierno para que adopten medidas”. Pero también su parte buena: ahora el PSOE, el PP, Ciudadanos, Adelante (o como se llamen, no lo saben ni ellos ni ellas), Vox y demás necesitan vuestros votos. Y deben movilizar a la gente para frenar la temida abstención. Es decir, que llega otra temporada de “puedo prometer y prometo”, por lo que hay que amarrar bien los asuntos.
PRECISAMENTE en la Semana de la Movilidad, una bola de fuego se movió por el firmamento de Sevilla. El bólido fue captado por el ojo del hombre (y el de la mujer), por los telescopios de los observadores, no sé si por algún radar de la DGT, y por las cámaras del Cecop, atentas a lo que se mueve por arriba y por abajo. De inmediato empezaron los bulos y las interpretaciones esotéricas. El portentoso fenómeno ocurrió pocas horas después de que Albert Rivera le ofreciera la abstención de Ciudadanos y del PP a Pedro Sánchez, incluso antes de hablar con Pablo Casado. Con algunas condiciones de las que el PSOE nunca va a cumplir. Y apareció la bola de fuego en el firmamento. Yo me lo imagino si pasa en la Madrugada, a eso de las cinco.
EL estadio de La Cartuja está considerado como un despilfarro. No cabe duda de que lo es, en las actuales circunstancias. Cuando se gestiona la propiedad de un espacio urbano o un edificio público, en vez de lamentarse por el pasado (en este caso, para seguir culpando a Alejandro Rojas-Marcos, que dejó de ser alcalde en 1995) lo que deben hacer es rentabilizarlo, con usos realistas adecuados al presente y con vistas al futuro. La historia del estadio, inaugurado en mayo de 1999, es archiconocida. Hoy me refiero, en este artículo, al lado oscuro, que también existe. Y no por culpa del estadio, sino de la tradicional falta de vigilancia policial en sus alrededores.