EN ciertos sectores gaditanos existe la impresión de que el Museo del Carnaval no le interesa a nadie. Es decir, se trataría de algo de lo que se habla mucho, pero bajo el peso de una indiferencia generalizada. Pues parece obvio que si tuvieran verdadero interés, ya estaría abierto; y se podría visitar hoy, mañana, o pasado. También influye que se ha utilizado como un arma arrojadiza entre los políticos de los diferentes partidos, y entre los carnavaleros más reivindicativos.

CON la ‘Ley de vida’ carnavalesca que ha presentado este año Antonio Martín se pone de actualidad algo que afecta a la esencia del concurso. ¿El Carnaval de ahora es como el de antes? ¿Somos respetuosos con los personajes históricos del Carnaval? Por contestarlo pronto: parece que sí, pero puede que no. En teoría, hay respeto por las viejas glorias, aunque por detrás se acuerdan de sus castas generacionales. El hecho de que existan viejas glorias (y que se considere entre ellos a Martín, que aspira a ganar otra vez) nos pone sobre aviso de que los mayores, a veces, son tratados con desdén. Sin entender que la ley de vida también se llevará por delante a esos muchachos tan prometedores.

LA sesión del lunes 23 de enero de 2016 pasará a la historia del Carnaval. En todo el siglo XXI no se había visto una función más churretosa. Con todos los respetos por las cuatro agrupaciones que cantaron, entre las que destacó la chirigota de Antonio Pedro Serrano, El Canijo, denominada ‘No valemos un duro’. Montar una sesión, aunque sea de preliminar, que se quedó en cuatro por las retiradas, va contra la idiosincrasia de este concurso, que es terminar siempre a las tantas y media. Acabar antes de la medianoche parece rarísimo. Hasta Miriam Peralta y Enrique Miranda lo comentaban en la retransmisión televisada de Onda Cádiz. Como que faltaba algo.