EL debate sobre el estado de la ciudad pasará a la historia por el arboricidio del verano. Los de Participa (o sea, Podemos) no respetan al alcalde en la misma medida que Pablo Iglesias a Pedro Sánchez. De modo que lo han rebautizado como Juan Serrucho, por su prodigalidad para talar árboles a destajo (hasta la semana pasada a eso se llamaba apear, pero ya no), y ahí están, enviando manifestantes con sus pancartas a la Plaza Nueva. La cosa tiene su gracia, aunque al alcalde le ha parecido “una tontería política”. También es injusto, ya que están reponiendo para compensar, y no se ha oído hablar de Juan Carlos Pala ni de Antonio el Sembrador. A pesar de que Cabrera y Muñoz han  plantado por diversos barrios del hábitat urbano sevillano. Y al concejal de Parques y Jardines, David Guevara, le piden la cabeza, como si estuviera ahí para cortar por lo sano.

SE podría decir que el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, tiene una flor como la que cultivaba con éxito Johan Cruyff. Todo le sale bien. A diferencia de quienes parecen gafes, es lo contrario: un talismán. Entre sus mejores especialidades están los premios y congresos. Todos vienen a parar a Sevilla. Ha conseguido los Goya (que tienen premio por partida doble), pero también los premios de Cine Europeo, y los Max, y los Forqué, y los Ondas, y cualquier cosa que se le ocurra, donde haya faranduleo y lucimiento mediático. En los Goya tiene el glamour garantizado el próximo febrero, a un trimestre de las elecciones municipales. Y sin problemas: los indignados estarán callados, ya que es una fiesta de su agrado.

ALGUNOS activistas tratan a los árboles peligrosos como si fueran las víctimas de un desahucio. Será por la costumbre, o porque participan los mismos. Cualquier día podríamos ver indignados de Podemos y Unidos encadenados a un plátano o una palmera. Yo no sé si se puede podar mejor, o no. También ignoro si algunos de los árboles enfermos se pueden ahorrar la eutanasia. Ha sido polémico lo que ocurrió el lunes en la avenida de Cádiz, donde llegó el director de Parques y Jardines, Adolfo Fernández, como si fuera el juez de guardia, para decir que no apearían 16 de los 18 árboles que iban a desahuciar. Conste que esto es más difícil de lo que parece. Espadas no es un desalmado, sino que a veces los árboles se caen como si sufrieran lipotimias. El calor les sienta fatal.

DESDE hace algún tiempo, en Sevilla hay personas interesadas en reconvertir el Metro en un tranvía. No es lo mismo. Se sabe que en el PSOE proliferó un frenesí extraño de partidarios de los tranvías, que no sólo afecta a Sevilla, sino al resto de Andalucía, donde han creado varios recorridos, algunos de los cuales no funcionan ni es probable que funcionen nunca. Hasta en Bruselas se han mosqueado. ¿Por qué ese frenesí del PSOE y de la Junta de Andalucía en el amor al tranvía? Por el contrario, con los metros andaluces lo llevan piano piano, y así no se llega a Pino Montano.

LOS Sanfermines se han convertido en la fiesta española más mediática y más famosa en el mundo. Se le atribuye gran parte del mérito a Ernest Hemingway (que le dio universal fama) y a ese embrujo que los toros despertaban en los extranjeros, antes de que surgieran las teorías animalistas. En los últimos años, esta fiesta ha sido asociada a ciertos abusos machistas, tocamientos de los que antaño se alardeaba, y otros excesos favorecidos por el alcohol consumido. Hasta que llegamos al caso de Los sevillanos de La Manada. Desde entonces se ha establecido una preocupante conexión entre Sevilla y los Sanfermines. Como si Sevilla tuviera la culpa de las condenas a algunos de sus hijos.