ADEMÁS del tranvibús, en Sevilla aún existe el tranvía. No se sabe qué es más difícil: que un camello pase por el ojo de una aguja, que Andalucía supere la media europea en el informe PISA, o que un tranvía llegue a su parada final de la plaza Nueva. Cada cosa tiene su cosa, como dirían los chavales de la comprensión lectora. Para pasar por la aguja depende del tamaño de la aguja; tampoco es igual un camello de una cabalgata de reyes magos de barrio o un camello cargado de hachís en un narcopiso. Lo del informe PISA de los niños andaluces merecería una peregrinación de Juanma Moreno y Manuel Gavira, para rezarle a la Virgen del Rocío, aunque sea por separado, como la última vez. Y lo del tranvía es misión imposible. Porque en Sevilla los tranvías tienen mala prensa y están gafados.

LA gente malpensada no se lo creía. Pero ya está ahí, se le intuye en el horizonte, para la Feria de San Miguel. Según dijo el concejal de Movilidad, Álvaro Pimentel, el tranvibús llegará a la plaza del Duque el 28 de septiembre. ¡Laus Deo! La gente está deseando que aparezca el tranvibús en el Duque y se recupere la normalidad desde la Puerta Osario hasta la Campana, que se quedó incomunicada parcialmente por las obras. Vale, las obras se deben hacer. Y ocurre igual con las del Metro: son obras que causan perjuicios. Se supone que no es para fastidiar a vecinos y comerciantes, sino que es un mal necesario para una mejoría posterior. Lo malo es que la mejoría sea para unos y empeore la movilidad de otros.

LA reapertura del Teatro Lope de Vega para la Bienal de Flamenco es una buena noticia para Sevilla. Se le consideraba el teatro más importante de la ciudad en los años previos a la Expo 92, cuando se construyó el Teatro de la Maestranza y se descartó levantar un espacio específico para la ópera. En la ciudad existen otros auditorios y recintos con capacidades superiores (o comparables) al Lope de Vega, pero pasaba por ser el último teatro de Sevilla con un aspecto clásico. O, como dirían los más rancios: el único de Sevilla que parecía un teatro de verdad, como los antiguos.

POR culpa de la invasión de Ceuta, favorecida por los actos festivos del amigo Mohamed, este año no hemos leído portadas de periódicos con serpientes de verano. Hemos tenido el mercado de fichajes, eso sí, que si se cumpliera en todos los fichajes rumoreados, hubiera dejado plantillas de 65 futbolistas en el Betis y el Sevilla, para alegría de Manuel Pellegrini y Luis García Plaza, que tendrían más para elegir. Pero hoy en día los equipos de Champions League venden hasta a futbolistas que se van llorando. Tan tiesos están. La Liga ya no es lo que era, cada año empieza antes. La tarde de la Virgen de los Reyes no hubo corrida de toros, sino un Sevilla-Rayo Vallecano. Dicen que el fútbol también influye en el veraneo.

LA tasa turística debe ser una prioridad sevillana. Eso lo ve hasta uno que se haya quedado medio ciego en el último eclipse. Oponerse a la tasa turística en Sevilla (y defender la prioridad nacional) es una incoherencia que perjudica a los nacionales de Sevilla. Ya que la tasa turística debe servir para alivio de las arcas municipales. Y, si consideramos que los turistas utilizan los servicios de la ciudad pagados por los sevillanos, y así les generan más gastos, pues entonces no se debe crear un agravio comparativo. La tasa se paga en ciudades con turismo de calidad, no solo de caridad.