ES mala suerte que el día en que SuperBeltrán intervino para retener a un presunto ladrón coincidiera con la okupación independentista del aeropuerto de Barcelona-El Prat. Tenemos el síndrome de Cataluña, con lo que no se habla de otra cosa. A lo mejor, si nos olvidamos un poco de ellos, se relajarían. A pesar de los indepes catalanes, Beltrán ha salido incluso en telediarios nacionales. En uno de ellos lo proclamaron “héroe por un día”. Y es que en Sevilla también hay noticias, como esta del video que circula por las redes, en el que se ve a Beltrán Pérez en acción, en la zona de Hytasa. El portavoz municipal del PP sigue como en la campaña, va de un barrio a otro. En uno descubre unas ratas, en otro unos desperfectos, y de pronto se encuentra con un presunto ladrón, que llega como caído del cielo.

NO se habla de otra cosa. Sentencia y más sentencia, a pesar de que será recurrida. Comenzó el día con un chaparroncillo, que siempre viene bien para asentar el albero y templar los nervios. La espera había sido amenizada con la oportuna filtración para los actos de la Fiesta Nacional. Es sedición y no rebelión. De modo que era como si te cuentan antes el final de la película, que por otra parte ha respondido al guión más previsible. Estar en la cárcel 13 años, como le ha correspondido a Oriol Junqueras, no es para tomárselo a guasa. Sin embargo, lo que mosquea es el cumplimiento, que ya se ha advertido que puede ser generoso (y de lunes a jueves) en poco tiempo. Las competencias penitenciarias están transferidas, y se sabía.

EL aeropuerto de San Pablo tiene el objetivo de conectarse con todo el mundo, con los cinco continentes. Todavía no está conectado con la estación de Santa Justa por tren, a pesar de que sería un sencillo paseo ferroviario. Pero por el aire, lo que es por el aire, quieren llegar a Nueva York, a Sidney en Australia a Pekín en China, a Tokio en Japón, a donde haga faltapara llenar los hoteles de cinco estrellas. En esa misión, el alcalde, Juan Espadas, está firmemente empeñado, y cuenta con el apoyo decidido de su delegado del Turismo y otros menesteres, Antonio Muñoz. Por eso, igual que consiguen para Sevilla grandes premios de espectáculos nacionales e internacionales, acogieron en Fibes un congreso mundial del turismo de la WTTC, en el que conocieron a capitostes de todo el universo. Aún sigue dando frutos, a título póstumo.

LA Plaza Nueva acoge el Encuentro de Casas Regionales durante este fin de semana. Precisamente coincide con el Día de la Hispanidad (oficialmente, el Día Nacional de España) y con las vísperas de la sentencia del proceso independentista de Cataluña, que es una casualidad añadida. Este encuentro folklórico (en el buen sentido de la palabra), gastronómico y turístico se puede considerar tradicional, al haber cumplido 11 ediciones. Es sabido que el término se debe aplicar a lo que se transmite de una generación a otra, aunque aquí se reduce incluso a lo que ocurrió el año anterior. En cualquier caso, es una cita que atrae público local y visitante a la Plaza Nueva. Allí se puede apreciar la diversidad de las tierras de España (como decían en los tiempos de Franco, ahora tan recordado), que pasa por el vino, los embutidos y los dulces, sin olvidarnos de los bailes típicos.

EL calentamiento global se nota en Sevilla con dos semanas de ampliación del estío. El llamado veranillo de San Miguel (esos días treintagradistas de finales de septiembre) se extiende ahora hasta el veranillo del Pilar, cuya fiesta celebramos mañana. También se le podría denominar el veranillo de la Hispanidad, pero sonaría más raro. Desde luego, suena peor lo de veroño, de sencilla rima con palabras feas. Las fiestas se han designado por el calendario religioso, tradicionalmente, y no por el civil. De ahí lo del veranillo de San Miguel. Un refrán caído en desuso advertía: “Hasta San Antón, Pascuas son”. Refranes de tiempos más fríos, cuando la gente se sabía de memoria los días de los santos.