EN el palacio de las Dueñas se puede visitar la exposición “Cayetana, grande de España”, organizada como homenaje al cumplirse el centenario del nacimiento de la duquesa de Alba. Cayetana ha conseguido algo infrecuente: que la exposición fuera inaugurada por el rey Felipe VI y que apoyen su homenaje Felipe González, un señor del PSOE histórico, que fue presidente del Gobierno español, y Juanma Moreno, un señor del PP más centrado, que es presidente de la Junta de Andalucía. Además del Ayuntamiento de Sevilla. Ese consenso político nos dice mucho en favor de la personalidad de Cayetana de Alba.

EN Sevilla faltan policías para todos los gustos. Para las procesiones ordinarias y extraordinarias, para las redadas ordinarias y extraordinarias, para detener a los chorizos ordinarios y extraordinarios, para los cortes de tráfico ordinarios y extraordinarios, para los temporales ordinarios y extraordinarios, para que no se desmadren las manifestaciones ordinarias y extraordinarias, etcétera. Y lo malo es que afecta a todos los cuerpos y a todas las almas: a la Policía Nacional y la Local, y a la Autonómica, que al parecer también existe. Aunque no es como los mossos catalanes. Yo no entiendo que, si queremos tener lo mismo que en Cataluña, no dispongamos en Andalucía de unos mozos andaluces, que aporten más orden público a esta nuestra comunidad.

LA ciudad de Sevilla y su entorno se pueden considerar como territorio de alto interés militar. Quizás sea la zona más estratégica de España, en estos momentos, para el Ejército. En una distancia cercana están las dos bases militares de EEUU en Andalucía: la de Morón de la Frontera y la de Rota. Esta última pertenece a la provincia de Cádiz, aunque allí veranean miles de sevillanos. Ambas bases, según Pedro Sánchez, no pueden ser utilizadas para operaciones bélicas contra Irán, lo que ha provocado las últimas bravuconadas de Donald Trump. Casi todos preferimos la paz a la guerra. Pero las bases, como todas las instalaciones militares, son una garantía de seguridad y defensa.

SUELEN decir los cofrades más puristas que no hace falta anunciar la Semana Santa. Pues todo el mundo sabe cuando llega el momento. Y, sin embargo, cada año hay más carteles y más pregones. Tampoco eso es malo. No se sabe por qué, en Sevilla hay personas gruñonas a las que les molesta todo: que haya más carteles y que haya más pregones. Pero también que haya más nazarenos, que haya más cofradías en los barrios, que haya más vía crucis en las calles, que haya más hermanos en las protestaciones de fe, que haya más demanda de sillas y palcos, que haya más atención a las hermandades en los medios de comunicación, que haya más obras en las calles en Cuaresma... Esto último a todo el mundo le molesta, no sólo a los gruñones.

UNA vez más, de la necesidad se hace virtud. Así funciona nuestra política. La normativa para el patinete en las calles de Sevilla ha entrado en vigor. Son medidas de sentido común, que llegan con retraso. La DGT, que comanda el incombustible Pere Navarro, no ha estado fina, ni el Ayuntamiento tampoco. Podían haber ahorrado trabajo en los servicios de Traumatología del SAS. Las medidas que entran en vigor no serán eficaces si la Policía Local no efectúa una campaña de controles y sanciones. Es decir, es lo mismo que sucedió con los cascos de los motoristas. Hasta que se lo tomaron en serio.