EN esta crisis del coronavirus, se han visto, una vez más, las grandes diferencias que existen en Sevilla entre la ciudad y los pueblos. Para cientos (quizá miles) de sevillanos de la Sevilla-Sevilla todo lo que hay más allá de las antiguas puertas derribadas empieza a ser discutible. Incluso Triana es mucha Triana, pero no es lo mismo. Y no digamos si hay carreteras por medio. Por eso ahora, cuando se descubrió que 17 municipios de la provincia se han librado del coronavirus, empezaron las preguntas. En el informe que publicó Álvaro Ochoa en este Diario, se apuntó una característica: los 17 pueblos limpios del coronavirus están todos a más de 35 kilómetros de Sevilla y en ellos viven menos de 6.000 habitantes.

AL salir de casa los adultos y los mayores, nos hemos sentido como niños con zapatos nuevos. Nuestros papás políticos (no los suegros, sino el Gobierno de Pedro y Pablo) nos habían castigado durante más de un mes y medio: sin correr, sin pasear, sin jugar con amiguitos y amiguitas. Sólo nos permitían salir para los mandados en el supermercado de la esquina, o en la frutería de abajo, y si acaso ir a la farmacia por mascarillas, para que se rieran de nosotros. Pero bueno, como ahora podemos correr y pasear por calles que no habíamos pisado desde marzo (entonces era Cuaresma y se debatía si saldrían los pasos en Semana Santa), pues vemos detalles insospechados. Unos se solazan con el pío pío de los pájaros y otras escenas poéticas. Yo he sido más prosaico y me he fijado en que las calles de Sevilla están sucísimas.

LAS medidas provincianas del Gobierno para la desescalada se están tomando a guasa. Eso es bueno y es malo, según se mire. Es bueno porque fomenta el humor y aportará motivos de conversaciones telemáticas, o entre dúos familiares de paseantes, así como aficiona a los memes. Pero es malo porque Pedro Sánchez y Pablo Iglesias son los que ríen los últimos. Y será humor negro, porque ayer hubo que lamentar “sólo” 281 muertos. Son más que los 268 del jueves, pero se considera positivo, porque “por segundo día consecutivo están por debajo de los 300”. Pero se hablaba del humor: yo me referí al caso de El Cuervo, desde donde no podrían ir a Jerez hasta el 22 de junio. El alcalde lo va a arreglar.

A lo loco a lo loco, cambiando las medidas de la desescalada todos los días, y como quien no quiere la cosa, hemos llegado al 1 de mayo, la Fiesta del Trabajo. ¿Trabajo?, ¿qué trabajo? Será el día del Paro. En otros tiempos, en esta solemnidad festiva, salían las masas trabajadoras por la Avenida, convocadas por los sindicatos, para protestar contra los empresarios que los oprimían. Pero los tiempos han cambiado una barbaridad. Si Marx levantara la cabeza, ¿qué pensaría? Ahora también protestan los empresarios, que se han quedado en el paro. Y no sale nadie a la Plaza Nueva con banderas porque no se puede salir, excepto con niños o perros. Mañana sí saldremos, pero a correr por los parques.

EL Plan para la Desescalada que presentó Pedro Sánchez va a tumba abierta. Si queda un poco de sensibilidad social, deberían revisarlo, como ya le han pedido varias comunidades, incluso Ximo Puig, que es de los suyos. El PSOE y Unidas Podemos han vuelto al franquismo, han vuelto a Madrid y sus provincias. Se han cargado el Estado de las Autonomías. A Pedro Sánchez se le está poniendo la cara de “Andaluz, este no es tu referéndum”. La Junta debe ser más contundente. Y los de Adelante Andalucía, que iban de verdiblancos de cartel, ¿qué dicen? Hemos vuelto a las provincias como unidad de destino en lo universal.