EL estadio de La Cartuja está considerado como un despilfarro. No cabe duda de que lo es, en las actuales circunstancias. Cuando se gestiona la propiedad de un espacio urbano o un edificio público, en vez de lamentarse por el pasado (en este caso, para seguir culpando a Alejandro Rojas-Marcos, que dejó de ser alcalde en 1995) lo que deben hacer es rentabilizarlo, con usos realistas adecuados al presente y con vistas al futuro. La historia del estadio, inaugurado en mayo de 1999, es archiconocida. Hoy me refiero, en este artículo, al lado oscuro, que también existe. Y no por culpa del estadio, sino de la tradicional falta de vigilancia policial en sus alrededores.

HOY comienza la Semana de la Movilidad. Antes se conformaban con el Día sin Coches, que era un paripé. Estos eventos recuerdan a celebraciones surrealistas de antaño, como el Día del Turista. Ahora no hace falta, porque ya celebran el Año del Turista, que es el rey de la ciudad. Sin embargo, en los festejos de la Semana de la Movilidad, la delegación de Juan Carlos Cabrera, a la que corresponde ese entuerto, apuesta por una propuesta que califican de novedosa: probar el próximo domingo, día 22, cómo sería la calle Águilas sin coches. Algo que parece inconcebible.

LA Gerencia de Urbanismo ya ha admitido a trámite el proyecto para el nuevo barrio de la Cruzcampo. En los próximos años, Sevilla contará con más de 2.000 viviendas en un sector que antaño fue la periferia, pero que ya se considera relativamente céntrico. De facto, enlazará la zona de Nervión y la Gran Plaza con la del Polígono San Pablo. Será un nuevo barrio del este, pero más cercano a la Campana que Sevilla Este. En fin, es una bicoca para el sector inmobiliario. Y una promoción que no se oferta en parajes hasta ahora baldíos, como la Hacienda del Rosario o Palmas Altas. Este proyecto no es nuevo, sino una herencia, pero el alcalde, Juan Espadas, lo puede aprovechar en sus evidentes intentos de aumentar la población de Sevilla.

EN el PSOE de Andalucía han desenfundado los cuchillitos políticos, y los van afilando. Desde la calle San Vicente hasta la calle Oriente, pasando por la Plaza Nueva (sin olvidarnos de algunos distritos) están atacados de los nervios, en claves sucesorias. Algunos ya no saben si son de los suyos, o si deberían pasarse a los otros. Todos los partidos dependen de las intrigas cortesanas. Se vio en el PP, cuando lo de Soraya, Cospedal y Casado, pero les llovió del cielo el Andalucía Suma, que fue como un regalo de Navidad. También para Ciudadanos, donde Juan Marín se afianzó cuando le movían el sillón, antes de lo que se ha montado con Albert Rivera y los eurodíscolos. Pero en el PSOE se sabe, desde Alfonso Guerra, que quien se mueve no sale en la foto. Excepto Francisco Toscano, que tiene libertad de movimientos y siempre acierta.

A estas alturas, nadie puede dudar de la importancia estratégica que tiene la autovía de la SE-40 para Sevilla. En el tramo entre Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra continúan las obras, con una ejecución del 90%, según se ha publicado. Es un tramo importante, que enlazará el sur y el este de la provincia de Sevilla, entre dos núcleos urbanos muy poblados del área metropolitana. Es también un enlace entre la A-92 (la autovía que conecta a Sevilla con Andalucía oriental) y la AP-4 (la autopista que lleva hacia Cádiz, hacia el sur de esta parte de Europa y el norte de África). Pero la SE-40 también está destinada a facilitar la conexión entre el sur y el oeste; es decir, hacia Huelva y Portugal. Y ahí es donde nos encontramos con el problema de los túneles. Si no completan el enlace, la SE-40 será una autovía interrupta. O lo que es igual: un desperdicio de millones.