TODO articulista que se precie un poco (entre los que me incluyo, modestia aparte) habrá escrito a lo largo de su trayectoria varios y muy sentidos textos sobre el fin del comercio tradicional. En Sevilla es imprescindible, pues en caso contrario los lectores pensarán que eres un papafrita, sin sentimientos, sin sensibilidad, un desalmado que no captó la belleza sutil de las antiguas tiendecitas de la plaza del Pan y sus aledaños. En fin, un monstruo de los malos, que nunca se parecerá a Luis Cernuda. Aunque casi nadie se parece, la verdad, pues sólo él fue capaz de escribir Ocnos.

EL número mágico de Sevilla es el dos: incluye a uno y otro. La operación mágica de Sevilla es la división: nada de sumar, ni multiplicar, ni siquiera restar; a dividir (sobre todo entre dos). El símbolo perfecto de Sevilla, pese a ser una ciudad occidental, es oriental: el yin y el yang. El río Guadalquivir le viene de maravilla a Sevilla, porque la divide por la mitad. Y, por si no fuera suficiente, en la Cartuja le hicieron una corta, para desviarlo y que dividiera todavía más. Lo de divide y vencerás no se inventó aquí, aunque lo practicó Julio César, que fue premiado con una de las dos columnas de la Alameda de Hércules. Quienes viven en estas tierras lo saben: donde haya uno, pronto se convertirá en dos.

A pesar de lo que indica el padrón y lo que reconocen las estadísticas, Sevilla capital se acerca al millón de habitantes. Por supuesto, entendiéndolo como personas que la habitan de hecho, no de derecho. Hay un desfase importante, que asume el Ayuntamiento, y que perjudica a los 690.566 empadronados en Sevilla. Con sus impuestos costean servicios de los que se benefician otros. No se trata de algo anecdótico, sino que tiene una repercusión económica negativa para la ciudad.

EN Sevilla se han publicado muchas noticias del Año de Murillo, aunque mayormente será celebrado en 2018. Aprovechando la oportunidad de que Bartolomé Esteban fue bautizado el 1 de enero de 1618 en la Magdalena, lo principal que se hará en 2017 es abrir la conmemoración, pero lo fundamental se podrá contemplar (si Dios quiere y hay dinero suficiente) el próximo año. Así que no sean ustedes tan impacientes, que todavía queda tarea, y dejen trabajar a los que intentan organizarlo. Por el contrario, sí se celebrará en 2017 el XXV aniversario de la Expo 92, una conmemoración de menor rango artístico, que va en el modo silencio de Sevilla.

NINGUNA ciudad española tiene la cantidad y calidad de los monasterios y conventos de clausura de Sevilla. Muchas personas creen que sólo funcionan como obradores de pastelería, y que se autofinancian con los ingresos del puente de la Constitución, cuando venden los dulces en el Alcázar; o con los acuerdos que tienen con El Corte Inglés y otras tiendas, además de los tornos. Es un error pensar que sólo sirven para fabricar dulces. Son casos diferentes al del Horno de San Buenaventura.