UNA de las claves para frenar la pandemia del coronavirus en China (donde la consideran liquidada, sin segunda ola) fue la desinfección de los espacios públicos y la limpieza a fondo de las calles. Sorprende que Sevilla esté tan sucia. Más aún por las promesas incumplidas. Ya no se acordarán, pero en noviembre de 2017 (un año y medio antes de las elecciones municipales), el alcalde Juan Espadas presentó una campaña de limpieza de Lipasam. Con un lema que se podía considerar ambicioso, quizás utópico: “¿Hacemos de Sevilla la ciudad más limpia?”. Entonces dijo el alcalde que ese sería el objetivo: “Que Sevilla sea no sólo una ciudad más limpia, sino la ciudad más limpìa”. Incluso lo calificó como “un reto global”. Por lo que se puede suponer que debería ser no sólo la ciudad más limpia de España, sino del globo mundial.

ES curioso que mientras se habla mucho (aunque, lógicamente, sin concretar nada) de la Semana Santa y la Feria de 2021, se trata con más discreción el futuro de la Cabalgata de los Reyes Magos, prevista para casi cuatro meses antes. Están nombrados, en las personas de Salvador Morales, Ricardo Astorga y Monchi. El presidente del Ateneo, Alberto Máximo Pérez Calero, ha sido prudente, no se ha precipitado, y ha dejado muy claro que trataría de aprovechar todo lo posible para el siguiente año de 2022. Cuando Dios quiera que hayamos recuperado la verdadera normalidad festiva. Es obvio que ya se puede dar por supuesto que la Cabalgata no va a salir a las calles de Sevilla, aunque la decisión de suspenderla se adopte oficialmente a comienzos de octubre.

PUES sí que iban bien orientados el doctor don Simón y compañía… Se entiende que la Fiscalía de Dolores Delgado no quiera que investiguen las actuaciones del Gobierno de Pedro y Pablo. Empezaron diciendo que las mascarillas no servían para nada, y ahora ya vamos por que pueden crear inmunidad frente al coronavirus. ¡Anda ahí! Siempre dicen lo que interesa, según si hay mascarillas o no en el stock disponible. Pero han llegado para quedarse. Al menos durante una larga temporada. Conozco a personas que dicen: “Yo, aunque me vacune, voy a seguir usando la mascarilla, porque tiene muchas ventajas”. Y más que le vamos a descubrir. Igual que organizan exaltaciones de la saeta o la mantilla podrían organizar la exaltación de la mascarilla, que será igual de típica.

EN las tertulias cofradieras y en el mundo capillita en general, hay un debate abierto sobre el futuro próximo de las hermandades sevillanas, que podrían quedar irreconocibles. Valoradas como entidades opulentas (y eso habría que analizarlo, según los casos), han quedado entre las víctimas del coronavirus, con pérdidas de ingresos difíciles de asumir, que no se limitan a las subvenciones por las sillas y palcos, aunque también. Paco Vélez y los demás presidentes de los Consejos de Hermandades de Andalucía se reunieron en Antequera y van a buscar opciones conjuntas para la Semana Santa de 2021. Aunque lleguen las primeras vacunas y empiecen por los ancianos, según lo que dijo el doctor Aguirre, nadie sensato puede creer que las cofradías saldrán a las calles para cumplir sus estaciones penitenciales como de costumbre. Y si van a hacer algo rarito, con ocurrencias, es mejor que no salgan.

EN estos días se habla y se escribe de las fusiones bancarias, de CaixaBank, de Bankia, de si el Gobierno va a tener participación pública en el primer banco de España (con lo cual Pedro y Pablo serían banqueros por un día, digo por un tiempo). También de que el Gobierno rectifica (a la fuerza) y permitirá a los ayuntamientos que puedan usar su superávit sin confiscarlo. Esos préstamos eran controvertidos, porque los ayuntamientos no querían hacer de prestamistas, o de diteros del Gobierno. Y, además, que si los obligaban por la cara no eran préstamos, sino incautaciones. Algo propio de las guerras sucias y las pandemias locas.