LA semana de la movilidad está saliendo de lo más movidita. El gerente de Gaesco, Juan Aguilera, dijo que el PGOU de Sevilla es “un cuento de hadas”. Los empresarios de la construcción están hartos de que no encarguen obras públicas como las de antes. Aquellos tiempos gloriosos de hace 25 años, que conmemoramos con nostalgia. Tiempos en los que hubo obras en la SE-30, la A-92, el aeropuerto, la estación de Santa Justa, en toda la isla de la Cartuja, que era la isla de las Maravillas (Wonder Island, para las orientaciones). Y sin Alicia, sino con Felipe González en la Moncloa, Manuel Chaves en San Telmo y Alejandro Rojas-Marcos en la Plaza Nueva. Aquellos tiempos sí que eran para ponerse cascos en las inauguraciones.

EN estos días se habla de transportes públicos, tráfico, movilidad y otros conceptos vinculados. Ayer entró en servicio la línea rápida de autobús desde Sevilla Este al Prado de San Sebastián. En lo burocrático, Sevilla Este es una gran barriada de la capital (que creció en una zona de expansión desde los tiempos de la preburbuja), por lo que depende del Ayuntamiento. El alcalde Espadas y los suyos han presentado como un gran avance que el nuevo servicio de Tussam tarda de 32 a 34 minutos. Bueno, es un gran avance si se tiene en cuenta que a veces tardaban una hora en llegar al centro. Pero, en la práctica, el transporte público de Sevilla Este continúa en duración metropolitana. Se tarda poco más en llegar a Jerez de la Frontera en autobús interurbano. Y a Dos Hermanas se tarda menos. Por no insistir en la proximidad de Mairena del Aljarafe y de San Juan alto y bajo, gracias al Metro.

CUANDO estamos en vísperas del otoño, cuando todavía no ha expirado el verano en los atardeceres cárdenos del Aljarafe, hemos recibido un anticipo de la primavera ansiada. Es un acierto del Consejo de Hermandades y Cofradías designar al pregonero y al cartelista de la Semana Santa a mediados de septiembre. Primero porque el pregonero, José Ignacio del Rey Tirado, y el cartelista, Pepilllo Gutiérrez Aragón, dispondrán de más tiempo. Y, sobre todo, porque en un periodo de extravío, cuando la Semana Santa se confunde con una fiesta burocratizada y es sometida a la tiranía del miedo que rechazamos, se vuelve a hablar de lo de siempre: de cómo será el pregón, de cómo será el cartel, de cómo será lo que tiene que ser.

A los fans de Caperucita Roja, admiradores de Charles Perrault, compañeros de Juanma Moreno, y a todos los que gustan de que les cuenten un cuento, en general, les habrá dejado patidifusos (o patidifusas) esta noticia: ¡Que viene Primark! Es verdad que ya lo habían dicho en tropecientas ocasiones anteriores, que por fin se iba a instalar Primark en Sevilla, como si fuera lo máximo a lo que se podía aspirar, como si no tuvieran una tienda en Huelva y otra en Jerez, no tan lejos; como si en Sevilla no existieran otras firmas que venden lo mismo que Primark, que tampoco es como Chanel, sino una firma irlandesa de ropa económica, que tiene una flagship suntuosa en la Gran Vía de Madrid. Pero no se acabará el mundo, ni la milla de oro de la calle Tetuán.

EL regionalismo arquitectónico ha estado mal visto por un cierto sector ideológico y profesional en Sevilla. Eso hay que tenerlo en cuenta para entender lo que ha pasado en Nervión. El Ayuntamiento ha corregido una omisión, y va a frenar la destrucción que han sufrido obras de Aníbal González, Juan Talavera y otros arquitectos de aquel periodo. A muchos ha sorprendido que edificios como el de la calle Cristo de la Sed, 35 no estuvieran protegidos, a pesar de que conformaban el estilo del viejo Nervión, un barrio en trance de perdición, pero que aún conserva interesantes casas en los alrededores de la avenida de la Cruz del Campo.