DESDE el pasado mes de junio, estamos en la cuenta atrás para las elecciones municipales de 2019. Aunque el panorama político está confuso, con los ataques yihadistas y con el golpe de Estado en el Parlamento catalán, en el Ayuntamiento se nota su propio ajetreo. Se afronta la cuesta abajo con demasiadas incertidumbres (externas e internas). A pesar de todo, se intuye que estamos en las vísperas de otro escenario, en el que la gran coalición constitucional que podrían formar PP, PSOE y Ciudadanos no sería descartable, según sea el resultado.

DESDE que se perdieron los últimos barcos de la Carrera de Indias, el Puerto de Sevilla está a la busca de su identidad. Ayer recibieron una visita de tronío, de esas en la que los políticos se hacen fotos con cascos, en un plan de lo más institucional. Estaba la presidenta de la Junta, Susana Díaz; el delegado del Gobierno, Antonio Sanz; el alcalde Juan Espadas, y el presidente del Puerto, Manuel Gracia, acompañados de sus cuadrillas. Aparte de las fotos y los cascos de obreros por un día, fueron para darle cariño, que sólo es útil cuando se acompaña de algún regalito. Antonio Sanz dijo que el Gobierno reducirá la aportación de Sevilla a los fondos portuarios, lo que le supondrá un ahorro de 600.000 euros al año.

VIENEN buenos tiempos para los peatones y las peatonas. Las medidas de seguridad obligarán a severos cortes de tráfico en el centro de Sevilla. El alcalde Espadas reconoció que son imprescindibles las restricciones en el entorno de la Catedral y el barrio de Santa Cruz. El cierre de Alemanes y Mateos Gago estaba cantado. Por muchos macetones que veamos en los alrededores de la Catedral y la plaza de la Virgen de los Reyes, sólo serían sencillos adornos si no se acompañan de un corte de tráfico que clausure la calle Alemanes. Tampoco es disuasorio que circulen vehículos por la calle Mateos Gago con las aceras llenas de guiris tapeando.

EN los buenos tiempos de las vacas gordas, las burbujas inmobiliarias y las tarjetas de empresa con derecho a mariscada también subía el paro en agosto. Entonces nadie decía que la culpa era de Rajoy, ni cuando mejoraba el empleo tampoco. Con los datos del paro pasa lo mismo que con el EGM de los medios de comunicación: se manejan al libre albedrío. Se comparan con el mes pasado, o con el año anterior, de modo que no se note tanto que dos y dos son cuatro parados. Por eso, con los datos de agosto que ha difundido el Ministerio de Empleo hemos tenido una cierta decepción: en Sevilla capital hay 1.600 parados más, hasta alcanzar 74.000. Aunque queda el consuelo de que en agosto del año pasado era peor: había 80.121.

A la vuelta de las vacaciones, los sevillanos del éxodo no se encontrarán la ciudad exactamente igual, sino con más macetones. Es el símbolo de los tiempos. Apenas unos días después de los ataques terroristas yihadistas de Cataluña, ya estaba blindada Sevilla en sus zonas turísticas. Al menos, eso es lo que dicen, después de instalar un buen surtido de maceteros, que aquí son más conocidos como macetones, debido a su tamaño. Frente a los bolardos que Ada Colau se ahorró en Las Ramblas, los macetones que Juan Espadas ha dispuesto por la zona de los guiris. El blindaje ha comenzado. Intuyendo el futuro de la primavera, la Sevilla capillita tiembla.