EL 12 de mayo de 2005 fue bendecida, en la iglesia gaditana de Santo Domingo, la nueva imagen de la Virgen de la Esperanza. Se cumplía así el sueño de la Hermandad de las Cigarreras, cuyo hermano mayor de entonces, Julio Oliva, había conseguido que Altadis, manteniendo la histórica vinculación de la Tabacalera con la hermandad, contribuyera a la donación de esta imagen. Se la habían encargado a Luis Álvarez Duarte, que la había realizado durante los meses anteriores en su taller de la localidad sevillana de Gines. Algunos miembros de la actual Junta de Gobierno de las Cigarreras, que acudían a verla antes de que estuviera terminada, aún recuerdan aquellos días.

EN este Martes Santo de coronavirus debía salir a las calles gaditanas Jesús del Mayor Dolor. También la Virgen de la Salud, en su paso de palio. Los titulares de la cofradía de Sanidad adquieren hoy una significación especial. No se puede olvidar que cuando fue fundada, en 1946, la hermandad nació para aglutinar en ella a profesionales sanitarios, de ahí su nombre. Es amplia la nómina de cofrades gaditanos que han pertenecido a lo largo de tres cuartos de siglo: conocidos médicos, enfermeros, farmacéuticos, etcétera. Algunos de ellos, como Venancio González, Antonio Mangas, Evelio Ingunza o Kiko Zamora, estuvieron al mando. Y también se añadieron otros cofrades, por devoción y por vinculación espiritual.

HOY es un Lunes Santo diferente en San Francisco. Al llegar la tarde, esta plaza gaditana adquiría un ambiente especial. Dos de las cuatro cofradías de este día salen de la iglesia conventual. En San Francisco está la mitad del Lunes Santo de Cádiz, pero también el origen de nuestra Semana Santa. Las dos cofradías de penitencia más antiguas de la ciudad, Vera Cruz y el Nazareno, coincidieron en el convento de los franciscanos a finales del siglo XVI. Vera Cruz ha mantenido su sede en este templo, y de allí sigue saliendo en la noche del Lunes Santo. Pero, con el tiempo, se les uniría otra hermandad: la del Nazareno del Amor.

CUANDO pase el tiempo, cuando lleguen otras generaciones, se recordará aquel Domingo de Ramos de 2020. El año sin procesiones en la Semana Santa de Cádiz. Hoy es el día en el que se quedan en sus templos las imágenes de cinco cofradías: Borriquita, Señor Despojado, La Cena, Las Penas y Humildad y Paciencia. No habrá carrera oficial, nadie se sentará en las sillas y palcos. No habrá nadie viendo pasos en las calles de Cádiz. Ni tampoco las misas de Ramos por las mañanas, con sus procesiones claustrales. Nadie paseará sus ramitas de olivo bendecido. Ni veremos a los niños que por vez primera se visten de penitente. Ni resonarán las horquillas de los manigueteros en las calles gaditanas. Ni subirá a los cielos el humo de los incensarios. Ni nadie se asomará a un balcón para ver un paso que se aleja.

LOS datos de la pandemia del coronavirus en España son mucho peores que en otros países. Y no me refiero al número de casos oficiales, que es aleatorio, pues no se conocen con exactitud, por falta de pruebas. En España se considera que el número real de contagiados es entre cuatro y ocho veces más de lo que dicen las estadísticas. Pero lo más grave es el número de muertos. El 20% de todos los fallecidos por coronavirus en el mundo son españoles. Es el segundo país con más muertos tras Italia. Puede que otros, como EEUU, no hayan alcanzado sus picos. Y que China falseara sus estadísticas. Pero en esos países la población es muy superior a los 47 millones de habitantes de España. Aquí la incidencia de la pandemia es desastrosa.