LA gente es muy intransigente, protesta por todo. No entiendo esas críticas a Teresa Rodríguez, que se presentará por Málaga, donde encabezará la lista podemita y unida de Adelante Andalucía en las próximas elecciones autonómicas. Adelante, Teresa, me parece que es una magnífica idea. Tampoco sería el primer cunero o cunera que llega o se va de esta tierra. Y si la critica Irene García, líder del PSOE provincial y presidenta de la Diputación, se le puede decir que ellos presentaron por Cádiz a Alfredo Pérez Rubalcaba en unas elecciones generales. En plan chicuco vino el hombre. Y en las andaluzas ponían de cabeza de cartel a Manolo Chaves, que después sólo volvía para prometer el Hospital de Puntales y la Ciudad de la Justicia.

SOY autor de un importante número de artículos sobre el Castillo de San Sebastián. Son muchos años escribiendo sobre su tragedia. Por ello, es difícil escribir algo que ya no se haya escrito. Lo mismo se podría afirmar de las múltiples informaciones sobre este castillo que ha publicado José Antonio Hidalgo en el Diario. Es decir que el Castillo de San Sebastián, sí tiene quien le escriba, no es como el coronel de García Márquez, pero llega un momento en que este castillo es un peñazo, por decirlo fino, y se sabe que no sirve para nada. En realidad, lo que le gustaría a Costas, a la Junta y al Ayuntamiento es que se hundiera solo, que un día apareciera submarino. Y a lo mejor instalaban allí el Centro de Arqueología Subacuática, o algo así.

UNA de las medidas necesarias para consolidar la carga de trabajo en los astilleros de Navantia es despolitizarlos. Algunos políticos son como los niños traviesos que van enredando y se cargan casi todo lo que encuentran a su paso, unos metepatas que crean problemas. En la sesión de control al Gobierno de ayer, el PP, por medio de Ricardo Tarno, criticó la gestión realizada por la ministra Margarita Robles. En puridad de la transparencia, debió dimitir tras quedar desautorizada. Eso fue peor que el máster de Carmen Montón. Pero se ve que doña Margarita, aunque va de independiente, prefiere seguir hasta la siguiente. A partir de ahora (cuando parece que la situación se ha estabilizado y que los contratos con Arabia Saudí van ser respetados) lo peor que pueden hacer es volver a meter la pata, tan sólo por sus conveniencias políticas.

EL Gobierno de Pedro Sánchez también puede pasar a la historia como el que renunció a la soberanía española en Gibraltar. Entre torpedear el acuerdo del Brexit y bajarse los pantalones políticos, a la hora de firmar el protocolo, existen otras posibilidades intermedias. Por ejemplo, reclamar la soberanía compartida para que los gibraltareños sigan en la Unión Europea, como votaron masivamente en el referéndum. O, como mínimo, dejar constancia expresa en el  documento de que España no renuncia a la soberanía, en vez de hacerse los suecos con el síndrome de Estocolmo para beneficiar al rival, como si no tuvieran nada que ver.

HOY se cumplen 150 años desde que el almirante Topete se sublevó en Cádiz, apoyado por el general Prim, Sagasta y otros que estaban en el lío. Al día siguiente, leyó un manifiesto, que empezaba: “Españoles: la ciudad de Cádiz puesta en armas con toda su provincia”… Y añadía: “niega su obediencia al Gobierno que reside en Madrid”. Así fue destronada la reina Isabel II. Esto, cuando lo hace la derecha, se llama un golpe de Estado. Pero cuando lo hace la izquierda, o los progresistas, se llama una revolución, como en 1868 con esta Gloriosa; o en 1934, cuando se levantaron en la revolución de Asturias contra la Segunda República porque gobernaba la derecha. Pero lo peor no es eso, sino que aparte de los métodos, seguimos igual: con las dos Españas.