SER político en Cádiz es como ser profesor de Matemáticas: se pasan la vida haciendo cuentas. Casi nunca cuadran, que es lo peor. Después de las elecciones andaluzas, en todos los partidos están calculando. De modo que dentro de seis meses vamos a tener unas elecciones municipales, que a día de hoy son imprevisibles, pero que darán mucho que hablar. Vuelvo a decir que el margen de sorpresas es muy amplio y que el efecto Kichi puede ser para bien o para mal. Ahora los de Ganar han elegido a sus dos concejales,  Martín Vila y Eva Tubío, para que repitan en cabeza de la lista. ¿Será unificada con Podemos?  Esas cuentas de la lechera comenzaron en 2015, y aún siguen.

ME gusta ese nombre, ‘Los técnicos acojonaos’. Es ideal para una chirigota. ¡Anda que no le podía sacar la puntita a eso el Selu, si se lo propusiera! A nuestro alcalde de Cádiz, José María González, le sale el carisma carnavalero hasta sin querer; es que lleva a Kichi dentro, como si lo hubieran parido. Y así, tiene salidas para todo. Le preguntan por el alumbrado navideño de Cádiz, que está otro año en el camino de ser pueblerino, para no variar, y dice que no habían iluminado todavía algunas calles porque los técnicos están “acojonados”. La judicialización tiene la culpa. Tanto denunciar por denunciar, tanto ir a los tribunales... Van a confundir a los jueces con los jurados del Gran Teatro Falla. Ya sólo falta llevarlo a don Cicuta.

SE les debe reconocer a los dirigentes de la Sepi y Navantia que van a hacer una reconversión con arte en los astilleros de la Bahía. En la propuesta para el futuro van a reducir los 1.600 puestos de trabajo fijos existentes a unos 1.300. Se pierden 300 empleos. Pero va a pasar prácticamente desapercibido porque se darán tres condiciones estupendas. Una es que la plantilla nueva será de más calidad y más rejuvenecida (lo que significa que la actual es de menos calidad y más vieja). La segunda es que van a prejubilar, a los 61 años, a casi todos los sindicalistas actuales y a los que más protestan, en general (a diferencia de otros tiempos, cuando hubo prejubilaciones de cincuentañeros). Y la tercera es que gobierna el PSOE de Pedro Sánchez, con el auxilio de Podemos, por lo que ya no es igual que cuando gobernaba Rajoy. La izquierda hace las reconversiones y la derecha se lleva las ovaciones.

CUANDO gobernaba Mariano Rajoy, ese registrador de la propiedad, el PSOE exigía la inmediata supresión del peaje de la autopista, incluso pagando un rescate si preciso fuere, porque no se podía aguantar que esta provincia siguiera tan castigada como ninguna otra del país, incomunicada con el mundo, etcétera. Por el contrario, cuando gobierna Pedro Sánchez (del mismo PSOE), el peaje costará 7,40 euros en cada viaje a partir del próximo mes de enero, con una subida de 10 céntimos más, y eso es lo que hay. Porque dicen lo mismo que los otros del PP: que a final de 2019 caduca la concesión y no será renovada, y que cuesta muy caro rescatarlo, por lo que es preferible tener paciencia.

EN Cádiz hay dos puentes: el nuevo y el viejo. Según los informes del Ministerio de Fomento, el puente viejo está viejísimo. Es una de las infraestructuras españolas que necesita más obras de mantenimiento. Es decir, Cádiz necesitaría que el puente viejo (o de Carranza) lo volvieran a construir nuevo. Si hubiera un alcalde como los de antes, pediría al ministro Ábalos (que es del PSOE de Sánchez), que construya otro puente para la Bahía. Y la gente hablaría del puente de Kichi. Y él podría poner imágenes bonitas, captadas con drones, en las pantallas LED que todavía funcionan para las farmacias de guardia y el tiempo. Pero pierdan las esperanzas. No tenemos un alcalde con amor a los puentes, y eso se le nota.