ES la pregunta del millón: ¿quién será la candidata o el candidato del PP a la Alcaldía de Cádiz para las elecciones municipales de 2019? Todavía es una incógnita, aunque se esperaba que lo anunciaran en enero; y el plazo va por abril. El PP gobernó en Cádiz 20 años con Teófila Martínez, que volvió a ser la más votada en 2015, ya sin mayoría absoluta. Por ello, el candidato o la candidata del PP serán de mucha relevancia. Tanta que el PSOE y Ciudadanos también están esperando, posiblemente hasta ver a quién tienen enfrente. Se ha dado por supuesto que Podemos mantendrá a José María González, si no hay sorpresa. Pero estas elecciones se jugarán a cuatro. No tienen nada que ver con lo que hemos conocido hasta ahora.

ES una obviedad que Teresa rima con lideresa y con alcaldesa. La señora Rodríguez-Rubio ha preferido lo primero a lo segundo. Optó por una carrera política de incierto futuro (en la que ha sido cuestionada incluso por su portavoz adjunta Carmen Lizárraga), antes que aspirar a la Alcaldía de Cádiz, un sillón en el que finalmente acabó su amado José María González. Estoy convencido de que ella hubiera sido mejor alcaldesa que él. Peor resultaría bastante difícil, ni queriendo. Y además se le intuye a Teresa que lo asumiría con más tino y entusiasmo, porque se lo hubiera creído. Sus asesores la podrían presentar como la antítesis de Teófila: esto es, la alcaldesa de la nueva política.

ATENCIÓN a las obras que van a comenzar en el Paseo Marítimo de Cádiz. Es un lugar de alto riesgo. Siempre que empiezan unas obras entra la duda: se puede dejar mejor, o peor. En este caso todavía no ha quedado claro. Se ha puesto como excusa el carril bici, que por fin van a construir, tras una década de promesas incumplidas. Sin embargo, un Paseo Marítimo es mucho más que un carril bici. Por allí no sólo pasan ciclistas, sino también tráfico privado y público, así como corredores de running, peatones que pasean y bañistas en verano. Todos tienen sus derechos legítimos, sin que se pueda beneficiar a unos en contra de otros.

ESTAMOS perdiendo las costumbres tradicionales de toda la vida. Esto crea desasosiego e incertidumbres. Antes las rebajas de enero se aguardaban con entusiasmo. Empezaban el día 7, con las colas en busca de las gangas. Esas señoras que incluso se empujaban en la puerta de El Corte Inglés para lanzarse en tromba hacia la primera planta. Puede que en otros tiempos incluso se formaran colas en la puerta de Simago y de Soriano, ya no lo recuerdo. También había rebajas en El Piojito, y a veces incluso se inundaba en aquellos lunes junto al estadio Carranza. Eran otros tiempos. Ahora, por el contrario, estamos profetizando el fin de las rebajas.

ASÍ como agosto es el gran mes de Cádiz, enero sería el peor con diferencia, si no tuviéramos el Carnaval, que aporta mucho entretenimiento y un motivo para la felicidad, o lo que sea. Hay personas contrarias a nuestra fiesta que despotrican con grande ignorancia. Culpan al Carnaval del atraso de Cádiz, incluso del paro, de la falta de iniciativas emprendedoras, de la incapacidad de los gaditanos para reproducir el esplendor de siglos pretéritos. Incluso yo mismo he escrito que nuestras autoridades se aprovechan para hacerse los suecos. ¿A quién le importa ya el presupuesto municipal de David Navarro? Véase la cara de felicidad del alcalde González cuando se transforma en Kichi, nada más que entra en el Falla.