EL principio de acuerdo que han anunciado Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar un gobierno de coalición es un reto a las matemáticas. Entre el PSOE y Unidas Podemos suman 155 escaños, que serían 158, si les añadimos los tres del Más País de Errejón. Unidos no pueden gobernar, por sí mismos. Así que necesitan otros apoyos, incluso si les añaden los siete del PNV. Pueden conseguirlo con Frankenstein; es decir, con los independentistas. Y más raramente con un rosario de partidos, entre los que parece improbable que se sume Ciudadanos, al que Pablo Iglesias ya le ha trazado la línea roja.

EL día después de la desgracia electoral, los Reyes de España (como no son pobres) han viajado a La Habana. Les acompaña el ministro Josep Borrell, al que Pablo Casado preferiría como alternativa para ser presidente del Gobierno hipotético. Pedro Sánchez no debería seguir en la Moncloa, después de organizar unas elecciones para perder tres diputados, encumbrar a Vox, fortalecer a los independentistas catalanes, debilitar a Pablo Iglesias, dar un diputado y dos senadores a Teruel Existe, aburrir al votante y resucitar los fantasmas de las dos Españas. Sánchez es un lince de la política. Pero Pep Borrell es diferente: un catalán con seny de los buenos. Y acompaña a los Reyes a La Habana. Esa ciudad a la que no viajará nuestro Kichi.

LOS resultados del 10 de noviembre son peores que los del 28 de abril. Las perversidades del último medio año han pasado factura: la izquierda se ha estancado, el centro se ha perdido y la derecha se ha extremado, con el auge de Vox. La falta de líderes sólidos se nota. Primero fue Unidas Podemos la que se cargó el bipartidismo. Ahora es Vox, cuya fortaleza deja al PP muy lejos de ganar unas elecciones en España. Esto lo sabía Pedro Sánchez, pero parece que no Pablo Casado, cuya campaña ha sido tibia e insuficiente para pelear la victoria al PSOE. Entre el helicóptero que paseó a Franco y las barricadas de Cataluña han conseguido resucitar el fantasma de las dos Españas. A eso se ha sumado el hundimiento anunciado de Ciudadanos. “Con Rivera no”, decían los socialistas en la noche del 28 de abril. Fue un error.

EN esta jornada de reflexión hay que reflexionar sobre los detallitos populistas del Ayuntamiento de Cádiz. La última ridiculez es la excusa para no participar en los actos del V Centenario de La Habana. Al parecer, el viaje del alcalde Kichi y dos más (Barcia y otro) le iba a salir muy caro a las arcas municipales. Además de que en La Habana iba a coincidir Kichi con el rey Felipe VI y con Nicolás Maduro. Hubiera sido una foto impagable. A Kiki, que es mucho de La Habana, le hubiera encantado esa foto. Sería una bonita imagen de la reconciliación después del genocidio de los españoles y las torturas de los bolivarianos. Pero no ha sido posible.

SIGO con el análisis de las singularidades del tráfico gaditano. Una de ellas es la tendencia que tiene Martín Vila a llenar el casco antiguo de badenes, que no hacen falta para nada, sólo para estorbar, y afear el paisaje urbano. Sorprende que algunos colectivos ecologistas (la mayoría afines a Unidas Podemos) hayan apoyado la badenización de Cádiz, más en concreto de la Alameda. En vez de criticar el mamarracho de carril que allí han construido sus colegas; en vez de pedir que se reforme sin alterar el paisaje y sin eliminar la acera para los peatones. Pero, bueno, con eso ya se contaba. En cuanto a la mortalidad que iban a reducir con los badenes, tampoco hay allí tres o cuatro víctimas todas las semanas. Se habla de la Alameda, que no es el circuito de Montecarlo en los días del Gran Premio de Mónaco. Pero tampoco Cádiz es Baden-Baden.