LOS controles de tráfico establecidos en Cádiz durante el arranque para el cumplimiento de las medidas del Covid 19 no han tenido el mismo tratamiento que en otras capitales andaluzas. Cualquiera que los viera y los padeciera pensaría que la ciudad sufre lo peor de lo peor, cuando no es así, sino más bien al contrario. Dentro de lo malo, sigue entre lo menos malo de Andalucía. Cádiz no está como Granada, ni como Sevilla, ni como Jaén, ni siquiera como Jerez en la provincia. No se puede bajar la guardia, pero no hay que subirla a tan alto nivel que se asfixie aún más la tambaleante economía y la movilidad gaditana. Porque un atasco desde el Hospital Puerta del Mar hasta la entrada de Cortadura hace perder el tiempo a cientos de personas, la mayoría con motivos justificados para moverse a esas horas.

LOS horarios que ha aprobado la Junta de Andalucía son un quiero y no puedo. En realidad, lo que pedía el cuerpo presente de los hospitales a Juanma Moreno y a su lugarteniente ciudadano, Juan Marín, era cerrar los bares y las tiendas todo el día, como en Granada, que es la única forma de evitar que la gente siga en la calle. Pero, como las protestas iban a ser morrocotudas, no se han atrevido y se han quedado a medias. Cierre a las seis de la tarde y toque de queda a las diez de la noche. Es una incoherencia manifiesta. Para colmo, el domingo dijeron una cosa y el lunes la contraria sobre la discutible esencialidad de algunos negocios. En Cádiz el asunto es grave, porque esos horarios van contra la natura gaditana, que se resume muy sencillamente: cuanto más tarde, mejor.

EL equipo de gobierno municipal del alcalde Kichi está muy satisfecho por el avance de las obras en el Palacio de Recaño, para convertirlo en el Museo del Carnaval. Esta vez va en serio. Ya he comentado que en Cádiz no podemos creernos ninguna obra pública mientras no se vea un albañil. En el Palacio de Recaño se ve incluso maquinaria pesada, con los trabajos que realiza la empresa Bauen. Esas obras confirman el peso específico que tiene el Carnaval en Cádiz. Está bien, pero no se puede utilizar como excusa para anular otros proyectos importantes, que eran compatibles y que podrían dar prestigio, atraer a expertos y profesionales, y ayudar a que Cádiz salga de la mediocridad cuasi pueblerina en la que se puede quedar si no se remedia.

TIENE mandanga que Podemos acuse a Teresa Rodríguez de ser una tránsfuga, y que el Parlamento de Andalucía lo acepte. Con eso se confirma que el partido de Pablo Iglesias devora a sus hijas políticas, cual un Saturno desmadrado. Sólo le interesa que él, su señora, y sus palmeros y palmeras sigan en el poder, jornales para los suyos, y arrasar con cualquier atisbo de disidencia, mientras habla de transparencia. Dime de lo que presumes y se verá de lo que careces. Como no soy podemita, tampoco me importan demasiado sus asuntos internos, pero es injusto el tratamiento inhumano a una buena madre como Teresa, que además ha contribuido al auge de su grupo político, al que llegó cuando era un nido de indignados procedentes de La Tuerka.

POR culpa del coronavirus maldito se han cargado el puente de Todos los Santos y sus fiestas anexas. Parece obra del demonio (al que repelen siempre los santos), pero la culpa es de la cogobernanza del bien y el mal, que en última instancia sí podría ser un invento del Maligno. Porque se han juntado el hambre con las ganas de comer los huesos de santo y los buñuelos, incluso los panellets (que suenan a chuches del Frankenstein catalán), y así les han salido unas medidas estupendas para encerrar a la gente. El coronavirus va a su manera, como Frank Sinatra, y llega hasta la cocina de los bares y restaurantes, que cerrarán antes. El coronavirus va a su manera, sin control, porque los rastreadores son los últimos en enterarse, como la chirigota del Yuyu. España no es como China, donde encerraban a los contagiados, pero los encerraban de verdad, no para que salieran de paseo por el perímetro de los confinados.