EL cambio por el cambio no sirve para nada. Los cambios pueden ser a mejor o a peor. Pero cambios son. Significa que su maldad o bondad se debe construir, no está definida desde antes de empezar. Juan Manuel Moreno Bonilla llega a la presidencia de la Junta de Andalucía de rebote. No ha obtenido una victoria brillante, ni un gran éxito electoral para derrotar al socialismo andaluz después de 36 años. Ha sido él y sus circunstancias. Ha tenido la suerte de estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Y ha llegado a la presidencia de la Junta con 26 escaños, que son 24 menos de los que consiguió su compañero Javier Arenas en 2012. A pesar de todo, no ha llegado por casualidad, sino por un pacto firmado.

SÍ sí, sí, las cinco corbetas ya están aquí. En San Fernando, el Ayuntamiento de la socialista Patricia Cavada no ha dado abasto. El mismo día que las feministas socialistas se iban en autobús a manifestarse contra la derecha, la alcaldesa recibía al contralmirante de la Armada saudí Fahad Ali Alfuraidan, que acudía a presidir la emotiva ceremonia del corte de la primera plancha de acero. Esta ceremonia es como la primera piedra de las corbetas. En su día llegará la botadura, que antes se hacía con botellas de cava, y ahora ya no lo sé. Lo cierto es que les ofrecieron una recepción en el castillo de San Romualdo, donde la bandera verde de Arabia Saudí relució junto a la de San Fernando.

AUNQUE todavía no se ha presentado el nuevo Gobierno de la Junta de Andalucía, lo han desvelado a cachitos. Juan Marín, por Ciudadanos, y Loles López, por el PP, han explicado lo que tendrá cada uno: esto para mí y eso para ti. Ya está todo bastante claro. De modo que ya sabemos en Cádiz de qué partido dependerá cada marrón. Hasta ahora el PSOE gestionaba todo, y así se sabía que era irreversible. Pero con el reparto del PP y Ciudadanos, no será lo mismo. Porque el nuevo hospital de Puntales pasa a ser del PP y la Ciudad de la Justicia de Loreto pasa a ser de Ciudadanos, que a lo mejor la devuelve a San Severiano.

UN ejemplo de que el turismo no funciona  mejor en Cádiz por culpa de las autoridades es el Campo de las Balas. A día de hoy, sigue convertido en un aparcamiento de superficie, un uso chirriante para uno de los paisajes más singulares de la ciudad. Su historia es un ejemplo de la falta de proyectos en Cádiz, y de cómo el actual Ayuntamiento se ha encargado de malograr gestiones que eran de sentido común. Van improvisando, sin saber qué hacer. En el Campo de las Balas lo único que tiene sentido es un hotel, como estaba previsto. Aunque el Parador Atlántico renunció a la ampliación de sus instalaciones, quedaba la opción de encontrar otra alternativa que no ha cuajado.

EL español ya no es lo que era. Hay que ver lo que se ha formado porque la película Roma, de Alfonso Cuarón, ganadora del León de Oro en Venecia y de dos Globos de Oro, ha sido subtitulada al español. Hay diálogos en mixteco, que no los entendían nada más que los indígenas supervivientes de la masacre colonial de Hernán Cortés (ese conquistador, que se llamaba igual que el pintor gaditano); pero es que en Netflix y en algún cine de Madrid, capital de las Españas, habían traducido todo, incluso “el español de México”. Y, claro, han puesto el grito en el cielo, con razón. Porque estos mexicanos antes eran unos hijos de la Madre Patria en su versión de manitos, pero ahora son unos migrantes y puede que los expulsen, y para colmo no se les entiende en su jerga.