NO sé si ustedes están siguiendo el Tour de Francia. Es muy recomendable, ahora que ha terminado el Mundial de fútbol, precisamente con el triunfo de Francia, y algunas tardes ayuda a dormir la siesta. Sin olvidar que en el Tour se aprenden ideas, ahora que en Cádiz hay un nuevo carril bici en un tramo del Paseo Marítimo, y se venden más bicicletas, y cualquiera se cree que es un discípulo de Miguel Induráin. Pues en el Tour, el pasado domingo, camino de Roubaix, los ciclistas se caían uno tras otro, por los adoquines del temido pavés. Y yo les digo mi verdad: el pavés de los adoquines del Tour es una porquería al lado de lo que hay en Cádiz.

HOY es 16 de julio y las puertas de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa se abrirán para que la Virgen vuelva a salir a las calles de Cádiz. Ella es la Reina del Mentidero y la Estrella de los Mares, y Ella es también la causa de que ese templo siga abierto. En contra de lo que piensan muchos gaditanos, la iglesia del Carmen no se ha cerrado. Lo saben los hijos de esa Madre, que acuden los sábados a verla en los cultos semanales de la Sabatina. Lo saben los pocos matrimonios que han conseguido casarse en el templo, a sus pies, en los últimos meses. Lo saben quienes todavía acuden los domingos para asistir a la misa. Lo saben todos los que quieren que ese templo siga abierto, como su corazón se abre para amar a la Virgen del Carmen, en una devoción que se heredó de generación en generación.

HOY, como ayer, Cádiz se hace pirata. Por inventar fiestas no quedará, así en verano como en invierno, pues no hace mal a nadie y sienta bien al comercio y la hostelería local. Todos los fines de semana verán algo en las calles. Hace siete días tuvimos una procesión del Vía Crucis magno con 16 pasos de la diócesis, y este sábado tendremos el Cádiz Pirata, que han organizado los comerciantes de Cádiz Centro y el Ayuntamiento. Si Ernest Hemingway escribió que París era una fiesta, Cádiz no es una fiesta, sino todas las fiestas, vamos de una a otra, como si estuviéramos de fiesta permanente. Por lo demás, esto del Cádiz Pirata tiene fundamento.

PUEDE que en otra vida Jorge Alberto González Barillas hubiera sido un personaje en un cuento de Gabriel García Márquez. Puede que se hubiera escapado de las páginas de un libro, donde quizás convivió con El último viaje del buque fantasma, Blacamán el bueno vendedor de milagros, o La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. Puede que su magia sea la consecuencia de una vida apócrifa, donde las leyendas se mezclaban con las fantasías hasta confundirse con la realidad. El Mago no había sido un futbolista, sino un personaje. El principal enemigo de un mago será siempre él mismo, porque conoce los trucos de su magia. Así construyó dos mundos.

EN Riad, capital de Arabia Saudí, las cosas de palacio van despacio. En eso se parecen a Cádiz. Por fin, el príncipe heredero, Mohammed Bin Salman Bin Abdulaziz Al-Saud, ha firmado el contrato que pactaron el pasado mes de abril en Madrid. Un contrato conseguido gracias a la mediación del rey Felipe VI y su padre Juan Carlos, cuando todavía era presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Precisamente la entonces ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, fue la que intercambió el acuerdo de intenciones. El contrato es famoso, porque aportará una inversión de 1.880 millones de euros y facilitará cinco años de carga de trabajo en el astillero de Navantia en San Fernando, con 6.000 empleos directos e indirectos.