UNA característica de la sociedad actual es la hipocresía como forma de vida. La política española es uno de sus mayores exponentes. Utilizan las apariencias como normas de conducta, de modo que lo importante no es el ser, sino el parecer. En los pactos para el Gobierno, las autonomías y los ayuntamientos  tenemos un gran ejemplo. Cada partido hace lo que le conviene, allá donde puede. Sin embargo, con la complicidad de sus grupos mediáticos de presión, intentan machacar a los rivales cuando hacen lo mismo. Es sarcástico que digan lo contrario de lo que decían. Pero lo más pintoresco es el trato que dan a Vox y a Podemos.

EL sábado 15 de junio de 2019 será recordado como un mal día para la democracia. Excepto en las ciudades y pueblos donde los alcaldes consiguieron mayorías absolutas, en los demás pasó de todo, con una verbena de componendas al mejor postor. Siempre hubo curiosidades, pero la fragmentación de la nueva política ha favorecido casos bochornosos. Por ejemplo, el de Melilla, donde gobernará Ciudadanos, que sólo había conseguido un representante. Después de una jornada como la de ayer, los partidos deberían pactar una reforma de la ley electoral, para que los alcaldes sean elegidos directamente por los vecinos en segunda vuelta.

DESPUÉS de la oleada de elecciones, España se ha convertido en el paraíso de los gurús políticos. Ahora hasta el más tonto vende una sandía como si fuera un balón. Para más despistar, intentan pactos sorprendentes en los trapicheos de las elecciones. En las primeras municipales de 1979 se montó un escándalo fenomenal cuando PSA y PSOE pactaron el trueque de las alcaldías de Sevilla y Granada, que convirtió en alcaldes, de rebote, a Luis Uruñuela y Antonio Camacho, respectivamente. Aquello fue un juego de niños traviesos, al lado de lo que pretenden ahora, cuando el debate del PSOE está en si pactan o no con Bildu en Navarra. O cuando Vox imita a Unidas Podemos, en el rechazo a los presupuestos andaluces, para ver qué sacan a PP y Cs  en otras regiones.

MADRID y Barcelona son la alegría de la huerta de España. Sus equipos ganan casi todos los títulos de fútbol. En las pocas veces que un equipo de Sevilla o de Valencia también toca una Copa se considera un acontecimiento extraordinario. Antes, cuando Franco, este país se dividía en Madrid y provincias. Los de Vox también lo querían dividir así, hasta que  consiguieron diputados autonómicos, y ya lo ven con más calma. Al llegar las elecciones municipales, España se dividió en Madrid, Barcelona y todos los demás. Por eso, en estos días de pactos, van como locos. Se oyen rumores de mayorías que ni te las imaginas.

En 2015 se acuñó aquello de los alcaldes del cambio. Los de Podemos, con  sus confluencias, mareas y afines, colocaron a Manuela Carmena como alcaldesa de Madrid y Ada Colau en Barcelona. Pablo Iglesias pensaba que era el primer paso para asaltar los cielos de la Moncloa. En el PSOE se atacaron de los nervios. Unos meses después, los del PSOE asaltaron su sede de la calle Ferraz; pero el experimento les salió al revés, y el asaltado le dio la vuelta a la tortilla campera, y asaltó él mismo los cielos de la Moncloa, donde se quedó. Gracias al cable que le echaron sus rivales del PP, Cs y Vox, que tanto le han ayudado en su carrera, cepillándose a Susana, y encumbrándolo a él.

Pongamos que se hablaba de Madrid, como diría Joaquín Sabina, un poeta que ejerce de trovador de Kichi de Cai. En Madrid, el PP se lo puso facilito a Manuela Carmena, presentando como candidato a José Luis Martínez-Almeida. Aunque más kamikazes fueron con la comunidad, donde presentaron a Isabel Díaz Ayuso. ¿No tenían a nadie mejor? A veces ocurren milagros, como que el PSOE presentó para alcalde a Pepu Hernández, por colaborar. Y así se ha llegado a la posibilidad de un pacto a la andaluza, que el progrerío madrileño intenta romper como sea. El caso es grave.

Peor es el de Barcelona, donde se ha metido por medio el auténtico Manuel Valls, resignado a hacer alcaldesa a Ada Colau, a cambio de nada. No quiere un alcalde independentista, dice. En Barcelona, los indepes con ERC y Junts sólo tienen 15 concejales. Perdieron los tres de la CUP. Entre el PSC, Cs y el PP suman 16. Así que la única forma de que el alcalde sea el indepe Maragall es que lo apoye la señora Colau, que es la misma a la que Valls ofrece sus votos gratis.

¿Por qué Ada es mala si va con ERC, pero es buena si va con Valls y el PSC? Misterios de las hadas. Después dirán que han respetado la voluntad popular, que es esotérica.

José Joaquín León

HOY, además de la urna para las elecciones municipales, hay otra para las europeas. A la mayoría de los votantes les interesa más Villacanuto del Monte, o su pueblo, que el resultado europeo. El gran problema de Europa es que el europeo no la ama. Es decir, no la quieren los británicos del Brexit, que probablemente será duro, pero tampoco los alemanes, los franceses, los italianos, los holandeses, los belgas, los españoles, los portugueses, los griegos, ni en ningún país. Europa, capital Bruselas. Es un lugar que sólo sirve para amordazar y restar soberanía a los países, según los nacionalistas. Aunque también sirve para pagar muchas facturas en obras públicas, cuyas medallas se cuelgan otros señores.