A Pablo Iglesias, y a los de Podemos en general, se les nota demasiado que el procés de Cataluña les incomoda. Para empezar, obliga a definirse en una cuestión donde les conviene mantener la cobardía de la ambigüedad. Para seguir, les crea un conflicto territorial en Cataluña, donde sus bases son independentistas, y les origina un marrón en el resto de España, porque pueden desencantar a  votantes que arrebataron al PSOE. Para justificar lo injustificable, sus dirigentes (incluyendo a su lideresa andaluza Teresa Rodríguez)  han optado por la cuadratura del círculo: apoyar el referéndum, pero no la independencia de Cataluña.

CATALUÑA se jodió del todo el 9 de enero de 2016, el día que pactaron la antigua CiU y ERC con los antisistemáticos de la CUP para votar a Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat. De ese modo los partidos independentistas de la burguesía catalana y la izquierda republicana de butaca se aseguraron lo que les faltaba: unos mamporreros. Poco después establecieron una hoja de ruta, que fijaba la desconexión catalana para el otoño de 2017. En eso siguen, no han dado un paso atrás. El PP y el PSOE se distraían con sus propios asuntos, y pensaron que el conflicto se arreglaría gracias al sentido común. No entendieron que los otros navegaban por un río que desembocaría en la independencia, sí o sí, por lo legal o lo ilegal, antes o después.

LA España plurinacional, a efectos prácticos, se divide en Madrid, Cataluña, las provincias y el campo. A pesar de que existe un supuesto Estado de las Autonomías, el interés informativo mantiene una discriminación que viene desde antes de Franco. De manera que todo lo que ocurre en Madrid es importante, lo de Cataluña es inquietante, en las provincias depende de si hay muertos o heridos, mientras que el medio rural es agradable para desconectar un fin de semana. No existe en condiciones normales. Por eso, se le ha prestado una relativa atención al incendio ocurrido en La Cabrera, en la provincia de León, que ha sido el mayor del año en España, con un total de 10.022 hectáreas calcinadas.

ESTAMOS desconectados de la realidad de Cataluña. Allí el principal problema es la CUP, un grupo de ultras antisistemáticos, mentirosos por definición, excluyentes y manipuladores, al lado de los cuales Pablo Iglesias y los de Podemos parecen burgueses de la casta. Consiguieron 10 escaños en el Parlamento de Cataluña, que son imprescindibles para mantener en el poder al Junts pel Sí de Puigdemont y Oriol Junqueras. Es decir, que los partidos catalanistas tradicionales (la antigua Convergencia de Mas y la ERC del tripartito) han pasado a estar trincados por la CUP. Son ellos quienes marcan la hoja de ruta independentista y quienes actúan de mamporreros.

EN la manifestación contra el terrorismo en Barcelona (que fue televisada ayer en directo) han quedado expuestos todos los complejos políticos que sufrimos en este país. Se intentaba dar una imagen de unidad, al menos en las fotos, que quedarán para la posteridad. Ese requisito se cumplió de alguna manera. Incluso intercalaron a musulmanes y personas de diversas razas y confesiones entre los líderes políticos. Sin embargo, el conjunto de los manifestantes fue demasiado variopinto y contradictorio. Banderas de todos los colores, catalanas y españolas, pero también independentistas y republicanas. La CUP enredando con sus cartelitos. Hubo de todo y se ha discutido todo. Empezando por el propio lema de la manifestación “No tinc por” (“No tengo miedo”), donde dicen que ha quedado eclipsado el origen del asunto. El lema pudo ser “Contra el terrorismo yihadista”. Lo del miedo genérico parece más ambiguo.