ENTRE los pocos pensadores políticos que han quedado en España se encuentra Pablo Iglesias. El suyo es un pensamiento político simplón. No se lo debe creer ni él mismo, ya que es marxista del sector Groucho, y cambia sus principios con frecuencia, según le convenga. Algunos lo sobrevaloran y lo ponen casi al nivel del otro Marx, el gran Karl, en el que teóricamente se fundamenta, si bien adaptado a los indignados de hoy. Pablo Iglesias, ideas al margen, tiene una estrategia. Y hay que alabarlo, porque es de los pocos que no oculta lo que quiere: el poder absoluto. Para conseguirlo ha llegado a la conclusión de que debe hacer con el PSOE lo mismo que con Izquierda Unida: primero una coalición, después una confluencia, y por último cepillárselo.

EN pleno berenjenal catalán, ha muerto Montserrat Caballé. De ella se está diciendo que fue la gran soprano de su tiempo, la única que le disputó la primacía de ser la mejor del siglo XX a María Callas. Ella también popularizó la ópera entre unas clases sociales ajenas a esa burguesía catalana que llenaba el Liceu en los tiempos de Franco, cuando debutó. Ella tenía una voz irrepetible, que era como de claridad y soledad sonora, se podría seguir parafraseando a San Juan de la Cruz, como un cántico que llegaba de cielos muy remotos. Y ella fue un ejemplo para la Cataluña de hoy, porque era catalana y española. Nunca se avergonzó.

EN cualquier país democrático y civilizado de Europa occidental, el Gobierno de Pedro Sánchez estaría al borde de un réquiem. Sin embargo, en España, según la última encuesta publicada por el CIS, el PSOE sería el partido más votado en caso de elecciones y alcanzaría el umbral del 30% . Es verdad que esta encuesta ha servido de cachondeo, por la falta de rigor del CIS, que ha utilizado unas muestras mínimas y ha cocinado como si estuvieran en el  Masterchef político. Parece como si el nuevo presidente, José Félix Tezanos, que antes de eso pasaba por estratega del PSOE, hubiera mandando a los encuestadores y encuestadoras con la camiseta del puño y la rosa.

EL Papa Francisco va a conseguir lo que intentaron sin éxito los cuatro pontífices anteriores: un acuerdo con el Gobierno comunista de China. Debe servir para unificar a las dos Iglesias católicas chinas y para que el Papa acuda en visita oficial. Aunque parezca una noticia pintoresca, o simplemente curiosa, es muy importante, sobre todo para los católicos. Puede que sólo se valore su repercusión con el tiempo. China es hoy la reserva espiritual del mundo. Puede que nuestros nietos conozcan un Papa chino. La herencia de Mao Zedong ya apenas se queda para el mausoleo de la plaza de Tiananmen, la veneración de los militantes del comunismo y la venta de souvenirs para los turistas.

LOS chavalitos de la nueva política ningunean todo lo de la Transición. Carecen de memoria, porque algunos no habían nacido y otros eran parvulitos. Como no vivieron la reconciliación de las dos Españas, las han vuelto a extremar. Y así estamos, discutiendo si son doctores o doctorandos, si plagiaron más de la mitad o sólo un poquito, si el master se lo regalaron unos amigos, o si algunos concejales terminaron Primaria. En verdad os digo que esto no pasaba antes, en los tiempos de la vieja política, ni siquiera en el franquismo, ni en la Segunda República. Eran tiempos en los que hubo incluso eminentes catedráticos de Universidad dedicados a la política.