UN sector de la izquierda española, el más extremista, cree que todavía estamos en los años de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Presumen de progresistas, y es una ironía, porque no miran al futuro, sino que viven anclados en el pasado y manipulando la memoria a su antojo. Es lamentable que presenten el apoyo a la OTAN en el conflicto entre Rusia y Ucrania como si el Gobierno español (¡ojo, en el que participan los suyos!) fuera a enviar una División Azul del siglo XXI. No es eso, no es eso. Ni tampoco la Rusia de Putin es la misma que la URSS de Lenin y Stalin. Aunque los afanes imperialistas de Putin tengan el mismo objetivo que el comunismo soviético, que invadió y se anexionó los países de su entorno con sangrientas dictaduras.

A la Pandemia la quieren llamar la Endemia. Lo dijo Pedro Sánchez, aunque matizó que “no será de un día para otro”. No va a ser como la burocracia exprés de Juanma Moreno en la Junta. Sobre estos nombres de la Pandemia y la Endemia, es raro que no hayan protestado las feministas, ya que a las cosas malas les ponen nombre de mujer. ¿No podrían ser el Pandemio y el Endemio, que suenan a golfantes? A la Pandemia le quieren cambiar el nombre y llamarla la Endemia para reinventarla. Para darle una segunda oportunidad, y que a la gente no le parezca tan hija de mala madre (otro ejemplo de machismo atroz); y que no le vuelvan a echar la culpa a las manifestaciones del 8-M, cuando después se ha manifestado todo el que ha querido y con megáfonos, y hasta han salido los reyes magos en cabalgatas. La Endemia estaría mejor maquillada que la Pandemia, sería más presentable en la harta sociedad.

EL ministro Alberto Garzón es un ejemplo de lo que no debe ser un ministro. Por eso, no se pueden disculpar sus errores. No vale con decir que son garzonadas. No se le puede tratar como a los niños traviesos y metepatas. La vicepresidenta Yolanda Díaz, todavía de Unidas Podemos, ha dicho: “Es un metepatas, pero es nuestro metepatas”, lo que ha causado cierta perplejidad y ha contribuido al pitorreo general. Por eso, es justo pedir su destitución. Sería oportuno que Pedro Sánchez lo destituyera, aunque se sabe que no lo destituirá. Y no porque lo pida el PP, sino que ha conseguido indignar incluso a barones socialistas, como Lambán y García-Page, que están hartos de las pamplinas de ministros chiquilicuatres y metepatas como el citado.

UNA cuestión previa: tenemos un influjo alemán en lo político, pero lo disimulamos. En la Transición, nuestra democracia se fijó en Alemania para su reforma política, quizá porque ellos pasaron desde el nazismo a la democracia. La Fundación Konrad Adenauer  (o sea, los demócratas cristianos de la CDU) asesoró a la UCD de Adolfo Suárez, que fue un partido con demócratas cristianos, aderezado con otras incorporaciones de liberales y centristas varios. Y la Fundación Friedrich Ebert  (o sea, los socialdemócratas del SPD) asesoró al PSOE de Felipe González, que convirtió en estatuas de sal a los socialistas históricos, cuando salieron de la noche de los tiempos. Así nació nuestra democracia bipartidista.

LOS empresarios y los sindicatos pactan mejor cuando hay dinero por medio. Bien lo sabe Pedro Sánchez, que ha vuelto a demostrar sus dotes de titiritero con el acuerdo para la reforma laboral. Ha utilizado como peonas de confianza a Nadia Calviño, que tranquilizaba a los empresarios, y a Yolanda Díaz, que daba confianza a los sindicatos. Y así ha salido un texto que no entusiasma, que incumple básicamente lo que los empresarios y los sindicatos defendían ante los suyos. Sin embargo, es un documento esencial para presentarlo en Bruselas y que toque el Gordo de los fondos europeos. Cobrar es lo único importante y todos llevan participaciones.