LA política educativa de cierta izquierda (la más extremista) se basa en acabar con la enseñanza concertada, la asignatura de religión y el castellano (que en el resto del mundo se conoce como español) como lengua matriz del Estado. Sobre esto último me voy a centrar. Lo otro forma parte de unas posiciones sectarias, marxistas a ultranza, que aspiran a imponer. La gente debe entender que las mayorías en las urnas sirven para frenar abusos como éste, y blindar la democracia y las libertades frente a los arrumacos de Frankenstein. Para no pasar de Guatemala a Guatepeor. Pero me refería al español, que es la lengua de Guatemala, y sigue siendo la de España, lo que no impide que otros territorios tengan las suyas, y que se deban preservar. Sin cargarse a la de todos.

RASGARSE las vestiduras por el acuerdo del PSOE con Bildu es una gran hipocresía. Todo está en la hoja de ruta que Pablo Iglesias le exige a Pedro Sánchez. Algunas intervenciones parlamentarias menores confirman objetivos mayores. Es lo que sucedió con Pablo Echenique, portavoz de Unidas Podemos, en el debate de los Presupuestos. Estaba con duras críticas a Ciudadanos, a pesar de que Inés Arrimadas se había subido al burro del que tira Frankenstein. Y para rematar la faena, Echenique expuso los verdaderos objetivos de su grupo: gobernar mucho tiempo y crear un Estado “plurinacional y republicano”. No hay que cerrar los ojos ni los oídos, eso es lo que buscan.

LA victoria de Joe Biden es justa y necesaria para los EEUU y para el mundo en general. Donald Trump es uno de esos tipos de alto riesgo que pueden montar un conflicto universal. Con la Unión Europea no se ha entendido y tiene amistades peligrosas, así como una tendencia al histrionismo. Verlo al lado de Kim Jong-un, el dictador comunista de Corea del Norte, después de casi declararle una guerra, confirmó que su fiabilidad era nula. Sin embargo, la previsible victoria de Joe Biden ha quedado empañada por el recuento sosegado de los votos, que es impropio de la mayor democracia del mundo. Cinco días después de la jornada electoral han seguido sin resultados definitivos.

AL final de esta pandemia pasará lo mismo que un siglo antes: así como hubo una gripe española ya tenemos un coronavirus español. Está demostrado que la gripe de 1918 no se originó en España (unos dicen que en China, pero parece más probable en EEUU), sino que el mundo ya nos odiaba, para variar. La Primera Guerra Mundial favoreció la movilidad con las tropas, y aunque España era neutral aquí murieron unas 200.000 personas. Al conmemorar el centenario todo se parece demasiado a lo que ocurrió entonces. Donald Trump y Santi Abascal hablan del “virus chino”. Algunos científicos conspiranoicos (o paranoicos) apuntan que fue creado en un laboratorio de Wuhan, y que no es cosa de murciélagos ni pangolines. Los científicos más creíbles insisten en que nadie lo inventó, y que no ha sido el primero ni será el último que forma un lío.

 

DESPUÉS de la moción de censura que le montó Santiago Abascal, como si fuera su gurú, se fue Pedro Sánchez a visitar al Papa (a ver si le sirve para algo) y ya se prepara otra vez para el estado de alarma, lo que más le gusta. Pedro va entre el cielo y el suelo, como cantaba Mecano. Ya se les ha descontrolado completamente del todo la gestión sanitaria de la segunda ola. Han vuelto a cometer errores de bulto. Sin embargo, aquí vivimos en los mundos de Yupi, con don Simón al aparato, lo que está en la esencia del desastre. Sólo importa la política de vía estrecha. Vox ha cometido un gran error, ya que las mociones de censura no se organizan para perderla por goleada y dar oxígeno a un Gobierno en apuros.