LA gente que ha leído a Mario Vargas Llosa, al menos Conversación en la Catedral, se pregunta: “Zavalita, ¿en qué momento se volvió a joder lo del coronavirus?”. La respuesta es sencilla. Todo se empezó a torcer a principios de julio, cuando abrieron las fronteras con otros países, cuando hablaron de la nueva normalidad (que era anormal), cuando querían recuperar el turismo a lo loco, sin adoptar las medidas de control y precaución necesarias. Empezaron las locuras de los jovencitos en las noches, las locuras de los aeropuertos, las locuras de las reuniones como si nada, la locura mayor: creer que la pandemia había terminado. Pusieron la primera piedra para la segunda ola. La prueba de que todo se ha vuelto a joder es que otra vez el ministro Salvador Illa ha asumido el control, aunque en régimen de cogobernanza.

LA polémica entre Monarquía o República, que han montado los de Unidas Podemos (con la complicidad del PSOE, que practica un doble juego) es artificial y engañosa, un señuelo burdo que lanzan en un momento de agobio para este pésimo Gobierno. Cuando España vuelve a ser el país europeo con más casos de coronavirus, cuando un grupo de 20 científicos piden en la revista The Lancet una investigación independiente de la gestión en España por su alta mortalidad, con la economía arruinada, el turismo hundido por el boicot europeo, y con los contagios multiplicándose. En ese contexto, Pablo Iglesias (para frenar su decadencia política) lanza el debate contra la Monarquía. Con una deslealtad canallesca. En ningún país de la Unión Europea el vicepresidente del Gobierno es un antisistema, ni se comporta como tal.

ESTA es una de las preguntas que más inquietan ante la segunda ola del coronavirus. ¿Es buena la cogobernanza? Una vez que acabó el alarmante estado de alarma, ¿es mejor que los presidentes autonómicos gobiernen sus territorios, cual repúblicas de taifas? La respuesta es sencilla: la cogobernanza será buena o mala según el cogobernante. Pasa igual que con los gobiernos. Es decir, que si te cogobierna un cenutrio de la política como Quim Torra, incluso puede superar las torpezas de Pedro Sánchez. Los partidarios de la España Una deberían recordar que con el mando único hemos tenido unos 45.000 muertos en la primera ola, según fuentes oficiosas. Con la mayor ruina de Europa y con la segunda mayor tasa de muertos. El listón lo han puesto muy alto, parece insuperable, Dios no lo permita.

LOS ministros aplaudieron a Pedro Sánchez por los resultados de las subvenciones europeas. Ya lo escribí, como si les hubiera tocado el Euromillones o el Gordo de Navidad. A la peña de la Moncloa sólo le faltó brindar con cava. ¿Cava catalán? Por culpa de los socios indepes del Gobierno, por culpa de Quim Torra y sus consellers, España entra de nuevo en las listas negras de media Europa, coincidiendo con el turismo de verano. Hagan las cuentas, no sólo para formar gobiernos con Frankenstein y su pandilla. Han pasado cuatro meses y medio desde el estado de alarma. El Gobierno no ha aprendido. La segunda oleada avanza, mientras ellos y ellas aplauden con entusiasmo.

PODEMOS entender que los partidos no dicen lo mismo cuando están en el poder o en la oposición. Podemos entender que para un partido como el PSOE de Andalucía, que ha gobernado aquí tantos años, el momento es de duda existencial. Particularmente, porque un político puede estar en la oposición para llegar al poder (como le pasó al mismísimo Pedro Sánchez, o antes a Rajoy y Zapatero; y en Andalucía a Juanma Moreno), pero pasar del poder a la oposición es duro y se hace cuesta arriba. Porque existe un pasado. Por eso sorprende la oposición de Susana Díaz a la Junta en la crisis del coronavirus. Un ejemplo: ha pedido que repartan mascarillas gratis en Andalucía.