ESO que llaman El Clásico, entre el FC Barcelona y el Real Madrid, a disputar el miércoles, día 18, es algo más que un partido de fútbol. Puede ser incluso determinante para el pacto de Gobierno entre el PSOE de Pedro Sánchez y Unidas Podemos de Pablo Iglesias, ya que según lo que ocurra quizás condicione la posición definitiva de ERC y hasta de JxCat. Puede parecer exagerado, pero el conflicto de Cataluña no se basa en la razón, sino en la pasión. Y no hay nada que influya más en los sentimientos que el fútbol. La gente puede cambiar de pareja, incluso de ideas políticas, pero se conocen pocos casos de mudanza de hinchas al eterno rival.

EN las últimas elecciones generales del 10 de noviembre, Unidas Podemos quedó por detrás de Vox. El partido de extrema derecha consiguió 52 escaños, mientras el de extrema izquierda se quedó en 35. El grupo de Pablo Iglesias perdió siete escaños, si se compara con el resultado del 28 de abril, pero se quedó con 36 menos de los 71 escaños que había obtenido Unidos Podemos (entonces en masculino) el 26 de junio de 2016. Estaban a sólo 14 escaños del PSOE de Pedro Sánchez (que obtuvo un mal resultado con 85). En 2016, Unidos Podemos obtuvo 5.049.734 votos, frente a los 5.424.709 del PSOE. Es decir, que estaban a menos de 400.000 votos de los socialistas. Mientras que tres años y medio después, Unidas Podemos ha conseguido 3.097.185 votos, frente a los 6.752.983 votos del PSOE. Es decir, que les han sacado más de tres millones y medio de votos de diferencia. Desde luego, no creo que sea por el cambio de sexo del partido, que pasó de Unidos a Unidas, sino porque Pablo Iglesias se ha hundido.

EN el fragor de la batalla para gobernar en España, ha pasado casi desapercibida la amplia mayoría que ha conseguido la Comisión Europea. Son esos señores y señoras a los que aquí llaman Bruselas. Los mismos a los que la Junta de Andalucía anterior pedía dinero para tranvías que todavía no funcionan; o para el AVE transversal Sevilla-Granada, que abandonaron sin terminarlo. Esa Bruselas a la que los ayuntamientos piden dinero para embellecer sus ciudades y que presuman sus alcaldes y alcaldesas. Pues bien, el gobierno europeo ha sido aprobado por una mayoría amplia, con 461 votos a favor y 157 en contra. La nueva Comisión está presidida por la alemana Ursula von der Leyen, perteneciente a la CDU de Merkel; es decir, a los populares europeos. Y un pilar esencial, como responsable de la política exterior común, es Josep Borrell, un socialista español, que ya se ha ido del Gobierno de Pedro Sánchez; y empieza a despotricar del pacto con ERC.

EL principio de acuerdo entre el PSOE de Pedro Sánchez y el Unidas Podemos de Pablo Iglesias ha tapado otros aspectos importantes del 10-N. Se ha quedado en segundo plano la crisis de Ciudadanos, un partido que se debatirá entre la fusión/absorción por el PP o intentar renacer de las cenizas. En las últimas cuatro décadas, cuando un partido de centro se viene abajo, ya no se levanta. Le pasó a la UCD, al CDS, a UPyD, y probablemente le ocurrirá a Ciudadanos. Su evolución ya se verá. En el PP están relativamente contentos, porque Pablo Casado ha obtenido 23 escaños más que en abril. Sin embargo, en el PP deberían valorar que si en toda España hubieran aglutinado el voto útil del centro derecha, como Núñez Feijoo en Galicia, hoy podrían tener más escaños que el PSOE.

CADA día está más claro que el principio de acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se debió a la emergencia de dos líderes con apuros internos. En 24 horas consiguieron lo que no habían sido capaces en todo el verano. El PSOE de Pedro perdió tres escaños y la Unidas Podemos de Pablo se quedó con siete menos. La disidencia interna estaba empezando a organizarse en los dos partidos de la izquierda. El hundimiento de Ciudadanos frustró la opción de pacto con los de Albert Rivera, pero algunos barones socialistas y Felipe González no quieren ver a Frankenstein ni en el cine. Así que Pedro necesita a Pablo para tener una base garantizada de 155 escaños con los que empezar a negociar. Y Pablo necesita algunos ministerios, con sus correspondientes cargos provinciales, para calmar el cabreo de los podemitas más insumisos.