EN enero de 2019 se cumplirán 30 años desde la refundación del PP, y algunos consideran que sería un buen momento para volver a refundarlo. En estos tiempos de la nueva política ya no se entiende aquella refundación, que contribuyó a que el centro y la derecha dejaran de perder elecciones contra Felipe González, una tras otra, y así desde 1982 a 1996. La refundación se gestó porque la Alianza Popular de Manuel Fraga ya estaba harta de perder, y porque les había salido mal el intento de rejuvenecerla con Antonio Hernández Mancha como líder. Fraga volvió a tomar las riendas, pero el que iba a mandar era un muchacho llamado José María Aznar, al que colocó como vicepresidente de su partido.

EL último comunicado de ETA es rechazable por su inmoralidad, al diferenciar víctimas buenas y malas. Sin olvidar eso, tampoco debe apartarnos de la realidad. ETA está cumpliendo los últimos trámites para disolverse como organización terrorista, aunque en realidad ya no existe. Ha dejado de ser una preocupación para la mayoría de los españoles desde que no asesinan. El Gobierno de Rajoy pasará a la historia como el que certificó la defunción de ETA, aunque se debe reconocer a Zapatero (y a Rubalcaba) que la lucha contra el terrorismo etarra fue uno de sus pocos puntos fuertes como gobernante, y que resultó decisivo para el fin de los crímenes. Es una victoria de la democracia, con especial valor y significado para el PP y el PSOE, que perdieron a militantes y cargos, asesinados en ese largo y duro camino del terror, que comenzó en las postrimerías de Franco y ha terminado en la segunda década del siglo XXI.

LOS títulos y méritos de los políticos están en el punto de mira desde hace tiempo. Esto no lo ha inventado Cristina Cifuentes, con su máster de misteriosa procedencia. Tampoco es el único caso lamentable, como se está viendo. Se ha abierto la veda del titulado. Uno de los que más la criticaba era José Manuel Franco, líder socialista madrileño, y él mismo ha reconocido que se añadió en su currículum una titulación de Matemáticas que no tenía. En Galicia ha dimitido el número dos de Podemos, Juan Merlo, obligado por sus compas, porque en su curriculum aparecía “por error” un falso título de ingeniero. Dicen que no es lo mismo que las presuntas mentiras de Cristina Cifuentes, pero sí es lo mismo, porque hicieron lo mismo: mentir e inventarse méritos.

SE equivocó la paloma, según Rafael Alberti, que era comunista. Sin embargo, ahora se ha equivocado la gaviota, que echó a volar en el momento más inoportuno para el PP. A cambio les ha quedado una encina, que según explicó Fernando Martínez Maíllo, es un árbol que aguanta todo: “viento, frío, hielo, o nieve”. A las primeras del cambio, han puesto a prueba la encina, no con un temporal sino con dos, pues han venido las tormentas Cristina y Carles, de sopetón. Zona catastrófica en la convención de Sevilla, desde antes de empezar. La encina ha debutado con mal fario. Yo no digo que sea gafe, pero tiene toda la pinta.

HACE una semana, en la madrugada del domingo pasado, nos cambiaron la hora. Como era Domingo de Ramos, la gente estaba entretenida, de modo que apenas han aparecido las tradicionales quejas que acompañan a esta medida desde su implantación. El día de cambiarlo ha sido oportuno este año. Ha permitido una Semana Santa con más luz, con unos atardeceres bellos para ver los pasos. Entre los nazarenos y la captura de Puigdemont, la medida ha colado con plena naturalidad. Otros años incluso Mariano Rajoy habló de los horarios españoles. Porque aquí, cuando se cambia la hora, se cambia de verdad.