EL invento de partido que está formando Íñigo Errejón no es una ocurrencia. Algunos lo subestiman, pero está correctamente planificado. Puede que se estrelle, porque el voto es más volátil de lo que parece. Muchos electores dudan entre indignados y aburridos, dos estados de ánimo negativos, de los que puede salir cualquier cosa. Errejón, en condiciones normales, se hubiera apuntado al PSOE, como otros comunistas arrepentidos y con apetito de poder. Pero, en estos momentos de incertidumbre, el mejor servicio que puede prestar para que Pedro Sánchez sea presidente es justo lo que hace: aplicar el modelo andaluz (eso que ellos llamaban el trifachito) a la izquierda fraccionada.

LA buena gente se pregunta: ¿Cómo es posible que Pedro Sánchez sea el favorito para ganar las próximas elecciones? Respuesta: Porque este país todavía no ha superado el complejo del franquismo. España es mayoritariamente de izquierdas; y encumbró al PSOE desde 1982, cuando ganó Felipe González. Fue la respuesta para que Europa perdonara la complicidad de 40 años de franquismo, en los que el 90% de los ciudadanos se declaraban apolíticos y se tragaron el régimen del caudillo (salvo pocas excepciones, casi todas al final), mientras en otros países los democristianos y los socialdemócratas, o los conservadores y los laboristas, se turnaban en el poder. España iba con un cuarto de siglo de retraso, y así sigue.

UTILIZAR las catástrofes naturales, los accidentes y otras desgracias fortuitas para el debate político es de mal gusto. Igualmente es pintoresca la importancia que se da a la presencia de políticos en las zonas afectadas por siniestros. Ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y varios ministros estuvieron en acción, con visitas en helicóptero por las provincias de Alicante y Murcia. La ministra de Defensa, Margarita Robles, acudió a Torrejón para inspeccionar la coordinación de los militares de la UME. Por la tarde el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, visitó zonas malagueñas afectadas. Es bonito, de cara a la galería fotográfica, y sintomático de que habrá elecciones en noviembre. Pero resulta más práctico que el Consejo de Ministros agilice las ayudas en cuanto sea posible.

CON Brexit duro o con Brexit blando, España debe rectificar su visión de Gibraltar. Hasta ahora tenemos el síndrome de Gibraltar. Consiste en que los españoles nos preocupamos por ellos como si fuéramos sus monos. De modo que ahora, con el Brexit que pretende endurecer Borís Johnson, si se lo permiten, la principal preocupación es conseguir que no haya problemas con Gibraltar. Es decir, incumplir las normas internacionales que fijará Europa para las fronteras con el Reino Unido, a fin de no molestar a los gibraltareños, que dan más de 13.000 empleos a vecinos de La Línea, según algunas versiones. Dicen que nada debería cambiar.

UNA de las curiosidades del verano político ha sido la propuesta de coalición España Suma. Es una idea coherente para unir las fuerzas del PP y Ciudadanos, que han demostrado en Andalucía sus posibilidades de formar un gobierno estable, sin grandes diferencias ideológicas. Aglutinan claramente el espectro del centro y la derecha, a los liberales y a los conservadores. El centro derecha sólo ha sido fuerte en la España democrática cuando ese voto se ha unido. Sucedió en los mejores tiempos de José María Aznar y de Mariano Rajoy. Manuel Fraga lo consiguió en Galicia (por las singularidades y por su paisanaje), pero no en el resto de España. Sin embargo, la propuesta de integrar a Vox en España Suma sería un error gravísimo, que se la cargaría por completo.