LAS encuestas del CIS de Tezanos ya no se las cree nadie. Siempre sale Pedro Sánchez en torno al 30% de los votos y los demás muy lejos. En las elecciones andaluzas se equivocaron rotundamente, no intuyeron lo que ocurriría. Sin embargo, hay un hecho incontestable, que complica las encuestas y ha convertido la política española en una caja de sorpresas: los partidos se han fragmentado. Ahora todos tienen al enemigo en casa. Cada partido viene a ser como dos partidos; algunos incluso tres. Es un campo de batalla de lucha abierta. En las próximas elecciones municipales, el carisma de los candidatos puede ser determinante.

EL cambio en Andalucía ya ha comenzado. Sin embargo, hay que adaptarse. Igual que los equipos de fútbol, Juanma Moreno y Juan Marín están en rodaje. La primera reunión en Antequera ha sido como un stage de pretemporada. No es tan sencillo como parecía. Pues los discursos hay que volverlos completamente del revés. Yo no voy a decir que ahora los malos sean los buenos, ni los buenos sean los malos. Pero es obvio que ahora el PSOE está donde estaba el PP (en la Moncloa), que el PP y Ciudadanos estarán donde estaba el PSOE (en San Telmo) y que Podemos y Vox pasan por ser la extrema izquierda y la extrema derecha que sustenta a unos y a otros, a ver si cuelan algo.

ANDALUCÍA cambio la historia de España en 1980, con el referéndum de la autonomía, aquel 28-F. Gracias al aprovechamiento que hicieron, el PSOE consiguió gobernar con Felipe González durante casi 14 años en España, además de cuatro décadas en Andalucía con Escuredo, Rodríguez de la Borbolla, Chaves, Griñán y Susana Díaz. Sin embargo, los efectos mágicos del 28-F para el PSOE terminaron el 2 de diciembre de 2018. Apunten ese día. Fue el día en que los andaluces volvieron a ejercer el derecho a decidir la política de España, al ser la comunidad autónoma con más habitantes. Convirtieron la cantidad en calidad. Desde ese día se habla más de Andalucía. Y la izquierda y la derecha se han descolocado.

SE suele decir que las ratas huyen cuando un barco se hunde. Esto pasa especialmente en los barcos con ratas, que son los más cutres. En los barcos pijos, el capitán es el último que lo abandona. Y eso quiere decir que los demás también se van antes, a la voz de “sálvese quien pueda”. Es lo que le está ocurriendo a Susana Díaz. Está clarísimo que Pedro Sánchez juega a Salomé y ha pedido su cabeza en bandeja de plata. Por devolverle la jugada, de cuando ella pidió la cabeza de Pedro, y acudió Verónica Pérez a Ferraz, no para bailar la danza de los siete velos, pero sí para dejar las cosas claras. Es otra tortilla a la que le han dado la vuelta.

A Vox le puede pasar lo mismo que a algunos millonarios por azar: que se arruinen pronto. Tienen el síndrome del nuevo rico. Ha conseguido unos resultados en Andalucía que no entraban ni en sus mejores expectativas. A eso se ha sumado que los mismos encuestadores que no lo olieron, ahora le profetizan entre 40 y 50 escaños para el Congreso de los Diputados. Aunque Tezanos el del CIS (cuya cocina manda huevos) los reduce a la marginalidad. El éxito político ha pillado a Vox con el paso cambiado. El éxito hay que saber gestionarlo. Ahí es donde se les ve cortitos de estrategia. Por ejemplo, tensar la cuerda hasta forzar otras elecciones en Andalucía sería mortal para Vox. Es una tontería mayúscula.