A Pedro Sánchez y Pablo Iglesias les ha aparecido un problema con el que no contaban: el mundo rural. Este es un problema territorial, pero no como el de Cataluña (donde también hay mundo rural), sino que se contrapone a lo urbano. En estos días los agricultores se manifiestan, cortan carreteras, protestan y dan por saco, con más énfasis que en otros tiempos, porque están más cabreados. Con esa tendencia a simplificar el mundo que tienen los populistas, le echan la culpa de los precios a los hipermercados, que es una parte del capital. Después parece que Pedro Sánchez se arrepintió, quizá porque hasta él entendió que era una gran parida. Los precios que reciben los agricultores por sus productos están por debajo del coste, y en eso influyen los intermediarios y quienes se aprovechan en la cadena de distribución. Pero eso pasa hasta en los libros, que son como los melocotones, ya que los escritores producen y perciben el 10% (es decir, dos euros de un libro que cuesta 20 euros). Los precios son una parte del problema.

ESTE país, todavía llamado España (el alcalde de Oporto, Rui Moreira, sueña con formar Iberolux, integrándolo con Portugal) necesita siempre un malo oficial en el poder. Una de las debilidades de Mariano Rajoy fue que el malo siempre era él mismo, con lo que terminó victimizado en una moción de censura. Por el contrario, como ya ocurría con Felipe González, el actual presidente, Pedro Sánchez, ha conseguido que el malo siempre sea otro. Hasta la semana pasada, el malo era José Luis Ábalos, que rindió pleitesías en el aeropuerto de Barajas a la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, para hablar de no se sabe qué. Pero desde el encuentro presidencial España-Cataluña, el malo es Iván Redondo que rindió pleitesías a Quim Torra, con una reverencia como si fuera un súbdito de Su Majestad.

LA política española depende de Cataluña. Esto es así porque Pedro ánchez no sólo depende de Unidas Podemos, sino también de ERC, que cuenta con 13 escaños en el Congreso de los Diputados. El acuerdo de Pedro Sánchez con el PP de Casado fue imposible, y no sólo porque hubiera convertido a Vox en el principal partido de la oposición, sino especialmente porque Sánchez ya tenía fijada una Hoja de Ruta, cuyos planes son los siguientes: 1. Gobierno de coalición con Unidas Podemos, apoyado desde fuera por ERC. 2. Elecciones anticipadas en Cataluña. 3. Formación de un Tripartito entre ERC, En Comú Podem y PSC. 4. Concesiones.

HAY una gran alarma internacional ante este coronavirus. No me refiero al de Wuhan, donde siguen tomando medidas para encerrar a unos 20 millones de chinos, sino al coronavirus de Sánchez, que puede certificar la defunción de un país con más de 46,6 millones de habitantes. Sus efectos son perniciosos y está causando estragos. El foco inicial parece que fue detectado en el Palacio de la Moncloa, donde un gurú llamado Iván Redondo estaba haciendo cosas raras para ganar las elecciones, y su invento se le fue de las manos. El primer síntoma del coronavirus de Sánchez es la amnesia. Un día dice una cosa y al siguiente dice la contraria, pero nunca recuerda que dijera nada.

EN estos momentos, Cataluña es un problema irresoluble y, además, no tiene solución. Los independentistas piden lo imposible. Sin embargo, ni la derecha ni la izquierda ofrecen un plan coherente y asumible para que Cataluña siga siendo española, con el apoyo de la mayoría de sus habitantes. Sólo se conseguiría ganando la Generalitat en unas elecciones, y convenciéndolos de que tienen más ventajas que inconvenientes en la España de las autonomías. Para ganar unas elecciones catalanas hubo una gran oportunidad en 2017, cuando Ciutadans fue el partido más votado. Lo gestionaron muy mal; y es uno de los motivos del fracaso posterior de Ciudadanos, que no se arreglará con el traslado de Inés Arrimadas a Madrid. Ahora todo lo que se oye va encaminado hacia la independencia.