EN los últimos días se aprecia una creciente presión para llegar a pactos. Pedro Sánchez lo repite. Pablo Casado cree que es una trampa. Aunque ha entendido que, si se niega, el PP quedará como el partido insolidario que le dio prioridad a sus intereses sobre los de España. Al final, la culpa del coronavirus y su ruina sería de él, de Rajoy y de Aznar. Por eso, no deben utilizar la comisión parlamentaria para otros fines. Una comisión de investigación la debería pedir más adelante, con más perspectiva. Ahora le toca negociar, presentar y defender propuestas. Porque si se arruina aún más el país, será para todos. Y ayudaría que Sánchez ponga los pies en el suelo. Podrían pactar muchas pamplinas, aunque las apoyen todos. Es decir, no se equivoquen.

SEGÚN el balance presentado ayer, en España ya hay más de 20.000 muertos por el coronavirus. No sé si el impacto es más fuerte con números o con letras (más de veinte mil). En concreto, son 20.043. Algunos desalmados lo pueden considerar como un número para el sorteo de Navidad (ya lo dijo una presentadora de televisión: parece un número de la lotería), pero detrás hay personas, hay familias, hay ataúdes, hay muertos... ¿Cuánto espacio se necesitaría para desplegar 20.043 ataúdes? Y, además, que son muchos más, como se sabe. Hasta Fernando Simón, esa eminencia, ha reconocido que están ajustando el modo de contar los muertos. Por aquello de las diferencias entre los que se mueren en sus casas, residencias o los hospitales. Pero se mueren. RIP.

EN España tenemos un problema gravísimo para salir de la crisis del coronavirus. El Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es incapaz y la oposición sólo intenta aprovecharse. Pactar o no pactar es indiferente. No se trata de pactar, sino de acertar. Pueden pactar y equivocarse juntos. España es uno de los países donde peor se ha gestionado esta crisis. Y no porque sean socialistas y podemitas, sino porque no tienen nivel para gobernar, ni buenos asesores que los respalden. No es un problema de ideología, sino de capacidad. Los cinco líderes de la nueva política sólo piensan en los votos. Ahora, con la ayuda de sus gurús, Sánchez intenta construir un falso relato: el Gobierno lo está haciendo bien. Recuerdan que es una pandemia global y que afecta a todos.

AL llegar el Domingo de Ramos se siente, en toda su crudeza, el alcance de la pandemia del coronavirus. Andalucía es la comunidad más castigada de España en lo económico. A pesar de que en lo sanitario, dentro de lo malo, está saliendo mejor que otras. Según los datos de ayer, es la séptima comunidad en número de muertos, 426 personas (en España ya son 11.744 fallecidos), aunque es la que tiene más habitantes. La incidencia del coronavirus es mucho menor que en Madrid, Cataluña o las dos Castillas, donde se acumulan la gran mayoría de los casos. El mayor foco andaluz está en la provincia de Málaga, aunque es curioso que la menor incidencia se da en otras tres provincias costeras: Cádiz, Almería y Huelva.

UN sector de la oposición (y de la no oposición) está pidiendo medidas más drásticas al Gobierno. En estos momentos, con 832 muertos al día, haría falta que rodara alguna cabeza (políticamente hablando), y la de Salvador Illa tiene muchas papeletas en la rifa. Se sabe que las cabezas apaciguan a las masas, y salvan a los verdaderos responsables muchas veces. Es lo que sucede en los clubes de fútbol. Echan al entrenador, cuando llegan los malos resultados, y así salvan la cabeza del presidente o del director deportivo, que a veces son tan culpables como el entrenador. El ministro Illa no es el entrenador, pero sí la cabeza que tienen a mano.