ALGUNOS piensan que será fácil, que Susana Díaz se convertirá en la lideresa del PSOE. Como ya ha confirmado que se presenta (a lo justo para fastidiar el mitin de Pedro Sánchez en Cádiz) ha llegado el momento de buscarle sucesión. Aunque lo más sensato sería que siga en la presidencia de la Junta de Andalucía. Al menos, mientras no tenga unas elecciones generales en el horizonte. Aquí es razonablemente feliz. Aquí discute con Juanma Moreno el del PP y con Teresa Rodríguez la de Podemos, un poco menos con Antonio Maíllo el de IU (que en tiempos aún cercanos gobernaba con el PSOE) y casi nada con Juan Marín el de Ciudadanos, que le brinda su apoyo. Todos son actores secundarios en la política nacional, donde no conseguirían un Goya de premio. Susana tampoco es diputada del Congreso y no puede sostener tensos debates con Mariano Rajoy ni con Pablo Iglesias.

HA comenzado una campaña de desprestigio contra Susana Díaz, aunque su candidatura a liderar el PSOE todavía no es oficial. Una campaña bastante torpe y muy cutre. Con descubrimientos que mueven a las carcajadas, como que la Junta de Andalucía tiene tropecientos mil empleados públicos y un montón de millones de déficit. Detalles que se sabían desde que era presidente Manuel Chaves. Intentos de pringarla en algo, lo que sea. Recordar las estadísticas de Andalucía, que no está a la cabeza de España en casi nada excepto el número de parados. Logros muy negativos, que incluso no son suyos, en algunos casos. Las campañas en España son una bendición: tan desastrosas y burdas que suelen conseguir el efecto contrario al deseado.

EL objetivo del 28-F era consolidar un poder andaluz. Esa fue la motivación de aquel referéndum de 1980, que marcó el principio del fin de la UCD de Suárez (tras la ruptura por su marcha atrás en la autonomía andaluza). Fue el principio del éxito del PSOE, gracias a Felipe y su carisma andaluz, pero también gracias a las habilidades de Alfonso Guerra para otorgar credenciales de buenos y malos andaluces.  Y gracias al rol asumido por Rafael Escuredo, entonces presidente de la Junta de Andalucía, que fue más andalucista que nadie.

VERDADERAMENTE corren tiempos difíciles, y son malos tiempos para la lírica, como diría Bertolt Brecht. Ustedes lo están viendo. El mundo se ha enloquecido. En plan totalmente Murphy, cuando puede ocurrir algo malo, sucede algo peor. Ahí está el Brexit. Ahí tenemos a Donald Trump en la Casa Blanca. Ahí hemos visto las inundaciones de Málaga, justo el día antes de llegar Hollande para una cumbre hispano francesa con Rajoy. Ahí nos hemos enterado de que lo ha invitado a una reunión en París. Hollande quiere que España forme parte del núcleo fuerte de Europa, junto a Francia, Alemania e Italia. Es para echarse a temblar.

EN el día de los enamorados, que hoy celebramos, es de suponer que Mariano Rajoy y Pablo Iglesias felicitarán a Pedro Sánchez. Y no debería ser sólo por cortesía, después de lo que el otrora líder del PSOE escribió el pasado domingo en Twitter: “Enhorabuena a Rajoy e Iglesias por renovar sus liderazgos. No tendría que ser así pero nosotros tendremos que esperar unos meses más”. Este tuit lo cerraba un emoji con un guiño, que ha sido interpretado como una ironía hacia la gestora de su partido, pero que también podría verse como un detallito cariñoso para Rajoy e Iglesias, a los que tanto ha ayudado en sus respectivas carreras políticas. ¿Qué hubiera sido de ellos sin Pedro Sánchez?