CON el papanatismo de lo políticamente correcto, todos dicen lo mismo: sería una tragedia convocar unas elecciones en noviembre. ¿Y por qué? Votar es lo mejor. Ya se ha visto lo que hay. Es susto o muerte. La muerte sería un gobierno de coalición del PSOE de Pedro Sánchez con Unidas Podemos. Estas negociaciones son como el chiste de dos que se quieren casar y se han peleado desde antes de ser novios. Pareja condenada al divorcio en menos de un año. Y con unos amigos separatistas alrededor para ponerles los cuernos. Votar nunca es malo, porque deja las cosas en su sitio. A ver si estamos como en los tiempos de Franco, cuando algunos decían que las urnas son para romperlas. Sólo las temen los totalitarios y los que engañan a los votantes.

EN apenas seis meses, el PP y Ciudadanos han formado un Gobierno de coalición estable para la Junta de Andalucía, y han conseguido que les aprueben un presupuesto para este año 2019. ¡Qué envidia para Pedro Sánchez! También han conseguido desbloquear los nombramientos de la RTVA, que estuvieron paralizados durante el anterior mandato de Susana Díaz. Algunos dirán: “Sí, pero gobiernan con apoyo de Vox, esos ultras”. Pues sí, con apoyo de Vox, pero no se ha notado en sus exigencias más extremas. Y, además, Vox, también está representado en la nueva jerarquía de la RTVA, a la que querían suprimir en la campaña. Ese es el arte de pactar, que la derecha no sabe hacer, según dijo Pedro Sánchez cuando montó su pacto Frankenstein con los podemitas y los independentistas para echar a Mariano Rajoy.  Un año después, ya ven.

NO hay acuerdo político para formar un Gobierno en España porque se ha convertido en un país ingobernable. Es decir, que todas las posibilidades son contra natura. La culpa es de la gente, porque los resultados no han salido por casualidad, sino de las urnas; pero principalmente de los políticos. Y no sólo porque Pedro Sánchez y Pablo Iglesias jueguen a confundir, sino por utilizar unas reglas con las que no se puede jugar en los escenarios de la nueva política. Hasta que no modifiquen la ley electoral, tendremos problemas como los que han sufrido Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Por eso, el PP y el PSOE, entre los rigores del no es no, se han pedido auxilio mutuamente.

EL espectáculo que están protagonizando PP, Ciudadanos y Vox es lamentable. Los restos del naufragio del centro derecha zozobran en tres partidos, enredados en un intercambio de acusaciones. En Murcia, los de Vox no pactaron al final y dejaron sin investidura a Fernando López Miras, del PP. Lo más curioso es que Teodoro García Egea, secretario general y negociador del PP, en un ataque de indignación, dijo que Vox es “la ultraderechita cobarde”. Igual los invitan a gobernar y les ofrecen concejalías en Madrid, que pactan y dejan de pactar a las pocas horas en Murcia, que los azotan. Mientras el PSOE sube en las encuestas. No tanto como exagera Tezanos, el del CIS, pero el centro izquierda avanza y el centro derecha retrocede. Por eso, la tentación de Pedro es inmensa. En sueños ve urnas.

LA Iglesia Católica celebró ayer, 29 de junio, la festividad de San Pedro y San Pablo. Son dos pilares de la fe. Cada uno con sus características, tan distintas, pero complementarias. Por eso, la fiesta se celebra a dúo, y parecen inseparables. Como la gente de ahora apenas estudia la historia sagrada, muchos infieles desconocen la importancia estratégica de San Pedro y San Pablo, y los confunden con otro Pedro y otro Pablo. Los nombres de los niños y niñas no surgen por casualidad, y si alguien se llama Lenin, Tigre, Gaga (o esos nombres raros que ponen para fastidiar a las criaturas) no es lo mismo que si te llamas Pedro o Pablo. Porque algo del santo siempre se queda, aunque sea poco.