HOY, además de la urna para las elecciones municipales, hay otra para las europeas. A la mayoría de los votantes les interesa más Villacanuto del Monte, o su pueblo, que el resultado europeo. El gran problema de Europa es que el europeo no la ama. Es decir, no la quieren los británicos del Brexit, que probablemente será duro, pero tampoco los alemanes, los franceses, los italianos, los holandeses, los belgas, los españoles, los portugueses, los griegos, ni en ningún país. Europa, capital Bruselas. Es un lugar que sólo sirve para amordazar y restar soberanía a los países, según los nacionalistas. Aunque también sirve para pagar muchas facturas en obras públicas, cuyas medallas se cuelgan otros señores.

A los de Vox les fastidia mucho que digan esto: que beneficiaron al PSOE en las elecciones generales. El okupa de la Moncloa, como llamaban a Pedro Sánchez, va a entrar por la puerta principal, y se va a quedar como inquilino presidencial durante cuatro años de nuestras vidas. Y los de Vox, con 24 escaños, son anecdóticos en la política española. También es cierto que no son ellos los únicos culpables del hundimiento del PP, sino que Pablo Casado y algunos de sus colaboradores frikis pusieron bastante de su parte. Igualmente, es cierto que la gente puede votar lo que se le apetezca: también a Vox o Podemos, aunque sean de ultraderecha y ultraizquierda, respectivamente; e incluso en blanco, nulo, u otras cosas inútiles.

EN la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba se le ha recordado como un político que muchas veces antepuso el interés de España al del PSOE y al suyo propio. Por ello, se le ha calificado, casi unánimemente, como un hombre de Estado. Queda la impresión, al ser enaltecido como tal, de que es un político histórico, pero de otro tiempo. Una etapa ajena a la nueva política contemporánea, donde los hombres y las mujeres de Estado serían vistos como bichos raros, como unicornios rosas, o directamente como carcas desfasados. Ahora el orden es a la inversa: predomina el interés personal y partidista; y se presta más atención a la apariencia que a la búsqueda machadiana de la verdad.

EL pasado domingo, al ver los resultados, ya empezaron las presiones de las fuerzas vivas para que el PSOE pacte con Ciudadanos. En el homenaje a Pedro Sánchez, la militancia gritaba entusiasmada: “¡Con Rivera no!”. Sonó a lo mismo de la sentencia de Pilato. Aunque sea lo peor, mejor suelta a Barrabás o a Frankenstein. A Pedro se le escapó una sonrisilla, pues sabe que hará lo que le interese. Aunque muchos no lo creían, va a seguir cuatro años como presidente del Gobierno, gracias a que supo aprovechar el miedo a Vox y los errores de Pablo Casado. Los resultados son una bendición para Sánchez, que puede jugar con varias barajas para sumar mayorías. Pero Rivera no va a pactar, faltaría más.

HOY será desvelado el voto oculto. Se le ha concedido gran importancia. Pero también puede ser importante el voto culto. Existe una tendencia generalizada a creer que el voto culto es el nuestro, el de quienes piensan como nosotros (cada cual según sus ideas), mientras que los demás serían incultos, o directamente tontos. También se presupone que el voto culto es el de centro, por aquello de la moderación y la reflexión. En tal caso, el voto culto se repartiría entre Ciudadanos, PP y PSOE, según se escoren más a diestra o a siniestra. Sin embargo, hay personas muy cultas (catedráticos universitarios, escritores de tronío, eruditos diversos, investigadores especializados, incluso Sánchez Dragó) que van a votar a Vox o a Podemos. Por lo que se puede concluir que el voto culto está repartido.