HACE una semana, en la madrugada del domingo pasado, nos cambiaron la hora. Como era Domingo de Ramos, la gente estaba entretenida, de modo que apenas han aparecido las tradicionales quejas que acompañan a esta medida desde su implantación. El día de cambiarlo ha sido oportuno este año. Ha permitido una Semana Santa con más luz, con unos atardeceres bellos para ver los pasos. Entre los nazarenos y la captura de Puigdemont, la medida ha colado con plena naturalidad. Otros años incluso Mariano Rajoy habló de los horarios españoles. Porque aquí, cuando se cambia la hora, se cambia de verdad.

EN este país hay jóvenes de 40 años. Incluso mayores: hoy Raphael es un chaval. En mi juventud se empezaba a considerar viejo a todo el que cumplía 30 años, con más motivos si era futbolista. Por lo demás, cuando el trabajador o la trabajadora cumplía 50 años empezaban a planear los fantasmas de los Eres, que no es sólo un juicio con Chaves y Griñán por medio, sino que muchas personas se fueron a descansar a casita con 52 años de edad. De ese modo, los gobiernos del PP con Aznar y el PSOE con Zapatero rebajaron las cifras reales de la población inactiva. Entonces nadie se preocupaba de las pensiones, porque había muchos más jóvenes que viejos, gracias al baby boom.

LA política española se ha calentado demasiado en los últimos días, con la prisión permanente revisable y con los incidentes de Lavapiés. Algunos de los que pidieron no actuar en caliente con la prisión permanente se dedicaron a difundir bulos que calentaron los ánimos de los inmigrantes africanos en Madrid. A ellos se sumaron, con entusiasmo, los antisistemáticos de la guerrilla urbana y los saqueadores de comercios. El tuit de Monedero causa vergüenza ajena y es bochornoso. Siempre en contra de la Policía, aunque tengan razón.

HUBO un tiempo en el que España iba bien y nadie hablaba de crisis. Casi todo el mundo cobraba más que en años anteriores, se vendían y compraban pisos con facilidad, los bancos concedían préstamos a la caza del cliente, viajaban cientos de turistas españoles a cualquier país extranjero, aumentaban las ventas de coches, subían las pensiones sin discutir un decimal, el paro bajó a niveles que hoy parecerían utópicos... Cuando España iba mejor, existía más corrupción; pero parece que nadie se daba cuenta. Ni en España, ni en Andalucía, ni en la Humanidad. Entonces no teníamos los ojos de hoy, ni habían aparecido los indignados por la ruina, ni aún gobernaba Rajoy para evitar el rescate y reformar los despidos.

ALGUNOS iluminados creyeron que el mundo entraba en los tiempos de la nueva política. Los indignados, los insumisos, los antieuropeos... El mundo se iba hacia los extremos de una nueva derecha y una nueva izquierda más radicales. Pero, en esa deriva (que supone alejarse de la moderación que se implantó después de la Segunda Guerra Mundial), el mundo ha desembocado en Trump y en Putin. Se cayó el muro de Berlín, se rompió el telón de acero. Y nos hemos encontrado con estos dos. Y con varios más parodiados este año en la chirigota del Selu en el Carnaval de Cádiz.