ACOSTUMBRARSE a la Primera no es fácil para un equipo que viene de Segunda con la mentalidad de ver cómo juega el rival. Sin embargo, ante el Huesca (el otro recién ascendido directo), el Cádiz se quitó los complejos de inferioridad. Aseguró la parcela defensiva y castigó los errores del rival. También cumplió eso de que hay que aprovechar las oportunidades. Sólo dos claras y las marcaron Negredo y Pombo. Pero el Huesca no tuvo ninguna (excepto el gol fantasma anulado por fuera de juego) en todo el partido. Con una posesión del 75% para los locales, el Cádiz les supo ganar. Alberto Cifuentes, que debutó en la máxima categoría con 41 años, pasó casi desapercibido.

SE veía venir que pasaría lo que pasó, porque todavía siguen mentalmente (y en la práctica) en Segunda División. Con una plantilla que no está a la altura, con un planteamiento táctico prehistórico y con errores propios del fútbol modesto. Lo peor no fue empezar con una derrota, ni que el Osasuna ganara por 0-2 aprovechando las dos únicas ocasiones claras de que dispuso. Lo peor fue la sensación de inferioridad, la falta de ideas, y la evidencia de que el rival estaba ganando casi sin despeinarse. Pocos se salvaron en este mal debut, que obliga a una rectificación a fondo para no hacer el ridículo.

LA próxima temporada será difícil e imprevisible. Estará marcada por el coronavirus y sus circunstancias. Con una mala experiencia que influirá: el sainete del final de la Liga Smartbank y los contagios de futbolistas. En el caso Fuenla están dando palos de ciego. Menos mal que el Cádiz se ahorró los play offs. Como recién ascendido, sale a luchar por la permanencia, con muchas papeletas para descender si no se refuerza bien. La plantilla que ha tenido Álvaro Cervera para el ascenso no era una de las dos mejores de Segunda. Un ejemplo: la del Girona parece mejor en todos los puestos. Sin embargo, no se trata sólo de individualidades. La plantilla del Cádiz sí era una de las más compensadas. Se notaban poco las ausencias, excepto la de Garrido, que resultaba esencial para el estilo del cerverismo.

EL Cádiz ha ascendido a Primera con justicia y por méritos propios. Es más, debió ser campeón de la Liga Smartbank. Dando esto por supuesto, también hay que añadir otros detalles que explican lo ocurrido. Ha sido una temporada muy diferente de lo habitual. La suspensión de la competición en marzo concluyó con una miniLiga de 11 partidos finales que han   alterado la competición. Con nuevas reglas, como los cinco cambios, y con unos protocolos por el Covid-19 que estallaron en la última jornada, con el escándalo del Fuenlabrada. Esa anormalidad (la interrupción y la Liga sin público y con nuevas normas) ha producido estragos en el rendimiento de los equipos que peor se adaptaron.

ES lamentable que el Cádiz haya cerrado la temporada con tres derrotas en tres partidos. Ha subido a Primera por sus méritos anteriores, pero también por los deméritos de los rivales. Ha tirado a la basura el título de campeón, después de haber sido líderes durante 38 de las 42 jornadas. Le bastaba con conseguir un punto en los tres últimos partidos. Han cometido anormalidades. Ante el Fuenlabrada, el Girona y el Albacete le han pitado tres gilipenaltis por manos en jugadas sin peligro. Ayer volvió a perder tras demostrar que son alérgicos al levante.