LA suspensión de la Liga en Primera y Segunda ha abierto un escenario no previsible, que llena de incógnitas el futuro. Han aplazado dos jornadas, pero no van a reanudar la competición el día 29 como si nada. El Cádiz no jugó el partido de ayer contra el Rayo Vallecano, ni viajará a Soria para enfrentarse al Numancia el próximo sábado. Pero si han suspendido hasta las procesiones de Semana Santa (con las pérdidas que supone), nos debemos preparar para lo peor. Es posible que los ascensos y descensos se disputen en los despachos. En otros tiempos, con Manuel Irigoyen, que era experto en la materia, se podría suponer que el Cádiz tendría muchas papeletas para subir a Primera. Pero esta vez nos pueden dar coba. Vizcaíno debe tener mucho cuidado.

EL Cádiz se acerca a la recta final y se mantiene en cabeza. Pero recuerda a esos atletas que se han escapado y que parecen incapaces de mantener el ritmo alto cuando se aproximan a la meta. Por detrás hay otros que se pueden echar encima si aprietan. No es lo mismo quedar entre los dos primeros, con el premio del ascenso directo, que del tercero al sexto. El Cádiz lleva muchos partidos arriba y si al final no asciende parecería un fracaso. En Lugo el punto se dio por bueno a causa de las circunstancias. Les empataron a falta de pocos minutos, pero tal como jugaban (encerrados, agobiados y con un futbolista menos) lo normal hubiera sido perder.

EN los partidos equilibrados, unas veces sale bien y otras mal. Lo mejor para el Cádiz fue el resultado. Tuvo que remontar y se encontró con un gol en propia puerta y otro tirando a churrete. Pero cuentan los tres puntos, que son como seis, por conseguirlos ante el Almería. un rival directo que se vuelve a alejar. Al Cádiz se le siguen viendo muchas carencias. No funcionó como se espera de un líder, ni en ataque, ni en defensa, ni en el centro del campo de emergencia. Pero ganó, que es lo que cuenta. Otras veces, haciendo lo mismo, no lo ha conseguido.

DOS partidos seguidos perdidos. Dos partidos sin conseguir un gol. Dos partidos en los que el rival, marcando una vez, consigue la victoria. En Gijón se volvió a ver un Cádiz sin suerte y sin acierto, que está en los caminitos del cajonazo. Puede ocurrir lo mismo que en las dos temporadas pasadas. Van a menos, conforme avanza la competición, y están desperdiciando la ventaja. Pudieron llegar al descanso ganando y terminaron perdiendo. Por medio una niñatería impropia de un jugador veterano como es José Mari, que fue expulsado justamente. Ahí se vinieron abajo, aunque faltaba poco menos de media hora.

POR si quedaban algunas dudas, el Cádiz volvió a demostrar que no sabe jugar en Carranza. Por ahí se le puede escapar el ascenso directo. En los últimos partidos, sólo ha sido capaz de ganar al Racing de Santander, que vino como colista, y con suerte al final. Es cierto que la derrota ante el Málaga llegó en una tarde en la que todo se puso en contra: el rival que estuvo por encima de lo esperado, los jugadores cadistas que no supieron disputar el partido, el entrenador que se precipitó con los dos primeros cambios y el árbitro que escamoteó un penalti clarísimo a Nano Mesa, después de pitar uno a favor del Málaga por mano de Espino en un balón rebotado.