ERA casi imposible que el Cádiz consiguiera el milagro de disputar las eliminatorias de ascenso. Esa oportunidad se tiró a la basura el pasado martes en Carranza, con la derrota ante el Extremadura. Sin embargo, en Gijón, el Cádiz volvió a mostrar su impotencia, el bajón psíquico con el que ha llegado a los dos últimos partidos. Es triste, porque en Granada hizo lo más difícil. Ha ocurrido lo mismo dos temporadas seguidas. No ha sido por casualidad. Es un fracaso, sí, porque la permanencia ya estaba casi asegurada en enero, cuando el Cádiz fichó a Machís para buscar el ascenso. No se debe engañar a la afición.

EL Cádiz demostró que no se merece jugar las eliminatorias de ascenso a Primera. Con un empate hubiera mantenido el sexto puesto, pero perdieron ante el Extremadura, que no se jugaba nada, aunque se les vio motivadísimos, vaya tela, corriendo hasta con calambres como si les fuera la vida. La forma de perder del Cádiz fue un mamarracho futbolístico. Un gol regalado y una sensación de impotencia tristísima. Se han desinflado cuando había que dar el do de pecho, como la temporada anterior.  En los últimos seis partidos, el Cádiz ha conseguido cinco empates y una derrota. Tampoco tuvieron suerte, les perjudicó incluso el aplazamiento, que dejó al Cádiz sin Machís, el único que hubiera podido enmendar algo.

LOS jugadores del Cádiz han conseguido que ni Osasuna ni Granada le festejen el ascenso en sus narices. El empate de ayer es más valioso que el del domingo anterior en Carranza. El Cádiz salió con todo en contra. La afición granadina había llenado el estadio para celebrar una fiesta. El árbitro canario Pulido Santana estuvo nefasto en el primer tiempo. Lo peor fue el gol concedido al Granada, tras una clamorosa falta a Lekic. Cuidado, que estamos en los días de gloria de los árbitros de Segunda. Ya se ha visto lo que puede pasar. Menos mal que el zapatazo de Aketxe hizo justicia.

LA historia de la temporada pasada puede repetirse. Otra vez el destino pasará por Granada, curiosamente. Ante Osasuna salieron a que no les sorprendieran. Cuando intentaron ganar, no encontraron los caminos del gol. Lo mejor de este partido es que Osasuna no ascendió en Carranza. Así se evitó hacer de palmeros, una vez más. También se frustró que Juan Villar celebrara lo que no pudo con el Cádiz en Segunda B. Aridane, que ayer estuvo infranqueable, tampoco lo consiguió en Segunda A con el Cádiz. No deja de ser anecdótico. Lo peor fue que al Cádiz se le notó mucha impotencia, falta de ideas para ganar por derecho.

EL empate en Riazor dejó buenas sensaciones, por su valor frente a un rival directo. Pero la forma de conseguirlo no fue de las más brillantes. Al descanso llegaron perdiendo, frente a un Deportivo que hizo lo mínimo. Con muy poco le hubieran ganado al Cádiz, de no mediar el golazo marcado por Querol, en una acción individual, cuando se temía lo peor. Tras el empate sufrió el Cádiz, y sudaron la gota gorda, por el calor y porque el Deportivo achuchaba. Al final, se llevaron un punto que es relevante,  ya que permite cerrar la jornada entre los seis primeros.