VERDADERAMENTE corren tiempos difíciles, y son malos tiempos para la lírica, como diría Bertolt Brecht. Ustedes lo están viendo. El mundo se ha enloquecido. En plan totalmente Murphy, cuando puede ocurrir algo malo, sucede algo peor. Ahí está el Brexit. Ahí tenemos a Donald Trump en la Casa Blanca. Ahí hemos visto las inundaciones de Málaga, justo el día antes de llegar Hollande para una cumbre hispano francesa con Rajoy. Ahí nos hemos enterado de que lo ha invitado a una reunión en París. Hollande quiere que España forme parte del núcleo fuerte de Europa, junto a Francia, Alemania e Italia. Es para echarse a temblar.

EN el día de los enamorados, que hoy celebramos, es de suponer que Mariano Rajoy y Pablo Iglesias felicitarán a Pedro Sánchez. Y no debería ser sólo por cortesía, después de lo que el otrora líder del PSOE escribió el pasado domingo en Twitter: “Enhorabuena a Rajoy e Iglesias por renovar sus liderazgos. No tendría que ser así pero nosotros tendremos que esperar unos meses más”. Este tuit lo cerraba un emoji con un guiño, que ha sido interpretado como una ironía hacia la gestora de su partido, pero que también podría verse como un detallito cariñoso para Rajoy e Iglesias, a los que tanto ha ayudado en sus respectivas carreras políticas. ¿Qué hubiera sido de ellos sin Pedro Sánchez?  

TANTO en las reuniones de amigos como en las tertulias de cierto nivel se está planteando una cuestión básica. Personajes como Donald Trump, Marine Le Pen, o los ultraderechistas europeos ¿son populistas o fascistas? Personajes como Pablo Iglesias, su maestro Tsipras antes de reciclarse, Beppe Grillo, o los anticapitalistas europeos ¿son populistas o comunistas? En realidad, se trata de un problema de palabras. Ya lo anunció San Juan: “En el principio fue la Palabra”. Pero después llegaron las palabras humanas, y muchas las carga el diablo para confundir. O, como escribió Philip Roth en Operación Shylock: “Las palabras sólo sirven para echarlo todo a perder”. Así que con las palabras hemos colocado a Donald Trump y a Pablo Iglesias en el mismo saco, siendo ellos tan diferentes.

ES cierto que la tragedia de la muerte originada por la inmigración ya no sorprende. En las tres últimas décadas, cientos de personas han muerto ahogadas en las costas gaditanas. Naufragios de pateras que sonaban como ruido de fondo. Estadísticas oficiales en las que se culpaba a Marruecos. Cuando surgían problemas de pesca, o de agricultura, se abrían los cerrojos. Cuando Bruselas y Madrid restablecían las negociaciones oportunas, se cerraban los candados. El servicio de vigilancia del Estrecho llegó para informatizar el caos, para ver pateras en monitor. Aquellas vigilias de oración que empezó a organizar el cura Gabriel Delgado con el obispo Antonio Ceballos. Los números de víctimas ya no escandalizaban. Vimos fotos de unos cadáveres en Zahara, junto a unos bañistas despreocupados.

HA sido muy curioso el resultado del Estudio General de la Opinión Pública en Andalucía (conocido como Egopa), que fue presentado la semana pasada. Casi todo el mundo ha destacado que el PSOE de Susana Díaz sería el partido más votado en unas elecciones autonómicas (que por ahora no se van convocar), con el 28,6% de los votos, frente al 26,2% del PP de Juanma Moreno. Y que el PP de Mariano Rajoy sería el ganador en unas elecciones generales, con el 22,9% de intención de voto directo, frente al 18,1% del PSOE de no se sabe quién (de Susana, de Patxi, o de Pedro, vaya usted a saber). Pero hay un dato que ha pasado casi desapercibido y que es muy duro: la buena gente está demasiado despistada, la buena gente está mal informada, la buena gente no se entera de nada, la buena gente parece que vota a tontas y a locas.