LOS Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, cuyo XXV aniversario se conmemora, tuvieron un simbolismo político más impactante que la Exposición Universal de Sevilla. Aquellos Juegos consagraban el espíritu olímpico de la Transición, hermanaban a Cataluña con el resto de España en una celebración de Estado, revalorizaban a la Monarquía Constitucional (y Deportiva) pilotada por el Rey Juan Carlos, certificaban la década triunfal en el poder del PSOE de Felipe González, premiaban la voluntad europeísta y la apertura al mundo de un país que había superado un pasado casposo para ser el epicentro de todas las movidas progresistas. Esa España de Felipe ya no era la de Franco, ni nadie hablaba de memoria histórica, ¿verdad?, porque los socialistas iban a cumplir 10 años en la Moncloa.

HOY es 18 de julio, una fecha de interés para la memoria histórica. Es oportuno recordar que el actual conflicto territorial de España tiene una parte de su origen en el franquismo. No solo porque les suprimieron los estatutos y marginaron las lenguas propias (pues eso afectó también a Galicia), sino porque Franco perseveró en una mala costumbre, que ha continuado hasta nuestros días: a los catalanes y a los vascos hay que comprarlos. El problema se controló concediendo inversiones en industrias e infraestructuras y beneficios. Los gallegos parecían más tranquilos. Además, Franco era gallego. Rajoy también, casualmente.

SE denomina gestación subrogada, que es una forma de camuflarlo con dos palabras confusas. En la práctica, consiste en alquilar el vientre de una mujer para que realice la gestación de un bebé que no es suyo, sino de otra pareja, o de alguien ajeno. A cambio, se le paga una contraprestación económica, pues evidentemente ninguna mujer va a pasar por ese trago, durante varios meses, por la cara, sin ser suyo, y con los gastos que origina. Un partido, Ciudadanos, ha propuesto que se legalice este procedimiento, adornándolo con matices para disimular. Cuenta con la oposición de la Iglesia y las feministas (lo que garantiza que no será aprobado); pero también con el rechazo de otros partidos que lo ven impresentable desde una ética elemental, incluso primitiva.

ALGUNOS ya no se acuerdan, por falta de memoria histórica. En el verano de 2015, España estaba en la precampaña de unas elecciones que fueron convocadas en las vísperas de Navidad y no sirvieron para nada. En el verano de 2016, España estaba sufriendo las consecuencias de las segundas elecciones, con un Gobierno todavía provisional. De modo que en las playas, entre un bañito y otro, no se hablaba de otra cosa que del no es no de Pedro Sánchez, que guardaba la llave de la gobernabilidad en el fondo de su cajón de Ferraz. Un sinvivir, en resumen. A pesar de todos los pesares, fue el mejor año para el turismo. Los políticos no influyen tanto como se piensa.

CADA vez que lamentamos un incendio de proporciones gigantescas, como el de Moguer, se recuerdan perogrulladas para difuminar responsabilidades. Recientemente, cuando los catastróficos incendios de Portugal, se publicó que la culpa había sido de un rayo. Después se recordó la nefasta gestión de los siniestros en ese país vecino, donde gobierna un contubernio auspiciado por los socialistas portugueses, que es la envidia de Pedro Sánchez. Siempre hubo fuegos a lo bestia en Portugal, también cuando gobernaba el centro derecha. Y es sabido que muchos de los siniestros lusitanos (y de los hispanos) tienen fines económicos. Lo cual no evita el riesgo de que se les pueda ir la mano en ocasiones.