SEGUIMOS con las ocurrencias de la nueva anormalidad y la cogobernanza. Para frenar la segunda oleada y no inaugurar un hospital de campaña en el solar de Puntales también se les ha ocurrido cerrar las playas de noche. Es como poner puertas al campo, pero más difícil todavía. Y no es igual la Caleta que Cortadura. La Policía Local de Cádiz ya ha avisado que es imposible. La Policía Local de Cádiz, en realidad, no puede cerrar las playas de noche ni de día, porque está desaparecida. Se enfadaron con Kichi y se han pasado un verano de lo más relajado. En las playas de Cádiz, durante el mes de agosto, la gente se hacía la cogobernanza de la sombrilla en autoservicio, mientras los vigilantes de Marín paseaban con mascarilla por la orilla y los policías locales de Kichi estaban en otro lugar, quién sabe dónde.

NO han escarmentado. En tiempos de la nueva anormalidad y la cogobernanza siguen promulgando medidas a tontas y a locas. Medidas que carecen de fiabilidad y rigor científico. Medidas caprichosas, que se contradicen entre sí. Medidas que no atacan al coronavirus en lo esencial, que es erradicarlo, para lo que es imprescindible controlar a todos los positivos y asegurarse de que cumplen las cuarentenas. Por el contrario, siguen aprobando medidas cuyo objetivo parece que es fastidiar a la gente. El sadomasoquismo como norma de actuación. Pero con pocos resultados prácticos, como se ve en las estadísticas de España. La Junta de Andalucía se ha contagiado también, como se aprecia en las normas para bodas “y otros eventos”.

EL 1 de septiembre (o sea, ayer) era el día marcado para que el Patronato del Carnaval le diera el certificado de defunción al concurso del COAC de 2021. Es una víctima más del coronavirus, que sigue dando por saco. Pero el Patronato no pudo reunirse, porque dio positivo una de las personas que participaron en la curiosa reunión anterior del Gran Teatro Falla. Allí ya advirtieron que si daba alguien positivo (pongamos un trabajador del teatro) se debían poner en cuarentena todos los espectadores, todos los componentes de agrupaciones, puede que Kichi y todos los concejales y medio Cádiz en general. Por lo que se llegó a la conclusión de que sería mejor que no hubiera concurso.

EL PSOE de Cádiz se ha acostumbrado a la insignificancia. A ser un partido que no pincha ni corta, ni resulta útil. Tiene votos suficientes para decidir en un sentido o en otro, pero cuando se abstiene es como si no existiera. Se ha vuelto a ver en la votación para cambiar el nombre a la avenida de Juan Carlos I. El grupo municipal que lidera Mara Rodríguez se abstuvo, facilitando que se cambiara el nombre. No era un voto inocente. Era lo mismo que hizo Pilatos, que tuvo consecuencias directas. Lavarse las manos es lo que recomendaba Pedro Sánchez cuando decía que las mascarillas eran innecesarias. Pero no hay que practicarlo tan a rajatabla.

EN estos tiempos pandémicos a todas las instituciones se les ha ocurrido hacer un pacto para reactivar la economía, mientras la pobre economía está por los suelos. Al Gobierno de la nación, a la Junta de Andalucía y también a los ayuntamientos. Unos se firmaron con más éxito que otros, y algunos no se han firmado. El más admirable ha sido el de Sevilla, donde el alcalde socialista Juan Espadas consiguió que PSOE, PP, Ciudadanos, y además Adelante y Vox, apoyaran el pacto. Es decir, todo el arco iris político, desde la extrema izquierda a la extrema derecha. Si no reactivan Sevilla, se comprobará que estos pactos no sirven para nada. En Cádiz van con retraso y con ideas confusas.