LA educación y el respeto a los demás es muy importante en la vida de las personas. Es una de las virtudes que diferencia a los animales racionales de quienes no lo son. Por eso, para que exista democracia y libertad, hay que desterrar el odio y la intolerancia, hay que respetar a quienes piensan diferente. Y no se debe confundir con callar las críticas, o las razonables discrepancias. Hay que plantearlas, pero sin violencia ni odio. Una de las lecciones de la Transición fue la reconciliación, un concepto que tristemente ha pasado de moda. ¿Quién perdona hoy? Las dos Españas protagonizaron matanzas vergonzosas y fusilaron a inocentes en la Guerra Civil. Eso es lo que debió decir (y dijo mal) Pablo Casado en el Congreso. También hubo héroes y grandes lecciones de dignidad, pero refregar lo más negativo es un error histórico. Recuerdo todo lo anterior por lo que está pasando en Cádiz, que también se contagia de esta agresividad años 30. Un ejemplo: los incidentes de la Policía Local en el Ayuntamiento.

DESDE el sábado 26 de junio las mascarillas no son obligatorias al aire libre. Esto lo anunció el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sin encomendarse a Dios ni al diablo. No lo compartían algunos presidentes de la cogobernanza, como Juanma Moreno, aunque fue el primero en abrir el ocio nocturno, unos días antes de que Andalucía pasara a ser la comunidad con más contagios de España, en su mayoría jóvenes menores de 30 años que no habían viajado a Mallorca. La supresión de mascarillas en las calles ha contado con el apoyo de Pedro Sánchez y el doctor Simón; por ello, las personas prudentes han decidido hacer lo contrario. Ya tenemos experiencia con el oleaje de la pandemia y sus surferos. Miles y miles de españoles siguen con sus mascarillas por las calles.

COINCIDIENDO con la cacicada surrealista del estadio, termino hoy esta trilogía de artículos sobre José María Pemán. La retirada de la lápida de Vassallo es un eslabón más de un odio feroz. La coalición de anticapitalistas y comunistas que gobierna en Cádiz no tolera las disidencias. Pemán nunca fue de izquierda, eso sí es verdad, sino un monárquico de derecha. Algunos franquistas lo consideraban un topo político en el régimen. Otros escritores que apoyaron a Franco alcanzaron después el perdón de la izquierda intolerante que pone y quita honores. Dionisio Ridruejo fue falangista acérrimo, soldado de la División Azul, y terminó como socialdemócrata y en la Plataforma Democrática con Felipe González. Camilo José Cela combatió en la guerra con las tropas de Franco, fue senador designado por el Rey en la Transición, y recibió el Premio Nobel en 1989 como el mejor exponente de la narrativa de la España democrática. Conversos del franquismo militan incluso en el PSOE.

TRAS publicarse el pasado viernes mi artículo sobre la retirada de la placa en la casa natal de Pemán, me enviaron muchos mensajes para felicitarme y apoyar que Cádiz no se trague este atropello. He visto más sensibilidad que en las ocasiones anteriores contra el injustificable odio a Pemán que practican Kichi y Martín Vila. El Ateneo, por medio de su presidente, José Almenara, ha pedido la reposición de la placa, y la Real Academia Hispano Americana ha elaborado también un comunicado de repulsa solicitando que se reponga. La Consejería de Cultura de la Junta, que asimismo lo ha criticado, debería obligar a que la lápida artística, obra de Juan Luis Vassallo, sea instalada de nuevo en la fachada de la casa natal.

OTRA vez han cumplido sus objetivos: mientras haya polémicas con asuntos como la retirada de la placa de José María Pemán en la calle Isabel la Católica, o la encuesta bananera del estadio Carranza, no se habla de los problemas verdaderos de Cádiz. Ni esa placa ni el nombre del estadio eran problemas gaditanos. Sólo son problemáticos para los rencorosos que quieren volver a escribir la historia, en vez de buscar un futuro mejor para la ciudad que gobiernan. Como han fracasado en la gestión y han demostrado su inutilidad práctica, con algo deben distraer a la gente. Es una pena que José María González y Martín Vila sigan enredados con sus fantasmas y momias del pasado, mientras hay problemas del presente que tratan de ocultar, como el de la Policía Local, por ejemplo.

En todo eso no hay novedad, y no merecería la pena dedicarle un artículo. Pero se añade un matiz grave: eliminar la lápida de José María Pemán en la calle Isabel la Católica es una barbaridad, no estamos sólo ante una aplicación extremista de la memoria histórica. En Cádiz han cometido tonterías como dedicar la avenida Juan Carlos I a la Sanidad Pública, en vez de a la Sanidad (a toda la Sanidad), porque los que trabajan en San Rafael y otros hospitales privados también colaboran; y los públicos de Andalucía están gestionados ahora por el PP y Ciudadanos. La Sanidad Pública viene de Franco, con el Seguro Obligatorio de Enfermedad de 1942, aunque no se aplique la memoria histórica para eliminarla, obviamente, porque sería un disparate. El discurso de lo público y lo social también se utilizó en el franquismo.

Volviendo a la lápida de Pemán: posee un valor histórico, porque recuerda el nacimiento de un personaje gaditano, que aparte de sus ideas (esencialmente monárquicas), tuvo repercusión cultural; pero además aportaba un valor artístico, que han pisoteado y que merece una protesta de las instituciones culturales gaditanas. Estamos refiriéndonos a una obra de Juan Luis Vassallo Parodi, el gran escultor gaditano, ganador del Concurso Nacional de Escultura en 1936 y uno de los mejores del siglo XX, autor de la Gades y la Virgen de los Dolores del Nazareno (a instancias de Pemán, de quien fue amigo). No es una plaquita más, sino de evidente interés artístico, y situada sobre piedra ostionera, en la fachada de la casa donde nació Pemán, que es un ejemplar excelente de la arquitectura civil gaditana, con permiso del Colegio de Arquitectos.

Retirar esa lápida demuestra el nivel cultural de quienes cometen la tropelía, pero también de los que callan por cobardía en la ciudad de Cádiz.

José Joaquín León