HA sido una dura prueba para el Estado de Derecho. Para empezar, el ambiente. Anunciaron el asunto para los interesados: a las 12 se hace pública la sentencia. Había mucha gente desde la noche anterior, colocaron vallas, una discreta vigilancia. En vez del caso Nóos, parecía una acampada para las entradas del Carnaval. Se podía conseguir la sentencia por Internet, pero aún así. Faltó alguna tragantá que otra, allí no había reventas. Tampoco convocaron a Cristina (Pedroche) para que animara el cotarro. Este país es así: un Estado de Derecho, que escribe con renglones torcidos; a veces tan retorcidos que se caen de espaldas.

ALGUNAS personas mal informadas piensan que el dinero de la Seguridad Social se fabrica solo. O que a Mariano Rajoy le han regalado una hucha llena de billetes de 500 euros, y él va dando las órdenes, y va diciendo: “Ahora a sacar”; o bien: “Ahora a meter”. Aunque la verdad es que ya no mete nada, pues no están los tiempos para eso. Y, al final, vemos lo que pasa, que la ministra Fátima Báñez dice: “No preocuparse ahí, que las pensiones están aseguradas”. Y la buena gente la cree, que es lo peor. En Cádiz este es un problema que inquieta. Dentro de pocos años, seis de cada siete gaditanos serán pensionistas, y el otro quizá también.

PRESENTO mis respetos, de entrada, a los gays, las lesbianas, los transexuales y demás que no son heterosexuales, o lo que sean. Lo que practica cada cual en la cama, en el coche, o en la playa es su problema, y no hay ningún motivo para discriminarlos socialmente. Otra cosa diferente es que tengamos todos los mismos gustos, pues cada cual disfrutará con los suyos. Aparte de eso, los semáforos anti homofobia que han instalado en San Fernando me parecen una bobada de Patricia Cavada, la alcaldesa. No contribuyen a nada útil. No promueven ningún tipo de tolerancia. Aunque son políticamente correctos con el lobby, y eso es lo único que le importará al Ayuntamiento.

PASA con la corrupción lo mismo que en la vida: a veces pagan justos por pecadores. Nadie que conozca al obispo emérito de Cádiz y Ceuta, Antonio Ceballos Atienza, puede imaginar que sea un individuo corrupto dedicado al tráfico de influencias. Por tanto, colocarlo en la picota pública, por un caso en el que ningún juez lo ha imputado ni lo ha investigado todavía, me parece una actitud no sólo injustísima, sino bochornosa. Afecta a la honorabilidad de una excelente persona que se ha caracterizado justamente por todo lo contrario: por entregar su vida al servicio de los demás, por implicarse en la atención a los pobres, por denunciar las muertes de la inmigración, por estar siempre junto a los más necesitados.

LA vida sigue igual, que nadie se preocupe. Hay que ver lo que han formado con el Congreso del PP y la Asamblea Ciudadana de Podemos. Tanta expectación para que sigan los mismos, y digan lo mismo, y todo sea igual, más o menos. La vieja política y la nueva política se parecen en que si tienes un cargo no es sencillo que lo sueltes. A Mariano Rajoy ya nadie le tose, porque el PP gobierna y España es lo único importante. Mientras que si alguien pensaba que Pablo Iglesias perdería es que no conoce nada de Podemos. Desde aquí nos interesaban también las claves gaditanas. El poder político local sale revalidado tras estos eventos.