LAS playas avanzan en la nueva anormalidad de los brotes controlados. La gente respeta, más o menos, las medidas requeridas. Y para otear el panorama están el vigilante y la vigilanta de la playa. Es la profesión más envidiada de Cádiz. Al principio se los tomaron a cachondeo, y todos esperábamos a ver si contrataban a la prima de Pamela Anderson o al cuñado de David Hasselhoff. Pero cuando se ha visto que son como la gente sencilla, ha pasado lo de siempre: envidia, cochina envidia. He leído varios reportajes sobre los vigilantes de las playas andaluzas, y es triste que sean tratados con poco cariño. No son agentes de la autoridad, no son queus como los que ponían multas por jugar a deportes de pelota, y lo peor de todo es que tampoco son voluntarios, sino que cobran a fin de mes, como los funcionarios.

SE ha confirmado que Cádiz no era una isla, ni dos, sino un archipiélago. Como las Canarias y las Baleares, aunque las Gadeiras no llegaban a tanto. Las excavaciones arqueológicas en la Cueva del Pájaro Azul, dirigidas por Juan Miguel Pajuelo y Francisco Javier Ramírez, han probado la existencia del Canal de Puerto Chico, que sería la tercera entrada al Canal Bahía-Caleta, según investigó el recordado Francisco Ponce Cordones. Un canal sobre cuya repercusión en Valcárcel debería decir algo la Universidad de Cádiz. Pero esa es una consecuencia colateral. Lo que han probado en la Cueva del Pájaro Azul (antaño tan vinculada al cante y algo más) es que el Gadir fenicio sigue dando juego y que perdimos una isla. Kotinoussa estaba fragmentada por un canal en Puerto Chico hasta que lo cegaron con un relleno. Además existieron Erytheia (en Gadir-Gadir) y Antípolis (la isleña Isla de León).

VAMOS a recuperar el debate intelectual sobre la gordofobia, que todavía sigue coleando. A juicio de algunos médicos con los que he hablado, las palabras del alcalde de Cádiz, José María González Santos, pueden inducir a errores. Personas que no tengan un recto criterio, o se dejen guiar en modo rebaño por el gurú del anticapitalismo gadita, podrían llegar a una conclusión ilusa y arriesgada. Podrían creer que la gordura es buena. Así como Adolfo Domínguez dijo que la arruga es bella, para justificar ciertas prendas que no necesitan un buen planchado, nuestro Kichi ha criticado la gordofobia, en una actitud que requiere más precisiones. Se podría parafrasear, siguiendo a Concepción Arenal, “odia la gordura y compadece al gordo”. Así no incurrimos en la gordofobia, pero tampoco se hace apología.

POR un lado nuestro alcalde Kichi, entre banderas diversas, organiza un Juanillo pandémico en el castillo de San Sebastián (a puerta cerrada, como es lógico en ese castillo), y con fuegos artificiales a control remoto. Algo más allá, en la desaforada playa de Santa María del Mar, mil jóvenes organizan un botellón con reminiscencias evocadoras de barbacoas ecologistas, para festejar la Noche de San Juan. De ese modo, se está abriendo una brecha generacional, que puede desembocar en la niñatofobia. O sea, en la fobia a los niñatos, a los que no les sale de la zona noble cumplir las normas, y no usan las mascarillas, y montan los botellones, y habían llorado cuando enfermaron sus abuelos. Quizá ya no tienen abuelos. O quizá es que pasan de todo, sean ninis o no.

EN este verano de 2020 no habrá Operación Paso del Estrecho. Eso es lo que dijo el ministro de Exteriores del Reino de Marruecos, Nasser Borita, en la Cámara de Representantes de su país. Es raro que ningún representante de Unidas Podemos saliera de inmediato para decir que este señor es un racista. Es lo que dijeron cuando el presidente de la Junta, Juanma Moreno, le pidió a Pedro Sánchez que tuvieran mucho cuidado con la Operación Paso del Estrecho, en la que tres millones y medio de marroquíes viajan de Europa a África, en su mayoría de Algeciras a Tánger. Pero lo que anunció el ministro marroquí hay que situarlo en su contexto. Para que no se forme un gran jaleo en Algeciras, ni se monte un escándalo internacional.