SEGÚN los resultados de las elecciones municipales, el nuevo gobierno de muchos ayuntamientos de la provincia se decidirá en las mesas de negociación. Todo el mundo supone el PP pactará con Ciudadanos allá donde puedan tener mayorías; y quizá con Vox en los pocos municipios donde consigan representación, ya que en la mayor parte de la provincia no presentan lista y los sondeos apuntan que van a la baja. En la izquierda, se dan por supuestos los pactos entre el PSOE y Unidas Podemos, o Adelante, o como se llamen, ya que son candidaturas como carnavalescas, que en unos municipios se disfrazan de una cosa y en otros no. Pero también hay  grupos independientes y andalucistas que seguirán en algunos ayuntamientos. A eso se añade, el pacto de Gobierno de Pedro Sánchez para la Moncloa, que puede ser decisivo en Cádiz.

EN la campaña municipal de Cádiz todos los candidatos juegan las cartas de las cercanías. Pero se nota que el PP con Juancho Ortiz y el PSOE con Fran González están volcándose en la campaña. Saben que tienen posibilidades de conseguir la Alcaldía. No juntos, ni revueltos, sino arañando votos a Kichi. ¿Es importante contar con un respaldo fuerte del partido? Pues parece que sí, que lo debe ser. La prueba es que el PP y el PSOE están apoyando muy claramente a sus candidatos, con bastante artillería política. Y que en Podemos han medido los tiempos para representar el próximo fin de semana la escena del sofá entre Pablo Iglesias y José María González, que iban cada uno por su lado.

LOS partidos se retrataron en el inicio de la campaña municipal en Cádiz. Así como el hijo pródigo termina volviendo a casa, los partidos regresan al lugar donde se sienten motivados. Intentan mostrar lo mejor de cada casa. A algunos se les ve el plumero, sobre todo a los más carnavalescos, como Kichi, que volvió a las puertas del Gran  Teatro Falla, con Ángela Aguilera y Antonio Maíllo (en representación de Adelante Andalucía e IU), para pegar un cartel. “A ver si entramos en la final y nos dan el premio otra vez”, es el mensaje subliminal que se percibe para el gallinero, mientras que en el patio butacas sueñan con un cajonazo.

EN la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba le han llovido los elogios. No sólo desde su partido, el PSOE, sino también desde sus rivales. Especialmente llamativo es el artículo de Mariano Rajoy, que empieza diciendo: “A nosotros lo que nos falta es un Rubalcaba”. Es lo que comentaban militantes del PP, en tiempos de dificultades. Es entrañable esa afirmación porque Rubalcaba compitió con Rajoy por la Presidencia del Gobierno en 2011, cuando el PP consiguió aquella mayoría absoluta que tanto han añorado después, con 186 escaños, y el PSOE de Rubalcaba se quedó con 110, perdiendo 59 escaños. Por cierto, Pedro Sánchez sólo consiguió el mes pasado 13 escaños más que Rubalcaba. Aquel resultado de 2011 fue su tumba política. Aunque el responsable de que el PSOE perdiera el poder no fue él, sino José Luis Rodríguez Zapatero, con el que había sido vicepresidente, y pagó los errores del otro.

COMIENZA otra campaña. Ahora, las elecciones municipales. Además de las europeas, que parece como si sólo interesaran a los que van a cobrar un buen sueldo. En las municipales, funciona el aspecto cotidiano. Los candidatos ya no son Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera o Santiago Abascal. Los candidatos son personas de nuestros entornos, probablemente conocidos por muchos de sus paisanos, sobre todo en los municipios pequeños. Hay que decirlo claramente: estas elecciones no son como las generales o las andaluzas. El margen para las sorpresas es muy superior. Cada municipio es un universo, diferente a los otros.