SIGUE el frenesí de cambalaches gaditanos que se traen entre manos la Junta, el Ayuntamiento y la Diputación. Entre ellos destaca el caso del solar de la antigua Institución Provincial en San Severiano. Imaginemos que somos bobos del todo, y supongamos que la Ciudad de la Justicia ya está funcionando en los antiguos depósitos de la Tabacalera en Loreto (no reírse ustedes), pues bien ¿en el solar de San Severiano qué ocurriría? En ese solar se había aprobado la construcción de la Ciudad de la Justicia y estuvieron aplazándolo durante más de una década. Hoy sigue tal como se encontraba a finales del siglo pasado. O sea, no hay nada.

LA buena gente no se da cuenta de las dificultades de ser político. Sobre todo no valoran el riesgo especial de ser consejero de la Junta de Andalucía. Un día planteas un proyecto, y la buena gente piensa que las obras avanzan solas, y que los ladrillos se van ajustando como por arte de magia potagia. Pues no. No es tan sencillo, ni tan rápido. Cuando prometieron la última promesa de Valcárcel, lo dije: “Si no lo veo, no lo creo”. Esto se aprende de Tomás, aquel discípulo de Cristo que quería meter los dedos en las llagas. Tomás no estudió en el Valcárcel antiguo, ni salió nunca de cargador en La Palma. Pero, si viviera ahora, sería raro que se matriculara en Valcárcel para Ciencias de la Educación. Tomás allí no metería los dedos en las llagas, sino en el ojo de alguien. Tampoco es seguro que pudiera dormir en ese hotel.

CON la muerte de Enrique Treviño, hemos perdido el último héroe de las Filipinas de aquellas radios gaditanas. Durante más de medio siglo fue la voz del Carnaval de Cádiz desde los micrófonos de Radio Juventud. Existió un Carnaval durante el franquismo; y fue el que retransmitió Enrique, que ponía su voz para que llegaran aquellas coplas, algunas censuradas y otras no hacía falta. Que no eran de unos pringaos, sino de autores como Paco Alba y Enrique Villegas, y de todo lo que vino después, con el niño Antoñito Martín, y con Pedro Romero, y con los Majara de El Puerto, y con  Joaquín Quiñones, y hasta con Martínez Ares, al que también retransmitió Enrique Treviño en ese medio siglo, como a las chirigotas de Fletilla y a los coros del Quini y a los cuartetos del Peña, y a muchos de los que envejecen y todavía se consideran nuevos carnavaleros.

ESTO lo dijo Albert Rivera, el domingo pasado, para explicar lo de Ciudadanos: “Los liberales de Cádiz han vuelto para gobernar España”. ¡Ole! Antes de reunirse en asamblea con los suyos, no se sabía lo que iba a ser Ciudadanos, porque unos querían definirse como “liberales y progresistas”, mientras que otros apostaban por ser “socialdemócratas”. Hoy en día, raros son los que en España no nos consideramos liberales, progresistas y socialdemócratas. Vale para cualquier Íñigo, lo mismo para Méndez de Vigo, que es el ministro más liberal, progresista y socialdemócrata del PP (e incluso acude a los Goya, a aguantar), como para Errejón, que es el líder más liberal, progresista y socialdemócrata de Podemos (e incluso acudirá a Vista Alegre, como el otro a los Goya).

PARECE que los abogados, los procuradores y demás familias que acuden a los Juzgados dispersos todavía no lo han entendido. Lo que van a construir en Cádiz, tras el pacto de la Junta y el Ayuntamiento, no es exactamente la Ciudad de la Justicia. Si acaso será el Pueblecito de la Justicia. No es lo mismo una ciudad que un pueblecito. Por ejemplo, se supone que las diputaciones se ocupan principalmente de los pueblecitos; sin embargo, en Cádiz, Irene García atiende también a la ciudad y echa cables. Puede que sea porque en el Ayuntamiento muchas veces se comportan como si estuvieran gobernando un pueblecito pequeño.