ES curiosa la repercusión de la llegada del Brexit a Gibraltar. En los telediarios y en los principales diarios nacionales, informaron y destacaron que no se había notado nada. Se fueron un sábado, un día que de por sí tiene sus peculiaridades de entradas y salidas, y se quedaron tan panchos cuando observaron que se podía pasar con el DNI. Entonces se ha llegado a la conclusión de que el Brexit no tiene tanta importancia, ni es tan grave. Algunos lo han comparado con el efecto 2000 en los ordenadores. Parecía que se iba a acabar el mundo, y la vida siguió igual.

HEMOS leído en la prensa, y hemos visto en los telediarios, y hemos oído en las radios, que en Wuhan, la capital china del coronavirus de la neumonía, están construyendo dos hospitales en sólo 10 días. La gente se ha maravillado. Pues en Cádiz, para el nuevo hospital de Puntales, han pasado más de 10 años, y todavía no han empezado. Puestos así, en China, un mercado gastronómico como el de la estación, lo podrían abrir en una sola noche; y una Ciudad de la Justicia, en una semana de peonadas. Pero el caso de los hospitales es interesante. Demuestra que la voluntad política es lo principal. Además de que los controles burocráticos de la Junta no son como los de China, donde funcionan en plan de vámonos que nos vamos.

EN el corto alcance del Gobierno que se ha coaligado, el mundo se divide en progresistas y fachas. O sea, en ellos & ellas y los demás. Están decididos a crear un nuevo país (que es lo que dicen todas las dictaduras, sean o no del proletariado), y a terminar con el sistema patriarcal, estableciendo no un sistema de igualdad de oportunidades (que sería lo más justo y razonable), sino un sistema matriarcal. En principio, no me parece mal; ni bien tampoco, sino que no me parece. Con las mujeres y los hombres sucede como con las personas en general, que no todas son buenas ni todos son malos. Lo mismo que pasa en el Consejo de Ministros y Ministras.

SE ha puesto de moda publicar previsiones para 2050. En otros tiempos, las adivinanzas para el futuro las hacían los profetas y los pitonisos. El más famoso era Nostradamus, sin contar a Rappel, que parecía más castizo. Siempre que elegían a un Papa nuevo, desde Pío XII en adelante, se decía que sería el último, y que el último sería muy raro (algunas fuentes decían que sería negro). Cuando eligieron al actual, el argentino Francisco, dijeron que ya teníamos el papa negro, porque era jesuita. Pero, de momento, no ha llegado el Apocalipsis, sobre el que escribió San Juan en la isla de Patmos, mucho antes de que se hablara del cambio climático y apareciera Greta Thunberg. Con esto quiero decir que el mundo se acabará algún día, seguro, aunque utilicemos coches eléctricos y circulemos por el carril de las bicicletas de Cortadura a la Caleta.

PARA entender lo que está ocurriendo en la Catedral Vieja, o parroquia del Sagrario y de la Santa Cruz, es preciso remontarse a algunos precedentes. No se trata de que las capillas de Sanidad y el Perdón se hayan inundado, y que éstas quieran que se lo repare la Junta de Andalucía. Se trata de que siendo Manuel Chaves presidente de la Junta alcanzaron un acuerdo con el Obispado, donde todavía estaba como prelado Antonio Ceballos, para que la Catedral Vieja acogiera una exposición de Andalucía Barroca, organizada por la Consejería de Cultura, a cambio de lo cual la Junta se comprometió a realizar unas obras de reparación y adaptación. Lo más llamativo se hizo en el Torreón del Sagrario, que desde entonces ha sido usado de vez en cuando como espacio expositivo.