EN junio de 2015, cuando los concejales de Podemos y Ganemos llegaron al gobierno municipal de Cádiz, no tenían ni idea de cómo se gestionaba. El Ayuntamiento no quedó colapsado gracias a los funcionarios, que siguieron haciendo más o menos lo mismo de antes. También ficharon como asesor personal del alcalde a José Vicente Barcia, como hombre de confianza del partido, para que le moviera los hilos a Kichi. Mantuvieron a algunos directores y jefes, se cargaron a otros, y huyeron los que pudieron. Con el tiempo, la oposición de  PP, PSOE (entonces los socialistas, con Fran González, hacían oposición) y Ciudadanos consiguió controlar dos ínsulas: Onda Cádiz TV y la Fundación de la Mujer. Pero todo eso va a cambiar.

LOS forasteros que veranean en agosto no entienden las singularidades de la idiosincrasia gaditana. Pónganse en el pellejo de un veraneante que llega a Cádiz por el nuevo puente (ese puente que no serviría para nada, según algunos cenizos) y se dirigen del tirón hacia el casco antiguo por la antigua carretera industrial. Tras pasar la glorieta y el edificio de los bomberos, hallarán un carril bici grande y nuevo, sin apenas bicicletas, y una acera muy estrecha por la que van paseantes y presuntos atletas. Al pasar junto a la tapia blanca de los astilleros de Cádiz, donde siguen trabajando criaturas, a pesar de los pesares, puede que les sorprenda una pintada escueta y enigmática, escrita apresuradamente en dicha tapia: Costal.

EL deporte municipal en Cádiz es desastroso. No hay instalaciones dignas de una capital de provincia, no se fomenta bien el deporte de base, y se están quedando al margen de la realidad de los gaditanos y las gaditanas. Sin embargo, el Instituto Municipal de Deportes ha saltado a la actualidad por una polémica que debía ser secundaria, relacionada con el contrato de limpieza, tras aprobarse el pliego de condiciones a pesar del informe contrario de la intervención municipal. El PP se opuso con Juancho Ortiz, mientras que el gobierno municipal de Adelante y el PSOE (que sin Fran ya le hace la ola a Kichi) lo han justificado, porque van a mejorar las condiciones de los trabajadores. Como si esa mejoría fuera suficiente para pasarse por el forro los criterios de un interventor. Cádiz no debería ser como Venezuela.

TODAVÍA hay políticos que actúan como si las obras públicas salieran gratis. Sobre todo en la oposición, porque cuando gobiernan y pagan se comportan al revés. Es lo que ha ocurrido en la autopista de peaje AP-4 entre Sevilla y Cádiz. Desde que ejercía Ana Pastor, del PP, como ministra de Fomento, ya anunciaron que el peaje terminaría en diciembre de 2019 y no sería prorrogado. Después, el ministro José Luis Ábalos, del PSOE, confirmó ese compromiso. Sin embargo, desde ayuntamientos como Los Palacios, han seguido pidiendo que se adelante el rescate, aunque faltan pocos meses. Olvidando que saldrá gratis, mientras que rescatarlo tendría un coste para todos los españoles, no sólo para los que pagan el peaje. Aunque ya se ha visto que gratis tampoco saldrá.

APARCAR en Cádiz durante el mes de agosto se va a convertir en una odisea. Ulises y Penélope se van a hartar de dar vueltas, excepto que aflojen el bolsillo y pasen por el cajero automático de Emasa, o de otras empresas que viven de ese negocio. La disminución de aparcamientos en Cádiz con las obras del carril bici tiene la culpa, según dicen los enemigos de la bicicleta y los conductores furibundos. Pero no se trata sólo de que Kichi y su fiel Martín Vila hayan eliminado aparcamientos a punta pala, y hayan creado zonas naranjas para cobrar a los vecinos indignados, sino la forma de hacerlo. Y el momento histórico. Ahora llega el mes de agosto, que es cuando Cádiz se parece a lo que debería ser Cádiz. Gana como 20.000 o 30.000 veraneantes que no están empadronados. Muchas de esas criaturas tienen coches y no saben qué hacer con ellos.