A medida que pasan los días, se van conociendo algunos aspectos de cómo será la vida cuando no haya confinamientos. Por ejemplo, parece seguro que podremos ir a la playa en verano. Si bien, como era de temer, con algunas restricciones. De modo que en Cádiz perderemos la tradicional estampa de la familia salerosa, que llega el domingo a las dos de la tarde a la playa y te clava la sombrilla justo a medio metro. A partir de ahí, te enteras de la vida y milagros de la amable familia en cuestión. A veces incluso de detalles colindantes con lo escabroso. Yo he conocido algunos pormenores raros, precisamente por ese motivo. Los hay que disfrutan con esos cotilleos. A partir de ahora, serán guardadas las distancias de seguridad.

CUANDO pase el tiempo, cuando la pandemia del coronavirus sea un mal recuerdo para las actuales generaciones, habrá que valorar con perspectiva lo que está ocurriendo. Es seguro que entonces la gente se horrorizará, todavía más, por las negligencias y torpezas cometidas. Entre ellas, una de las más intolerables es haber mandado al personal sanitario a luchar contra la pandemia en unas condiciones indignas, que recuerdan a los romanos cuando echaban cristianos a los leones. A ellos los han empujado al martirio del coronavirus. El caso de las mascarillas fake que entregaron a los médicos y enfermeros, y que ha producido contagios en los hospitales de Cádiz y Jerez, no se puede despachar como una equivocación, sino que deben depurar las responsabilidades.

LA rectificación del Gobierno para que los niños puedan salir a pasear ha provocado un cachondeo general. Es un ejemplo más de que el problema no es de izquierdas ni de derechas, sino de ser eficaces o inútiles, como Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Con el terrible problema añadido que ser inútiles cuesta vidas y ruina. En la rectificación de los niños, este Gobierno consiguió aglutinar en contra a todo el arco iris político: desde Vox a los Anticapitalistas. Incluso algunos socialistas horrorizados tuitearon en contra de la medida que anunció María Jesús Montero, cuyo papelón como portavoz está siendo inolvidable. Ya supera a Isabel Celáa, lo que parecía imposible.

UNO de los aspectos más turbios de esta crisis del coronavirus es el Mando Único. Si lo hubiera decretado Mariano Rajoy dirían que es un golpe de Estado. Pero como lo hacen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, no pasa nada, porque tienen bula, y colegas que les siguen el rollo autoritario. Personas que han leído libros, dicen que lo del Mando Único y el Ministerio de la Verdad les recuerda a 1984, de George Orwell, aunque no es lo mismo. De ese autor, a los que no lo hayan leído, les recomiendo Rebelión en la granja, de la que se habla menos, por motivos obvios. Y los que no hayan leído nada, no se crean que este Orwell era un facha, sino que fue anticolonialista, socialista y participó en la Guerra Civil española con los republicanos, de donde salió asqueado de los dos totalitarismos: el de los fascistas y el de los soviéticos.

LA crisis del coronavirus viene de una pandemia global, como se encarga de recordar Pedro Sánchez para encubrir sus torpezas en la gestión, pero tiene consecuencias locales diferentes, según los territorios. Ya se ha explicado para la desescalada del confinamiento, que no debería ser igual en Andalucía que en Madrid, ni afecta igual al medio rural que al urbano. Tampoco afecta igual a todas las ciudades, ni a todos los municipios, grandes o pequeños. Por ello, los ayuntamientos son parte del problema y de la solución. Hay que tener en cuenta las necesidades de cada lugar. Y ahí es donde se intuye un gravísimo peligro para Cádiz y para otros municipios de la provincia.