ESTA pandemia del coronavirus está originando consecuencias insospechadas y multitud de contradicciones. Vienen derivadas de la falta de credibilidad de quienes adoptan las medidas. Estoy de acuerdo en que debemos respetar sus decisiones, pero el problema es que no las respetan ellos mismos, y así es más difícil. La Moncloa se ha convertido en un foco de la pandemia. El presidente, Pedro Sánchez, y el vicepresidente, Pablo Iglesias, tienen a sus respectivas esposas enfermas, pero ellos se han saltado la cuarentena. Todos los ministros y ministras deberían permanecer confinados. Ninguno o ninguna deberían salir de casa. ¿Eso que ganaríamos? Eso es lo que harían con usted, conmigo o con cualquiera. Pero el Gobierno no cumple sus propias medidas.

NUESTRO paisano José González está pasándolas canutas con el equipo al que entrena, el Wuhan Zall. El coronavirus tuvo su origen en Wuhan, como se sabe. Pero el equipo de aquella ciudad ya se había escapado a tiempo, para preparar su concentración en Sotogrande (Cádiz). En China paralizan la competición en invierno, aunque no haya coronavirus, así que les vino de perlas. Cuando llegaron al aeropuerto de Málaga se mosquearon, porque los recibieron como si fueran apestados. Sin embargo, lo que ha ocurrido con José González y sus muchachos es sintomático: han pasado más miedo en España y han preferido regresar a China, donde la pandemia se está controlando y ya apenas detectan nuevos casos.

SU padre era obrero de Astilleros y su madre ama de casa, y él fue “el secretario de Pemán”. Y lo fue durante los últimos 25 años de vida de don José María. Antonio Llaves Villanueva era un gaditano dedicado a Cádiz; y por encima de todo un hombre bueno, un católico consecuente, que se preocupó por servir a los demás. Ha fallecido a los 87 años, aunque desde hace algún tiempo permanecía retirado de la vida pública, en su piso de la plaza de Candelaria. Apenas salía de casa para ir con su familia, en la sillita de ruedas, a la misa de una de los domingos en San Agustín. Tras superar varios ictus, su vida se iba apagando, como si fuera el último cirio de su Virgen de la Esperanza.

TOQUEMOS madera de paso de Cristo, pero sin llevarnos el dorado en el dedo. Toquemos madera, porque hasta ahora Cádiz es una de las provincias con menos casos en el reparto del coronavirus. Como aquí nunca toca nada, y en Madrid toca todo, en la capital es donde hay más casos, como si hubieran comprado las papeletas para el sorteo de los coronavirus en doña Manolita, o en doña Pepita, o en donde sea. ¿Por qué en Cádiz hay menos casos? Pudiera ser porque a Cádiz vienen menos extranjeros que a otras ciudades, a pesar de los cruceros. Chinos de Wuhan apenas han venido. Italianos de Lombardía tampoco llegan muchos.

EN Cádiz la gente es muy graciosa. Hasta en las grandes tragedias aparece el sentido del humor negro, sin duda por influencia del Carnaval. Véase lo que está ocurriendo con el coronavirus. Aquí apenas ha llegado. Aquí todo llega tarde, o no llega, en este caso gracias a Dios. Pero están hablando de unas medidas de emergencia, que suenan a guasa. Como el teletrabajo. ¿Se puede teletrabajar en Cádiz? ¿El alcalde Kichi teletrabaja en su pisito viñero, mientras Juancho Ortiz lo acusa de flojo? Sería mejor empezar por trabajar en condiciones normales. Entre el teletrabajo del coronavirus y los robots de astilleros no van a parar hasta que esté todo Cádiz al sol. Así que cuidado, no vayan a abarrotar la playa como el día de los duros antiguos y se contagien allí las criaturitas. Puede ser peor el remedio que la enfermedad.