EL 11 de julio de 2010, España ganó el Mundial de fútbol en Sudáfrica. Un gol de Iniesta, en la prórroga, le dio la victoria ante Holanda. Fue una noche memorable, como se suele decir, celebrada en todas las ciudades y pueblos de España. Como se celebraban entonces las cosas: sin mascarillas y sin distancias, totum revolutum, y algunos con copitas de más, y bañándose en las fuentes, en vez de ducharse en casa. Tiempos primitivos y peligrosos, cuando los virus no estaban debidamente identificados. Dicen algunos entendidos en la materia que, gracias a aquel acontecimiento histórico, aumentó la natalidad nueve meses después. Pero es una leyenda urbana, como otras. Fue una fiesta, eso sí, y cuando han pasado diez años, ¡hoy vuelve a ser 11 de julio! Y puede haber otra fiesta en Cádiz… O no, depende.

FUE utilizada por Francisco Franco Bahamonde, como otras cosas que tan bien manejan ellos. TVE fue fundada en 1956. Radio Nacional de España existía antes, desde 1937, y difundía los partes del régimen en la posguerra con los diarios hablados. La televisión y el Seat 600 blanquearon la imagen de la España del franquismo que se modernizaba. Se podría decir que, en la cultura del rebaño, la televisión funcionaba como la voz del pastor. Con la ventaja de tener una credibilidad adicional, ya que la gente lo asumía como dogma de fe. En 2020, con Rosa María Mateo en el aparato, TVE no es tan diferente. Sirve para apuntalar al régimen, para poner voz a los nuevos pastores del rebaño.

EL éxito o el fracaso de un delegado de la Zona Franca de Cádiz se mide muy sencillamente: ¿fue juzgado en los tribunales o no? Es un cargo político, de libre designación por parte del Gobierno de España. Es un delegado del Estado, y aquí el Estado se confunde con el Gobierno. A partir de ahí, los delegados han sido afines del PSOE o del PP, según quién mandara en la Moncloa. Y todos han sido políticos, aunque Manuel Rodríguez de Castro se las dio de artista o de no sé qué, y ejercía el cargo con una pompa y una circunstancia que después tuvo consecuencias. El caso es que no entiendo las críticas a Fran González. Aunque los anónimos forman parte de las costumbres gaditanas.

SI viviera Ernest Hemingway, es probable que hubiera escrito algo sobre el coronavirus. Ya lo sé, es difícil que viviera, porque se suicidó en 1961 y hoy estaría para cumplir 121 años. Pero vamos a imaginar esa licencia temporal. Le gustaba mucho España, país en el que vivió durante la Guerra Civil. Estuvo en todos los grandes jaleos, también en las dos guerras mundiales, incluido el desembarco de Normandía y la liberación de París. Todo eso le sirvió para escribir libros muy interesantes. Pero todos los años, en los días de las fiestas de San Fermín, se recuerda a Hemingway. Gracias a él, que no era facha, los Sanfermines han sido perdonados por los animalistas. Y no piden que Pamplona sea ciudad libre de animales. A Hemingway le apasionaba esa fiesta, que tanto le debe. Aunque este año los encierros son diferentes.

ESTUDIAR bien el coronavirus es importante para lo que pudiera pasar en la temporada de otoño-invierno. Algunas personas dicen: hay que ver los periodistas como tú, que escriben del coronavirus como si hubieran estudiado Medicina, en vez de escribir del caso Dina, o de lo que dice Pablo Iglesias sobre los periodistas que escriben del caso Dina. Eso es mejor dejarlo para la Asociación de la Prensa, que digan algo. Y, evidentemente, un médico sabe más de Medicina, pero del Covid 19, al principio, nadie tenía ni idea. En el Gobierno reaccionaron tarde, según dice Pedro Sánchez, a estas alturas, pero no insistiré por ahí. Escribo del saber, que no ocupa lugar. Por eso, he estudiado durante el confinamiento y la desescalada, y hablado con los que habían estudiado más, y mirado hacia China o Alemania, y ahora tampoco sabemos casi nada, pero sí un poco.