ESTE artículo se titula así en homenaje a Cormac McCarthy, uno de los mejores novelistas norteamericanos, al que se puede encuadrar en la generación de los genios perdidos para el Premio Nobel. Falleció recientemente, a los 89 años, cuatro días antes de que Bruno García fuera proclamado alcalde de Cádiz. Este McCarthy, que no guarda parentesco con el famoso hincha del Cádiz CF, publicó en 2005 una novela titulada No es país para viejos. Tuvo éxito, pero se hizo más famosa por la película que adaptaron en 2007 los hermanos Coen, con la que ganaron cuatro premios Oscar. La vida es así, a veces. A uno se le ocurren las ideas y otros se llevan los premios gordos por aprovecharlas.

A los pocos días de tomar posesión el nuevo alcalde de Cádiz, Bruno García, se ha solucionado el conflicto de los policías locales para volver a las playas. Algunos ya están diciendo que los policías son del PP (como medio Cádiz), pues es admirable que este asunto se haya resuelto tan pronto y, además, que sea tan barato. Según se ha publicado en el Diario, va a suponer un coste de 40.000 euros. Eso es una minucia para las arcas municipales, es menos de lo que cobraba un asesor de Kichi al año. Es decir, que lo hubiera resuelto fácilmente prescindiendo de alguno de sus cargos de confianza. O de otra partida de gastos, si no quería enviar al paro a uno de sus amistosos colaboradores.

LOS Juanillos no están considerados entre las fiestas mayores de Cádiz, por lo que no disfrutarán de una concejalía propia, como el Carnaval y la Semana Santa. Los Juanillos han sido los parientes pobres de las fiestas, con todos los gobiernos municipales, que los miran con malos ojos. Los Juanillos no atraen a turistas, ni llenan hoteles, porque no son como las Fallas de Valencia, ni como las Hogueras de Alicante. Los Juanilllos llenarán los bares y los parkings por la inercia, porque es viernes y hace calor, y ha llegado el verano. Los Juanillos están en la línea roja de la tolerancia, pues se organizan por entidades, pero luego están los que van por libres, y se propasan en las playas, y encienden fuegos donde está prohibido, y otros desmanes contrarios al buen ecologismo.

UNA vez que Bruno García ganó las elecciones municipales y ya es el nuevo alcalde de Cádiz, la gente impaciente le está pidiendo hechos y no palabras. Mientras Kichi ya está impartiendo clases en un instituto de Puerto Real, el alcalde se ha entrevistado con los portavoces del PSOE, Óscar Torres, y la Izquierda Gaditana, David de la Cruz. Parece que hay buen rollito. Mejor así. Y no debería ser sólo porque ahora hay que repartir las prebendas, también para la oposición, aunque no sean de la misma cuantía. Para el nuevo poder local, lo más destacable es que el alcalde Bruno ha nombrado su equipo de gobierno, con seis jefes de áreas. Se ha visto que su candidatura era un equipo multiusos. Estaba pensada para ganar y para perder.

NI revancha, ni olvido. Mañana terminarán oficialmente los ocho años de kichismo en Cádiz. Vuelve la Alcaldía a estar gobernada por el PP. Sin embargo, todo da a entender que Bruno García será un alcalde de diferente estilo al de Teófila Martínez. La alcaldesa que estuvo al frente de la ciudad desde 1995 a 2015 protagonizó una gestión decisiva en ese periodo histórico, y avalada por unas mayorías absolutas que parecían eternas. Nadie imaginaba, a priori, lo que podía pasar en 2015, cuando el PP de Teófila aún fue el partido más votado, pero no pasó de los 10 concejales. Y el pacto de las izquierdas (que fueron tres, los anticapis de Podemos, los de IU y el PSOE, aunque los socialistas no entraron a gobernar) llevó a la Alcaldía a un activista conocido como Kichi, que pasaría a ser el alcalde de capital de provincia más estrambótico de España.