EL Carnaval se escapó del coronavirus por los pelos de la bruja Piti. Si el doctor Simón llega a enterarse de que la pandemia ya existía dos semanas antes, aparte de no permitir las manifestaciones del 8-M, se hubieran cargado el Carnaval en la calle. Pero no vamos a especular con el pasado. Ahora el gran problema filosófico lo tenemos con el Carnaval de 2021. Las asociaciones de autores, comparsistas, los patronatos y demás entidades que velan por la idoneidad de esta singular fiesta, tienen un plan A, un plan B y algunos planes más, con el objetivo de que el Carnaval de 2021 se pueda celebrar. ¿Qué sería de Cádiz sin su Carnaval? Es inimaginable.

LOS gaditanos y las gaditanas son muy buenos, aunque algunos y algunas no lo parezcan, ni ellos ni ellas se lo crean. Y, además, oye, que a este alcalde Kichi se le consiente lo que no le hubieran tolerado a ningún alcalde o alcaldesa de los anteriores. En las playas de Cádiz City, como no hay autoridad, ni cogobernanza, ni nada de eso que decía Pedro Sánchez, el gaditano y la gaditana se autogobiernan por su cuenta y riesgo. Es admirable lo que está sucediendo en Victoria Beach, donde la última vez que se vio un policía local no sé si estábamos en los encuentros de la tercera fase. Desde principios de julio, nada. Más probabilidades hay de encontrar un tiburón a que te multen por pasear de Cortadura a la Caleta sin mascarilla.

HOY es 16 de julio y no saldrá la Virgen del Carmen a las calles de Cádiz. A las ocho de la tarde no se abrirán las puertas de su templo, no aparecerá la cruz de guía, no la seguirá el cortejo carmelitano. No la veremos a Ella, en su paso de palio, asomada a la Alameda, para recorrerla en triunfo y bendecir el mar de Cádiz. No podrá seguir hacia la plaza de Mina, que es uno de sus rincones preferidos, donde la esperaban los niños interrumpiendo sus juegos, expectantes junto a sus padres, bajo las luces de un atardecer que declina, las últimas ráfagas de sol que brillan en la corona del Niño. Tampoco seguir, cuando la noche avance, hasta regresar por Veedor y Bendición de Dios, donde la aguardaría el Mentidero para recordarle que es su Reina coronada, y que siempre lo será en el Carmelo de sus corazones.

ADEMÁS de inútiles, equivocados y mentirosos, ha resultado que son anticadistas. A esos gachós no les falta un detalle. El doctor Fernando Simón y el ministro Salvador Illa han criticado las celebraciones del ascenso del Cádiz. Hasta ahí normal, porque no sólo han sido criticables, sino motivo suficiente para destituir al subdelegado del Gobierno, José Pacheco, por no montar un plan de prevención eficaz para evitar una concentración tan previsible. Pero se les ha visto el plumero en las palabritas. El ministro Illa dijo: “No me ha gustado nada la celebración del Cádiz”. Y lo de don Simón fue peor, porque dijo: “Si el Zaragoza asciende lo celebraré de otra manera. No me voy a juntar con maños”. Se le ha notado la envidia, como a algunos comentaristas de Vamos y Gol Televisión. Es que esos detalles se notan, tíos. Es mejor ponerse la camiseta de tu equipo.

EL ascenso del Cádiz a Primera no debería servir de tapadera para minimizar el incendio del pasado sábado en Santa Bárbara. Es un suceso muy grave, cuya responsabilidad directa es de los autores, sea o no fortuito; pero la indirecta es del Ayuntamiento de Cádiz, y de su alcalde Kichi. Este asunto tiene muchos aspectos a debatir. Para empezar ha quedado destruido parcialmente un mirador que forma parte del patrimonio de la ciudad. Fue una de las obras más polémicas de Teófila Martínez. ¿Se pudo construir algo mejor? La respuesta es sí. A casi nadie le gusta. Pero en ningún caso justificaría que imiten a Nerón en Roma. Tras el incendio, hay que reconstruirlo o hacer algo diferente. ¿Y qué pasará? Quemado no se puede quedar.