EN Cádiz hay fenómenos episódicos. ¿Se acuerdan de los asustaviejas? Hubo un tiempo en que todo el casco antiguo gaditano estaba plagado de unos fulanos que presuntamente se dedicaban a amenazar a las ancianas que pagaban rentas congeladas y simbólicas en sus casas destartaladas y ruinosas. Se trataba de expulsar a las viejas para derribar el edificio y construir pisos de lujo, o vender o alquilar esas mismas viviendas tras rehabilitarlas, preferentemente a cargo de la Junta de Andalucía de Manuel Chaves y del Ayuntamiento de Teófila Martínez. Era la temida especulación del suelo, que tenía como brazo ejecutor a los asustaviejas. ¡Lo que hubiera disfrutado Martín Vila como concejal en esos tiempos! Entonces apenas había pisos turísticos en Cádiz. ¿Para qué? Si los únicos turistas venían en cruceros.

SIGO con las calles de Cádiz y sus nombres, uno de los asuntos que más apasionan a los gaditanos. Desde la semana pasada hay una calle nueva junto a la playa Victoria. Es la que conectará Muñoz Arenillas con el Paseo Marítimo. Llamarla calle es mucho decir, pues calle, lo que se dice calle, no es todavía, ya que por allí no se puede pasar, está llena de escombros, todo se andará. Se trata de un hueco que han abierto en lo que era el edificio del Tiempo Libre, donde están construyendo el nuevo establecimiento de la empresa Q hoteles, con inauguración prevista para 2022. La nueva calle será colindante con el hotel, con el edificio Reina Victoria, con el parking subterráneo Nino allí existente, y con el futuro aparcamiento del hotel. La calle será prima hermana de Brasil, con el mismo sentido, por lo que tiene garantizados los ventarrones de poniente.

LA buena gente está que se sube por las paredes con la comisión bananera para el nombre del estadio. Los nombres más votados eran Carranza y Ramón de Carranza, pero los colegas de Kichi decidieron cambiar las normas sobre la marcha, y eliminar todos los nombres propios, para que el estadio se llame Tacita de Plata o algo pamplinoso. Es una vergüenza para Cádiz, pero es preferible tomárselo de cachondeo, y que la señora Mara lo tenga en cuenta a la hora de sus votaciones y también para las mociones de censura. Sin embargo, lo peor no es eso, sino que parece que está en marcha la venganza del Carranza, y esto puede ser tremendo. De miedo. Habemus gafe. Y de los gordos.

HOY vuelve a jugar el Cádiz un partido en Primera División. En el estadio Carranza, sin público, por el coronavirus. Con una plantilla que no es la definitiva, ni parece a la altura de las circunstancias. En este verano hubo elogios a los artífices del ascenso. A los jugadores que marcan y evitan los goles, al entrenador Álvaro Cervera que decide las alineaciones y las estrategias, a los aficionados que animaron y se resignaron a las puertas cerradas del coronavirus… ¿Y al presidente? No se olviden ustedes del presidente. ¿Y a los directivos? No se olviden ustedes de los directivos. Alguno bueno harían. Se recuerda, porque algunos han sido demasiado rácanos para reconocer los méritos a Manuel Vizcaíno Fernández.

EN Cádiz, además de la batalla de coplas, tenemos la batalla de nombres. Pero no debemos confundir los nombres oficiales, que ponen los ayuntamientos u otras instituciones, con los nombres propios populares, adaptados por el pueblo. Por eso, cambiar el nombre al estadio, al teatro de verano, a una avenida, a una plaza, o a una calle tiene consecuencias burocráticas, pero después la gente no lo va a llamar como se le ocurra a Kichi o a Martín Vila, sino por el que será su nombre propio y auténtico. A la avenida de la Sanidad Pública nadie la llamará así, ni tampoco de Juan Carlos I, sino la avenida del Soterramiento, que es como se la conoce.