HAN desaparecido las fronteras locales. Todavía existen los términos municipales, pero la realidad fluye a su manera. Por eso, es curioso que el puerto de Cádiz aspire a tener una terminal ferroviaria de mercancías en Jerez (concretamente en la carretera de la antigua azucarera de Guadalcacín). Esa posibilidad, que ya había esbozado José Luis Blanco, presidente de la Autoridad Portuaria, está planteada y pendiente de que Adif resuelva la licitación. Y lo uno nos lleva a lo otro: si el puerto de la Bahía de Cádiz puede tener una terminal de mercancías en Jerez, también sería razonable que el aeropuerto se denomine Jerez-Bahía de Cádiz. De ese modo, el puerto y el aeropuerto serían de Cádiz y de Jerez; o de Jerez y de Cádiz.

A  la Edusi ya se le atribuye un milagro en Cádiz. Por supuesto, es un milagro ateo, no vaya a ser que Martín Vila la retire de la memoria. Con un milagro, si lo admite el Vaticano, es verdad que la podrían hacer beata; y eso que tendría adelantado la Edusi para que le quiten su nombre a un colegio mayor de la Universidad de Cádiz, si se lo dedican algún día. El milagro de la Edusi guarda alguna relación esotérica con la multiplicación de los panes y los peces; y así, en los antiguos depósitos de la Tabacalera, la Edusi ha conseguido que se construya un complejo, donde va a caber todo: un centro cultural, un centro de empresas, un centro de formación, un centro de turismo, un centro de energías renovables… Es como otro palacio de congresos y una extensión de la Zona Franca, pero en Loreto, dedicado al ocio y al negocio.

A partir de lo ocurrido en el denominado Carnaval de Verano, se ha entablado una polémica peligrosa en Cádiz. Los cubos de agua y las amenazas a una agrupación callejera y a la murga uruguaya ‘La clave’ fueron sucesos aislados. Pero han creado un precedente curioso, que afecta a dos cuestiones de la convivencia en Cádiz (y en otras ciudades). Para empezar, las calles no son sólo de los vecinos, sino que son de todos, y el derecho de los vecinos al descanso se debe aplicar con sentido común y asumir ciertas excepciones en las fiestas. Por otra parte, en ningún caso son tolerables insultos, amenazas o actitudes agresivas.

TENER un lunes del Piojito en agosto parecía imposible, hasta que se aprobó la ordenanza municipal que lo permitía a final de 2016. Desde el siglo pasado, en Cádiz se ha criticado al mercadillo del Piojito, a más no poder. Desde el siglo pasado, los partidos que han gobernado el Ayuntamiento (PSOE, PP y Unidos Podemos) los han tolerado, aunque a regañadientes, pues se insinuaba que es un perjuicio para el comercio gaditano. Desde el siglo pasado, los cambiaban de ubicación, mientras se le decía El Piojito, que es donde estuvo al principio, en pleno barrio de Santa María, junto a la plaza de la Merced. Pero nadie lo nombra por otros lugares donde se ubicó, como los alrededores del estadio Carranza; o el actual, en el Paseo de la Paz.

EL Cádiz veneciano ha terminado. Al menos para los próximos 15 años. No habrá inundaciones desde la calle Corneta Soto Guerrero hasta Santo Domingo, incluido también El Pópulo. Esas estampas costumbristas de las calles San Francisco, Cristóbal Colón y Nueva inundadas (a las que sólo les faltaban los gondoleros) pasarán a la historia. Eso, al menos, es lo que se deduce de las declaraciones del gerente de Aguas de Cádiz, Jesús Oliden, en el reportaje publicado el domingo pasado en el Diario. Ahí se la han jugado con el pronóstico, pues si se inunda la calle Nueva, van a quedar fatal, aunque las aguas de Cádiz no le lleguen a los pies a Moret, en su estatua.