LAS elecciones municipales de 2019 se disputarán en Cádiz a cuatro bandas. El equipo de gobierno de Podemos y Unidos irá junto, en torno a Kichi/González. El PP ya sabe que Juancho Ortiz tiene la muy difícil misión de recuperar la Alcaldía mientras se renuevan. Ciudadanos se debe aclarar entre ellos mismos, más aún después de apoyar el presupuesto municipal y de que Juanma Pérez Dorao haya insinuado que ya veremos lo suyo. Y nos queda el PSOE, que compite sin Teófila por medio y con Pedro Sánchez en la Moncloa. Puede tener las llaves del Ayuntamiento, o perderlas para muchos años. Fran  asume su segunda oportunidad.

A veces pienso que en Cádiz no hay paladar artístico en las cuestiones religiosas, o sólo lo tiene una minoría. Esa sensibilidad se ha perdido o se ha vulgarizado, de manera que se equipara lo extraordinario con lo mediocre. Dicho sea, sin minimizar el afecto devocional de las imágenes. Eso a lo que me refiero se verá, por ejemplo, en el Vía Crucis Magno del 7 de julio, cuando saldrán imágenes de Cádiz excepcionales, como el Cristo de la Buena Muerte, Humildad y Paciencia, Columna o Dolores (a la altura de las mejores de España), junto a otras que no resisten una comparación artística. Pero no voy por ahí, sino por algo extraordinario que dentro de un mes se podrá ver: el Cristo de la Buena Muerte en Santo Domingo.

HOY comienza el Mundial para España, auque sin Lopetegui. La vida ha cambiado en el último medio siglo, pero hay algo que permanece inmutable: el televisor del Mundial. Es posible que los mundiales de fútbol se disputen para vender televisores. La cosa empezó con Matías Prats padre, mucho antes de que en Sudáfrica 2010 pasara Iniesta a la historia por marcar el gol de nuestras vidas.  Matías hizo la transición desde la radio a la televisión para narrar los mundiales. Sin embargo, a pesar de todos los inventos modernos de este último medio siglo, a pesar de Internet y lo digital, un Mundial no es un Mundial si no se ve en un televisor, aunque los Q Led de ahora no son como los de antes en blanco y negro. Por eso, venden los de última generación cada cuatro años.

CON razón se tiene a San Antonio por uno de los santos más milagrosos. En Lisboa, las muchachas casaderas le pedían novio, conociéndose milagros casi increíbles. Recordarlo hoy parece machista, pero yo no tengo la culpa de que las muchachas de Lisboa le pidieran un novio a San Antonio. Cosas más raras le habrán pedido, aunque los ateos no crean en los milagros. Cuando llega su día, puede pasar cualquier cosa. Hace tres años pasó que un tal Kichi se convirtió en alcalde de Cádiz. Ayer celebró su tercer cumpleaños, con otro escrito. Y ayer, en el día de San Antonio, ocurrieron fenómenos portentosos: echaron al seleccionador Lopetegui en las vísperas de empezar el Mundial; y dimitió Màxim Huerta, que apenas ha durado una semana como ministro de Cultura.

ES una vergüenza para Europa lo que ha pasado con el barco Aquarius, que se quedó en alta mar con 629 criaturas porque no lo querían recibir en Italia ni en Malta. Ahí apareció Pedro Sánchez, que ofreció el puerto de Valencia para que entren. Es reconfortante su gesto solidario. Aunque en Italia hablan de “victoria”, como si le hubieran marcado un gol a España. Y puede que sí. Por ser buenos, podemos acabar siendo los que paguen la película de las mafias de la inmigración, que trafican entre Libia e Italia, y pueden desviar las rutas a España para unirse así a las otras mafias que trabajan desde Marruecos. Migrantes como los que han desviado a Valencia llegan a las costas de Cádiz todos los días. Ya ni siquiera es noticia.