COMIENZA el año nuevo como terminó el viejo: seguimos de fiesta. En la ciudad de Cádiz había un calendario de fiestas delimitado: el Carnaval en los días previos a la Cuaresma y el concurso en sus vísperas, la Cuaresma que empezaba el Miércoles de Ceniza (o, en la realidad, el Domingo de Piñata) y terminaba con la Semana Santa. Para seguir el tiempo pascual, con sus procesiones para impedidos, que culminaban con el Corpus, que era la fiesta grande. Después los Juanillos en las casas de vecinos; y en verano la procesión del Carmen y la Velada de los Ángeles. Para continuar en el otoño con la Patrona, la Virgen del Rosario, y las fiestas de los Tosantos. Y el invierno con las Pascuas de Navidad, la Nochevieja y los Reyes Magos. Todo se celebraba en su justo momento.

TERMINA el año como empezó: con la ciudad de Cádiz perdiendo habitantes. Todos los años se pierde un montoncito de vecinos, y nadie sabe cómo ha sido. Y todos los alcaldes dicen que lo van a arreglar (y Bruno también lo está intentando), y eso es como remar contra corriente. Los pisos que salen a la venta en Cádiz están entre los más caros de España, imposibles para muchas familias, pero se venden y hay colas para las nuevas promociones, aunque todavía quedan casas vacías y en ruina. Gente vemos por todas partes en la ciudad. Por ejemplo, en la tarde del lunes pasado, día 29 de diciembre, estaban llenos todos los aparcamientos de pago en el casco antiguo de Cádiz. Y venga a entrar y salir coches por los puentes. Con lo cual se nota que Cádiz sigue perdiendo habitantes porque se ha convertido en una ciudad de transeúntes.

UNA leyenda negra (o blanca), extendida desde hace tiempo, considera que la provincia de Cádiz en invierno es aburrida. Es temporada baja para el turismo, que concentra sus mayores expectativas en verano, la Semana Santa y el Carnaval. Por el contrario, en los meses de diciembre y enero, que es cuando más aprieta el frío, no existirían suficientes alicientes para ser competitivos con otros destinos. La provincia de Cádiz es como es. En los últimos años, se está haciendo un notable esfuerzo. Esa leyenda del aburrimiento en invierno se debería matizar. Es verdad que en estos días llegan menos extranjeros, pero se mantiene un turismo de proximidad.

LA Esperanza es sentir la llamada de un ángel y escuchar un mensaje que no entiendes, pero lo crees, y lo guardas en el corazón. La Esperanza es imaginar un milagro dentro de ti misma y confiar en que se cumpla. La Esperanza es recorrer Belén, un pueblo que no es el tuyo, para realizar un trámite burocrático, y buscar posada como una peregrina que se ha quedado perdida en medio del invierno. La Esperanza es que nadie te aloje y refugiarte con el hombre que te acompaña en un portal vacío, como una mujer sin techo en el frío de una madrugada improvisada. La Esperanza es dar a luz sin nadie que te ayude, mirando al cielo para pedir misericordia, pues ese Hijo va a ser tan tuyo como suyo.

LA Vuelta ciclista a España de 2026 volverá a la provincia de Cádiz y tendrá una etapa importante entre El Puerto de Santa María y Jerez. Importante porque puede ser decisiva. Se disputará el 10 de septiembre y será la etapa 18, a sólo tres del final. La etapa tendrá 32 kilómetros. Aunque entre El Puerto y Jerez, dependiendo de la zona, suele haber entre 12 y 20 kilómetros de distancia, por lo que no irán por el camino más corto. La Vuelta de 2026 ofrece singularidades, la mayor de la cual es que el boicot de este año al equipo patrocinado por Israel no les ha salido gratis. Pues no pasará por el País Vasco y los territorios donde montaron las mayores broncas. Y lo más llamativo: no terminará en Madrid, donde se cargaron la última etapa y el alcalde Almeida no ha pagado los 350.000 euros del patrocinio.