UNA de las principales incógnitas de la nueva Junta de Andalucía, tras la entrada del PP y Ciudadanos, es ver si cambian la actitud con el patrimonio artístico de Sevilla. Al menos, la consejera Patricia del Pozo (PP) ha sido nombrada para Cultura y Patrimonio. Durante los 36 años de gobiernos socialistas la atención al patrimonio ha ido menguando hasta caer en la desidia. Como muestra, un botón. La Junta mantiene abandonado un Bien de Interés Cultural desde hace 20 años. Me refiero a la antigua iglesia del Hospital de San Lázaro, que pertenece al SAS. La Diputación se lo cedió a la Junta, que ha incumplido las obligaciones exigibles a la propiedad de un BIC. Se encuentra en estado ruinoso y bochornoso, convertido en almacén. Adepa ha denunciando la situación. Los vecinos hablaron de la maldición del Norte.

LOS forasteros que lean los periódicos en Sevilla no entenderán nada. Si acudieron el año pasado a algún congreso turístico, o si vienen para los premios Goya de este año, van a encontrar las mismas informaciones y los mismos artículos sobre el Metro. Sin embargo, como ya se ha comentado, algo ha cambiado. Hace un año los del PSOE culpaban al Gobierno central del PP por no construir las nuevas líneas, mientras que los del PP decían que el parón estaba causado por la Junta del PSOE. Ahora sucede lo contrario, porque el PSOE entró en el Gobierno central y el PP en la Junta, con Ciudadanos. Pero el problema es el mismo.

AL cumplirse los 10 años del asesinato de Marta del Castillo han vuelto a ponerse los focos mediáticos sobre un caso que sigue provocando una oleada de indignación popular. Se diga lo que se diga, ha sido un fracaso para la Policía y para la Justicia. Es cierto que Miguel Carcaño se confesó autor del crimen, que está pagando sus culpas en prisión (tras ser condenado a 21 años), y que no se le ha permitido beneficiarse de ventajas penitenciarias. Es cierto que los sospechosos fueron enjuiciados y que algunos quedaron absueltos por falta de pruebas. Sin embargo, aún se ignora dónde está el cadáver de Marta. No ha sido hallado, ni se sabe dónde puede estar.

DECÍAMOS ayer que la Junta, en esta nueva etapa, debería reconocer con el nombramiento de Hijo Predilecto de Andalucía a Antonio Burgos, que se lo merece desde hace muchos años. Y nadie lo podría ver como un favor, porque él siempre ha sido independiente y ha repartido para todos, a izquierda y derecha. Pero no es el único caso de marginación. En el listado de medallas e hijos predilectos aparecen muchas personas que se lo merecían, pero también un montón de colegas y amigotes, casi todos de la misma cuerda. En el mundo del arte y la cultura han sido sectarios. Por ejemplo, no han concedido la Medalla de Andalucía a Luis Álvarez Duarte ni a ningún imaginero andaluz, mientras reconocían a artistas de inferior valía y méritos.

EXISTE un clamor popular y ciudadano para que el cambio se note. También para darle otro aire a las medallas y distinciones del 28-F. Si Andalucía celebra en ese día su autonomía, que fue la reconquista democrática de la libertad, se debe notar, pero de verdad. Empezando por incluir a los que fueron castigados con un vergonzoso y partidista olvido. Por eso, varios compañeros periodistas, a los que me adhiero, están pidiendo estos días la Medalla de Andalucía para Antonio Burgos. Pero seamos justos. La Junta no debe concederle una medalla, sino nombrarlo Hijo Predilecto de Andalucía, su máxima distinción. Igual que lo nombraron Adoptivo en Cádiz, en tiempos de Teófila. Se lo merece desde hace muchos años. Y no sólo porque sea un gran periodista, un maestro de generaciones de articulistas, sino por su importancia para forjar la conciencia de Andalucía.