A la vuelta de las vacaciones, los sevillanos del éxodo no se encontrarán la ciudad exactamente igual, sino con más macetones. Es el símbolo de los tiempos. Apenas unos días después de los ataques terroristas yihadistas de Cataluña, ya estaba blindada Sevilla en sus zonas turísticas. Al menos, eso es lo que dicen, después de instalar un buen surtido de maceteros, que aquí son más conocidos como macetones, debido a su tamaño. Frente a los bolardos que Ada Colau se ahorró en Las Ramblas, los macetones que Juan Espadas ha dispuesto por la zona de los guiris. El blindaje ha comenzado. Intuyendo el futuro de la primavera, la Sevilla capillita tiembla.

HA cambiado la mentalidad. No hay que ser xenófobos con los turistas, pero tampoco se les puede regalar la ciudad. Ese es el mal de fondo, más allá de que se imponga la tasa turística en Sevilla (copiando el modelo de Barcelona), como pretende Juan Espadas. Ya cuenta el alcalde con la dispensa de Susana Díaz, que hasta ahora defendía lo contrario en la Junta de Andalucía. A esa situación casi de emergencia contribuye que poco a poco, sin disimular, siguen dando pasos para que todo el centro histórico de Sevilla sea destinado en exclusiva a fines turísticos.

CASI todo evoluciona hacia lo contrario de lo que era. La ley del péndulo. Hemos pasado de los Silencios de Sevilla a los Ruidos de Sevilla. Ahí está el declive estético y ético de la ciudad de la gracia. Si hoy viviera José María Izquierdo escribiría un libro titulado Divagando por la ciudad de la desgracia. En una investigación redonda y espectacular se ha llegado a la conclusión verosímil de que un ruido produce una avalancha, y que la onda se puede expandir hasta 62 calles. Probablemente, todo eso sucedió porque la gente se había acostumbrado a los Silencios de Sevilla. De manera que cuando llegaron los Ruidos de Sevilla corrían para huir.

LAS obras de verano en Sevilla son previsibles. Un clásico. Por lo común, se han dejado para el mes de agosto, que era más puro y más duro. Pero desde que el calor se adelanta, y ya existe una playa artificial, se condena a los obreros y a los ciudadanos a soportar la desgracia desde el mes de julio. Este año el premio a las obras más molestas se debería conceder al asfaltado del Paseo de Colón.  Desde que se les ocurrió la curiosa idea de empezar a las horas del atardecer de la primera quincena de julio (que no es como los domingos de agosto), y dejar un solo carril en cada sentido, han fomentado los atascos. El evento comienza a las 20 horas y se prolonga hasta las siete de la mañana del día siguiente. Así durante dos semanas. Cuando algo semejante se practicaba en los tiempos de Monteseirín y de Zoido, se decía que les podría costar la Alcaldía. Ahora se sabe lo que costará: 386.000 euros. Todo es transparente.

DESPUÉS de las enseñanzas prácticas que hemos acumulado durante cinco ediciones, esparcidas a lo largo de 17 años del siglo XXI, en Sevilla se podría cursar un máster en Carreritas. O crear el posgrado de Tumultos de la Madrugada. O elaborar una tesis doctoral sobre Fundamentos de las Carreritas Comparadas. Estas cosas suceden por causas aleatorias. Mayormente, por una peleíta de gamberros. En realidad, ese sería el detonante. El ruido es lo que provoca el espanto. Los sevillanos y las sevillanas oyen un ruido raro, a partir de las cuatro de la Madrugada del Viernes Santo, y se ponen a correr como si estuvieran en la Nocturna del Guadalquivir.