ES otro ejemplo del catetismo que nos invade cuando se habla de los aeropuertos y el turismo. Hubo un tiempo en que les dio la ventolera por los chinos. Fue cuando Juan Espadas envió un mensaje que se proyectó en la pequinesa plaza de Tiananmen, y cuando Antonio Muñoz se desvivía con los chinos, a los que ofrecieron varios edificios históricos de esos que están abandonados en Sevilla y no saben qué hacer con ellos. También se habló de una supuesta conexión aérea directa con China desde el aeropuerto de San Pablo. Pero ahora la moda se deriva a los EEUU, a pesar de que ya no lo preside Barack Obama, sino Donald Trump, ese monstruo. El turismo norteamericano es el campeón del lujo en Sevilla. Varios de los nuevos hoteles de cinco y cuatro estrellas están auspiciados por empresas de capital yanqui. Nada mejor que conseguir la conexión con Nueva York.

LA evolución de la Avenida de la Constitución es obvia: estamos en el tiempo de los hoteles. A pesar de la competencia de las viviendas turísticas, no paran. Los inversores que compraron los principales edificios han negociado con cadenas hoteleras. Así el antiguo Banco de Andalucía, una vez que culminen las obras en curso, acogerá un hotel Autograph de la cadena AC by Marriot. Mientras que el edificio del antiguo Banco Urquijo, que fue adquirido por la familia García Baquero como inversión, acogerá otro hotel de Soho Boutique. La firma francesa FNAC tenía una flagship allí desde mayo de 2007, pero se mudó a un córner del centro comercial Torre Sevilla, de más modestas pretensiones.

ES habitual que se preste mucha atención a las imputaciones de políticos y que sus absoluciones sean minimizadas o ninguneadas. La imputación se maneja como una condena por anticipado. Pero cuando el político queda libre de responsabilidades parece que se acepta como un “¡Ah, bueno!”; o incluso dejan caer que ha sido listo y se ha escapado. En el caso de Juan Carlos Cabrera y su supuesta connivencia con la mafia del taxi, el desenlace final ha pasado sin pena ni gloria. Desde el principio, se daba por supuesto que así ocurriría. Incluso el PP fue muy prudente, con un comportamiento ejemplar de Beltrán Pérez. Por el contrario, desde cierta izquierda socialista y desde cierta ultraizquierda hubo intentos de apear a Cabrera, como si fuera un árbol chungo del Parque de María Luisa. Hasta hubo quien pidió que no lo incluyeran en la lista del PSOE por estar imputado. No llegaron a nada porque el alcalde Espadas dio la cara y lo zanjó de raíz. 

NUESTRO alcalde, Juan Espadas, es un gran defensor de los tranvías. Incluso lo quiere ampliar hasta Santa Justa, a pesar de que no haría falta si ejecutan las tres líneas del Metro. Y considerando que desde la estación de San Bernardo a la de Santa Justa se puede ir en tren de Cercanías, sin contar los autobuses. Un tranvía que pare en el Nervión Plaza también es redundante, porque cercana está una de las pocas estaciones de Metro actualmente existentes en la línea única. El recorrido de ese tranvía atravesaría una de las zonas mejor comunicadas (o menos mal comunicadas) de Sevilla. Mientras hay otras que dan pena.

EL caso de la listeriosis es escandaloso, por el despiste de los responsables del control de alimentos, pero sobre todo por el origen del mal. Quizás pecaron de exceso de confianza. Nadie imaginaba que la falta de higiene y las malas prácticas presuntamente cometidas por una empresa sevillana, Magrudis, pudiera llegar a esos extremos. Las consecuencias para la salud pública han sido graves, con muertes y abortos. Una consecuencia indirecta, como comentó Carlos Colón, es que ha servido para poner los abortos en otra consideración. Algunos medios progresistas llamaron bebés a las criaturas nonatas perdidas. Pero, tras los errores iniciales, que fueron mayúsculos, la rectificación ha sido acertada. En ello ha influido que nombraran portavoz de la crisis de la listeriosis a un médico experto, el doctor José Miguel Cisneros.